Trump contra los medios

Por Ricardo Angoso, 26 Febrero 2017 22:23

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TRUMP CONTRA LOS MEDIOS, UN JUEGO PELIGROSO

por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

rangoso@iniciativaradical.org

En un alocado viaje hacia un hacia ninguna parte, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha arremetido contra los medios de comunicación pero también contra los periodistas. Desde el primer día en que se instaló en su despacho de la Casa Blanca, Trump arremetió contra los que considera “los seres más deshonestos del mundo”, por supuestamente haber mentido en cuanto a la gente que participó en su toma de posesión, y después siguió atacando sin piedad a aquellos que le ofrecían una visión diferente acerca del alcance de su actual administración. Trump asegura que la sociedad norteamericana no se merece estos medios y que lo realmente necesita son “medios alternativos” de comunicación, aunque realmente cada vez son más los que piensan que sí no será que los norteamericanos no se merecían un presidente así y que quizá fueron muchos los que erraron en su voto a la hora de elegir.

Pero, en su carrera por atacar a la libertad de expresión y con ello vaciar de contenidos a lo que debe ser un sistema democrático donde el poder debe someterse al escrutinio de los medios y la sociedad y no viceversa, Trump ataca a determinados medios directamente, los margina en las ruedas de prensa que organiza la Casa Blanca, tal como hizo en estos días, y mantiene sin ruborizarse que los periodistas mienten e inventan noticias que están fuera de la realidad.

Siguiendo una estela de ataques a diestro y siniestro, sin dejar a ninguna institución fuera del alcance de sus ataques, el camino emprendido por Trump es muy arriesgado y está plagado de incertidumbres, riesgos y peligros. En muy pocos días, y desafiando abiertamente a todos, se ha enfrentado con los medios de comunicación que disienten de su discurso xenófobo y racista, sus aliados de toda la vida, como Francia y Alemania, los servicios secretos de su país, su antaño socio comercial y vecino -México- e incluso a algunos estamentos hasta ahora sagrados en una de las democracias más antiguas del mundo: la Justicia.

Aparte de la inestabilidad y la tensión que está sembrando en la sociedad internacional, que incluso está preocupando a la Rusia de Vladimir Putin, potencia que inicialmente se perfilaba como afín a sus intereses estratégicos, el “juego” en que se ha embarcado Trump está repleto de nubarrones y puede suponer en un corto periodo de tiempo graves daños colaterales para su administración. Trump puede haber comenzado  a socavar la base social y electoral que le había aupado a la presidencia, generando muy  pronto un clima político que puede caracterizarse en los próximos meses por un notable desgaste y la desafección de una buena parte de la sociedad norteamericana, incluido su partido, el Republicano, en un coyuntura que podría llevar al bloqueo político de las instituciones de los Estados Unidos. ¿Acabará siendo destituido un día Trump? Cualquier escenario es posible en las actuales circunstancias.

TRUMP, JALEADO Y APOYADO POR LA EXTREMA DERECHA EUROPEA Y OTROS LUNÁTICOS

El problema no es que Trump aparezca como una persona de escasas convicciones democráticas, que seguramente lo es, sino que es el presidente de los Estados Unidos. Resulta chocante que tan sólo los líderes de la extrema derecha europea, junto con otros lunáticos del planeta, sean los únicos que apoyan hasta ahora las decisiones adoptadas por Trump y las que pretende tomar de cara al futuro. Estamos ante una espiral muy peligrosa y el mandato del nuevo presidente no ha hecho más que comenzar. Incluso se ha mofado en público de los casi tres millones de votos que le sacó en las urnas su rival, Hillary Clinton, y ha tratado de deslegitimar el resultado de las elecciones.

Con estos elementos sobre la mesa, y en una situación que no sólo debería preocupar a todos los periodistas de todo el mundo, sino a todos los demócratas en general sin distinciones ideológicas, es un momento para la preocupación y la movilización. Estamos ante una verdadera amenaza a la democracia, ante un ataque sin precedentes contra la libertad de prensa e información en el mundo. Minusvalorar estos hechos, incluso pretender presentarlos como minucias propias de alguien tan peculiar como Trump, no le quita gravedad al asunto.

Resulta escandaloso que algunos medios pretendan minimizar los graves ataques a la libertad de expresión por parte de Trump y algunos miembros de su equipo de gobierno, e incluso presentarlos como parte de una campaña de la izquierda mundial contra el mandatario en un léxico que a veces recuerda mucho a la conspiración “judeomasónica” que denunciaba un conocido personaje para justificar algunas tropelías, pero eso no le resta gravedad al asunto. Negar la verdad, intentar ocultarla, minimizar los hechos referidos, justificar todo tipo de agresiones verbales y la censura misma, en un estrategia perversa que no tiene que ver con la democracia y la defensa de nuestros principios, no aporta nada al necesario debate que tiene que abrir la sociedad en estos momentos en que un verdadero peligro se cierne sobre nuestras vidas.

En los años treinta el fascismo más brutal se abrió camino en el mundo, triunfando sobre las titubeantes democracias y la libertad, porque los demócratas fuimos débiles a la hora de defender nuestras ideas y dar la batalla por las mismas hasta el final. Están demasiadas cosas importantes en juego, como la esencia misma de una democracia regulada por una cierta moral política y no por intereses malvados, como para quedarnos con los brazos cruzados y dejar que otros, en apenas unas semanas, destruyan toda una civilización basada en el respeto al diferente, la libre circulación de las ideas, el combate político a través de la palabra y no las armas y la libertad de prensa e información. No podemos permanecer neutrales porque de hacerlo las más abyectas expresiones políticas se impondrán sobre las ruinas de una democracia que se construyó a merced del esfuerzo de generaciones enteras.


Laborismo a la deriva

Por Ricardo Angoso, 26 Febrero 2017 2:34

Corbyn lleva al Laborismo al borde del abismo electoral

No sólo es que las encuestas adelanten una auténtica debacle del Labour en las urnas, pero es que ya están llegando los primeros reveses.

Jeremy Corbyn ha sufrido esta semana un durísimo varapalo electoral, perdió un importante bastión que estaba en manos laboristas desde 1935: la circunscripción inglesa de Copeland. En unas elecciones parciales celebradas este jueves, resultó ganadora Trudy Harrison, perteneciente al Partido Conservador que lidera Theresa May. Es también la primera vez desde 1982 que un partido en el poder le arrebata a la formación de la oposición un escaño en una elección parcial.

Tal y como explica Efe, al ser preguntado por varios medios sobre la derrota en Copeland, Corbyn negó que el problema de este resultado sea él y también rechazó cualquier posibilidad de dimitir.

Sin embargo, algunos diputados achacaron la derrota al liderazgo de Corbyn, quien el año pasado resistió las fuertes presiones internas de su partido para dimitir a raíz de la victoria del Brexit en el referéndum europeo del pasado 23 de junio.

Por ejemplo, el diputado laborista John Woodcock admitió que su formación no es una oposición efectiva al Gobierno de la conservadora Theresa May y reconoció que afronta dificultades: “Siempre se pueden poder excusas, pero, como partido, tenemos problemas”, insistió Woodcock en declaraciones a los medios.

Desastrosas encuestas

Las elecciones parciales en Copeland han sido una de las primeras plasmaciones de la catástrofe electoral que todas las encuestas prevén para el Partido Laborista. Por ejemplo: la ultima de la que se hacía eco The Guardian, un medio nada cercano a los tories, daba a los conservadores 13 puntos de ventaja frente a unos laboristas que se quedarían en un 27% de los votos. De confirmarse este porcentaje, sería el peor resultado del labour desde 1983, cuando estaba en pleno apogeo Margareth Thatcher.

La encuesta, que ha contado con 2.000 entrevistas, da otro dato que aún sería más preocupante para Corbyn: sólo el 17% de los votantes aprueba su actuación como líder de la oposición.

El sondeo de The Guardian no es una excepción: las últimas siete encuestas de las que se hace eco la web especializada UK Polling Report abren el hueco entre conservadores y laboristas entre 11 y 18 puntos, con la media superando el 14,5%.

Desde su llegada por sorpresa al liderazgo del Partido Laborista Corbyn ha tenido que superar muchas críticas desde su propios compañeros de filas, que en muchos casos le considerar excesivamente radical para el electorado británico. También se le criticó por su papel en el referéndum sobre el Brexit, pero lo cierto es que ha recibido el apoyo de la militancia laborista y se ha convertido en el único líder que no dimitió tras el sorprendente resultado.

No obstante, aún faltan años para las próximas eleciones en Gran Bretaña, pero la duda en el laborismo es si con Corbyn a la cabeza esto servirá para remontar o para hundirse más todavía.

Por Ricardo Angoso, 19 Febrero 2017 12:45

Colombia en caída libre

La negociación con el ELN se inicia a la sombra de un chantaje en que el Estado se humilla ante exigencias de una guerrilla que ni se sonroja justificando el secuestro y prometiendo que lo seguirá haciendo

Por  9 de febrero de 2017
La historia de los hermanos Patrocinio y Odín Sánchez no puede ser más cruel. El primero de ellos fue secuestrado por la guerrilla Ejército de Liberación Nacional (ELN) en condiciones infrahumanas por un largo período, su familia pagó una parte de la extorsión. Enfermo, cadavérico y en vista de que no aceptaban liberarlo, su hermano Odín se canjeó por puro sentido de hermandad. Al cabo de 10 meses, este último, enfermo y agobiado, fue objeto de un canje de doble vía. El Estado liberó a dos guerrilleros a cambio de la liberación de Odín.
El Estado fue incapaz de exigirle al ELN lo que a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC): abandonar la práctica del secuestro. De otra parte, la familia de Odín entregó una millonaria suma de dinero al ELN para que lo liberaran. El Gobierno Santos aceptó esa humillación para sentarse a negociar la paz con ese grupo.
Además, la comandancia elena en tono arrogante reconoció tener más secuestrados en su poder, entre ellos un soldado, y en el colmo de la sevicia, cara amenazante, dice tener derecho a seguir secuestrando.
En este estropicio contra la más elemental justicia y los derechos humanos, tan pregonados y defendidos por tantos falsos defensores, por hipócritas, por infiltrados de la extrema izquierda en organizaciones humanitarias y por despistados escribientes que guardan sus plumas frente al atropello, llegan al país, de cuenta del erario público, tres, cinco (?) premios nobel de paz a aplaudir a quien ha despojado nuestro Estado de toda dignidad y a avalar un proceso consagrado por un golpe de Estado en la más impúdica impunidad posible en la historia reciente del mundo.

La moda del populismo

Por Ricardo Angoso, 16 Febrero 2017 20:23

La emergencia y éxito del populismo en el siglo XXI

El discurso populista, bien sea de derechas o de izquierdas, asegura que los partidos políticos tradicionales no son ya capaces de dar las respuestas adecuadas a los problemas de nuestro tiempo. Los líderes populistas, como Donald Trump o Marine Le Pen, cabalgan sobre el descontento de la gente y sostienen que la democracia occidental ya no garantiza bienestar y estabilidad a todos. Con un discurso simplista y básico, argumentan que los inmigrantes quitan los puestos de trabajo a los nacionales respectivos y que las empresas que se globalizan, es decir, que invierten en el exterior, se llevan la riqueza a otras latitudes.

Porque “el populismo en ascenso de hoy es poco más que una reacción racista y xenófoba contra los partidos de la clase política tradicionalesen general, pero los partidos de centro izquierda son los que han sufrido las mayores bajas. Esto ocurre, principalmente, por su propia culpa. En Estados Unidos, el Partido Demócrata ha adoptado un liberalismo tecnológico que es más del agrado de las clases profesionales que los votantes obreros y de clase media, quienes en el pasado se constituyeron en su base de apoyo. El Partido Laborista británico enfrenta un dilema similar”, resumía en una aguda reflexión el profesor Michael J. Sandel.

Contrarios a la globalización, el multiculturalismo y todo tipo de iniciativas multinacionales, como la Unión Europea (UE), los populistas defienden un proteccionismo primario, el cierre de las fronteras, el aumento de los controles con respecto a la llegada de los inmigrantes y el final de la solidaridad hacia lo que consideran problemas sin solución, como la pobreza en el Tercer Mundo. El populismo es la expresión colectiva del egoísmo como integrante de un corpus político que hace del rechazo al diferente, incluyendo aquí su cultura, su principal bandera.

Los movimientos populistas alternan propuestas de izquierda y de derecha, a veces al mismo tiempo, ya que en su contradicción permanente está la clave de su éxito. Mientras menos alternativas muestran nuestros sistemas políticos y económicos actuales frente a la crisis, más éxito tienen los populistas, que se mueven como peces en el agua en los momentos de descomposición.

Porque, en definitiva, el populismo consiste en «saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas, emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella”, tal como sostenía George Orwell en su novela 1984, tan actual hoy en día como el máximo líder populista global: Donald Trump.

La principal diferencia entre los populismos de izquierdas y de derechas estriba en la elección de a qué otros atacar y excluir. Los primeros suelen apuntar a las grandes corporaciones y oligarcas, mientras que los segundos eligen a las minorías étnicas y religiosas. “Aunque no se culpa solo a las élites. Sí, han traicionado a la gente, pero una manera en que lo han hecho es imponiendo la igualdad de derechos y oportunidades para las minorías, los inmigrantes y los extranjeros que “roban” trabajos, amenazan la seguridad nacional y socavan los modos de vida”, aseguraba la profesora de la Universidad de Oxford Ngaire Woods.

INFLUENCIAS DEL FENÓMENO MIGRATORIO

Sin el fenómeno migratorio en alza y descontrolado tras las numerosas crisis sociales, políticas y económicas en Oriente Medio y África nunca hubieran tenido éxito los partidos extremistas en Europa. El populismo en boga en el continente europeo, sobre todo muy exitoso en Europa del Este (Hungría, Polonia y República Checa, especialmente), mantiene que los extranjeros y los inmigrantes reciben ingentes ayudas sociales sin aportar nada y, encima, socavan los modos de vida tradicionales.

“A diferencia de los partidos conservadores o socialistas tradicionales, el nuevo populismo no apela a la clase socioeconómica, sino a la identidad y a la cultura”, señalaba la profesora de la Universidad de Oxford Margaret Macmillan. El populismo utiliza a los símbolos y los manipula a su antojo, construyendo una retórica y  un discurso nacionalista estridente que apela a la recuperación de una supuesta soberanía perdida y a la idealización de un pasado idílico y mitificado en su léxico político. “Hagamos grande a los Estados Unidos, otra vez”, es el resumen perfecto de esta doctrina que exhibía el ahora presidente  Trump en su campaña hasta la Casa Blanca.

En nombre de este discurso, junto con el regreso a un autoritarismo que bebe en las aguas de su propia herencia política, Hungría y Polonia han desmantelado las garantías constitucionales y han convertido a la democracia representativa en una mera caricatura, un cascarón vacío sin contenidos sociales y ajeno a los principios morales y éticos establecidos como tales hasta ahora.

Cuando los populistas llegan al poder utilizan todos los resortes a su alcance, incluido el Estado, al que ven como un “botín” de guerra, para destruir las instituciones democráticas. Igual está ocurriendo en Turquía, pero es un caso más complejo y diferente a los reseñados.

También hay una marejada de fondo, un descontento que va en alza por la desconexión profunda entre la clase política y la ciudadanía, entre los representantes y los representados, tal como ocurrió en el Reino Unido con el Brexit; golpearon a sus políticos y expresaron su malestar al Gobierno de la única forma en que podían: a través de las urnas.

Tampoco la socialdemocracia y los partidos conservadores clásicos han sabido dar una respuesta a la demagogia populista, sino más bien lo contrario: con muchos de sus comportamientos, como la corrupción sin castigo, han avalado las tesis más catastrofistas de los populistas, tal como ha sido los casos de España, con Podemos, y Grecia, con la gobernante Siriza. Y, en cierta medida, este fenómeno europeo en sus orígenes tuvo su resonancia en los Estados Unidos, donde un candidato antisistema y crítico con las formas de hacer política hasta entonces, Trump, ganó las elecciones presidenciales contra todo pronóstico y se convirtió en el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

La historia parece repetirse y esta era que vivimos tiene grandes similitudes con los años veinte y treinta del siglo pasado, en que los fascismos se hicieron con el poder sobre las ruinas de las débiles democracias de entonces. Los xenófobos que acabaron con la democracia no lo hicieron mediante la fuerza de los partidos antidemocraticos, sino por el hecho de que los líderes democráticos no lograron defender las constituciones de sus países. Estas ideas llevan a la pensadora Ngaire Woods a concluir que “el atractivo del populismo es simple. Frente a unos salaries estancados y el declive de la calidad de vida, la gente se siente frustrada, y más todavía cuando sus gobernantes siguen diciéndoles que las cosas están mejorando. Entonces aparece el populista con sus promesas de removerlo todo para defender los intereses de la “gente”, ofreciendo algo presumiblemente más atractivo que soluciones factibles: chivos expiatorios”.

Estamos ante un grave crisis del sistema, no cabe duda, como ya apuntaba el historiador Josep Fontana en una entrevista reciente: “Los ciudadanos que veían como su situación empeoraba han acabado perdiendo la confianza en las élites que les gobernaban, incluyendo a los miembros de una socialdemocracia que ha acabado integrándose en el sistema. Ante la ausencia de una izquierda independiente con la suficiente fuerza, han sido los partidos de extrema derecha quienes han recogido esa ira colectiva. Es un movimiento que empezó en la Europa del Este, adquirió fuerza con el Brexit y ahora toma una nueva dimensión con Trump”. El tsunami político apenas ha comenzado y va para largo.

Para terminar, se puede concluir, que el fenómeno populista, en emergencia y con notables éxitos políticos en todas las latitudes, tiene mucho que ver con la crisis global que afecta al individuo, que ve perder su identidad en un mundo globalizado, y conel ocaso de una forma, casi un estilo, de entender la democracia tal como se ha conocido hasta ahora.

Los populistas tratan de dar respuestas, aunque sean básicas, simples y construidas sobre medias verdades, que son peor que las mentiras, a la crisis de un sistema político y económico que ya no tranquiliza de la zozobra a millones de ciudadanos.

Y la lección es bien clara: los populistas cuestionan la democracia, como los nazis en los años treinta, y las reglas de juego existentes, pero utilizan los medios democráticos para hacerse con el poder, y una vez instalados en el mismo, subvertir el orden preestablecido y fundar un nuevo régimen ya “ajustado” a sus demandas e intereses políticos. El peligro, como ya se ha dicho antes, tiene más que ver con la falta de una respuesta rotunda y contundente en defensa de la democracia por parte de los partidos tradicionales que con la fuerza real de dichos movimientos populistas. El peligro real, el que nos acecha, es la pasividad de todos los demócratas frente a lo que está ocurriendo. Algo tendremos que hacer aparte de contemplar la ruina de nuestra democracia.

Odebrecht. La Cosa Nostra

Por Ricardo Angoso, 10 Febrero 2017 23:12

La moñona de corrupción de Odebrecht en 10 países de América Latina

El periodista Ricardo Angoso, analiza la cúpula de gobierno de Brasil, Ecuador, Colombia y otros paises implicados en los sobornos de la constructora brasilera

Por:  febrero 10, 2017
La moñona de corrupción de Odebrecht en 10 países de América Latina

Un fantasma recorre América Latina y siembra el caos allá donde aparece: es la empresa Odebrecht. Se trata de una gigantesca trama de corrupción que atañe a una de las mayores compañías del mercado inmobiliario brasileño que compraba voluntades políticas a cambio de dinero para conseguir concursos públicos de grandes obras de construcción en varios países latinoamericanos. Numerosos políticos y dirigentes del continente ya están señalados de haberse vendido a Odebrecht y apenas se conocen los primeros detalles. La señal de alarma saltó el 21 de diciembre del año pasado, cuando el Departamento de Justicia de los Estados Unidos reveló el monumental hallazgo de numerosos y cuantiosos sobornos de Odebrecht a un sinfín de políticos latinoamericanos.

Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Panama, Perú, la República Dominicana y Venezuela son las diez naciones afectadas por esta trama de corrupción mafiosa y que extendía sus tentáculos a través de estos países y otros –sobre todo paraísos fiscales- donde depositaba los sutanciosos fondos que abonaba por sus descarados sobornos. Eran unos auténticos profesionales del soborno y actuaban con una gran diligencia. Sus directivos llevaban en avionetas el dinero en metálico para pagar a sus servidores. Sabían que con quien tenían que tratar: políticos sin ninguna moral ni ética, gentes que se vendían al mejor postor sin importarles nada ni nadie a cambio de un puñado de dólares. Compraban a los corruptos con total naturalidad, conocían el terreno que pisaban.

Ya hay implicados varios presidentes y expresidentes,  como Alejandro Toledo, en Perú, Lula Da Silva y Dilma Roussef en Brasil, Varela en Panamá respectivamente y los gobiernos de Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe. Santos niega todo, claro, él no sabía nada acerca de los supuestos dineros que llegaron a su campaña electoral procedentes de Odebrecht para conseguir pingües beneficios después.  Igual que cuando llegaron los fondos del tráfico de drogas a la campaña del narcopresidente Ernesto Samper, otro que tampoco sabía nada de nada. En Colombia nunca se sabe nada de nada, que pregunten al mensajero. La culpa, ya se sabe, es de los maliciosos asesores y de los encargados de la campaña. Quien sí parece que sabía algo es el expresidente Toledo, acusado de haber recibido veinte millones de dólares del tinglado mafioso, y que nada más conocerse las acusaciones en su contra salió huyendo hacia París dando la callada por respuesta. Ya está en orden de búsqueda y captura, pero ni está en Lima ni se le espera. De prosperar un proceso por tan graves cargos, Toledo podría ser el segundo presidente de su país, tras Alberto Fujimori, en acabar en una cárcel y hay demasiados indicios que le señalan y apuntan de haber recibido tan apetitosa suma de dinero. Si no fuera así, ¿por que huyó?

Varios detenidos en Colombia. Investigaciones en Ecuador y Venezuela

Otro que sí parece que sabía algo de la trama es el exviceministro de Transporte colombiano Gabriel García, quien podría convertirse en la “garganta profunda” de la trama  y denunciar los manejos de esta empresa en su país. Recibió cuatro millones y medio de dólares en Panamá y parece conocer bien los entresijos de esta historia. El tipo era un prohombre de la patria, tal como denuncia muy atinadamente desde una columna del diario El Espectador el escritor Wiliam Ospina: “El exviceministro Gabriel García, por ejemplo, fue calificado por su jefe Álvaro Uribe de “personalidad joven más importante del Caribe y de la patria”, así como de “cartagenero ilustre”. ¡Ilustrísimo! Economista de la Universidad de los Andes y especializado en Estados Unidos, ¿qué más credenciales necesita alguien para ser considerado “decente” en un país clasista como el nuestro? Pero lo que aprendió en esos salones tan sofisticados no fue la capacidad de pensar el mundo desde parámetros elevados, sino la urgencia de pertenecer y mantenerse en la élite. Sin importar que las consecuencias de su latrocinio engendraran más desigualdad, más odio social y más violencia”.

También en Colombia ha sido detenido el ex senador liberal Otto Bula, un personaje digno de la mafia italiana. Refinado, pulcro, bien vestido y de aspecto repelente, como mandan los cánones de la rancia oligarquía colombiana, hasta su aspecto físico y personal encaja en lo que hubiera sido un niño bien si no hubiera sido porque Odebrecht se cruzó en su camino y le diera una sustanciosa tajada de la tarta de sobornos que estaba en juego por un gran proyecto de obra pública. Según la Fiscalía General de la República, Otto Bula recibió 4,6 millones de dólares  de la constructora brasileña y ahora el  ya acusado asegura que depositó parte de ese dinero a la campaña electoral para la reelección del actual presidente, Juan Manuel Santos. Bula, además, está ligado al expresidente Alvaro Uribe, ya que reemplazó en el Senado colombiano a Mario Uribe, el primo del mismo expresidente, y que tuvo que abandonar el legislativo tras ser investigado por estar ligado a bandas paramilitares, proceso que lo llevó a ser condenado a más de seis años de prisión. Bula está dispuesto a colaborar y se ha mostrado muy locuaz hasta ahora, algo que ha puesto nerviosos a muchos y que incluso le debería preocupar teniendo en cuenta lo poco que vale una vida humana en Colombia.

Pero también el caso Odebrecht, que es como una bola de nieve que baja por una montaña y amenaza con convertirse en un alud, apunta a la campaña electoral del contricante de Santos en las últimas elecciones presidenciales: Oscar Iván Zuluaga. Según ha quedado demostrado, el jefe de la campaña de Zuluaga, Daniel García, un joven triunfador, habilidoso, sin escrúpulos y admirado por su jefe, Alvaro Uribe, trabajaba para Odebrecht y era su hombre en Bogotá. Era, en el argot mafioso, uno de los nuestros. García medió, en el 2009, entre Marcelo Odebrecht y los hombres de Uribe en el gobierno, entre los que destacaba el exviceministro detenido Gabriel García, para que les fuera concedida a los brasileños la obra conocida como la Ruta del Sol.  Objetivo logrado, claro.

La campaña electoral de Zuluaga, que por cierto tiene aspiraciones presidenciales para el 2018, se ve así también empañada por un viaje que organizó con el equipo del candidato a Brasil para tener un encuentro al más alto nivel con la cúpula de Oldebrecht. La comitiva estaba formada por el hijo de Zuluaga, David, el ahora favorito de Uribe para las próximas elecciones, Iván Duque, y el mismo Garcia. Por tanto, las dos campañas electorales de la última gran contienda electoral colombiana aparecen manchadas con dineros ilícitos, ya que en el soborno se “perdieron” algo más de 6,5 millones de dólares que ahora la Fiscalía General de la República rastrea, aunque todo apunta a que el dinero estará en algún paraíso fiscal y que fue repartido entre varios capos del negocio. Parece que todo lo que toca el expresidente Uribe, con varios de sus exministros y altos cargos procesados o huidos de la justicia, está podrido. Su olfato político, del que tanto alardean sus fanáticos admiradores, está en entredicho, queda claro.  El problema de Uribe y de Santos es el mismo: Odebrecht está colaborando con la justicia y la palabra de ambos ya no vale nada, todo lo que digan chocará con la cruda realidad de quien les pagó sus favores politicos a cambio de dinero. Así funciona la Cosa Nostra, sálvese quien pueda.

Ecuador también se ha visto implicada en el escándalo Odebrecht, cuyos téntaculos se extienden por casi todo el continente y que podría haber gastado unos 400 millones de dólares en comprar políticos. Los sobornos en Ecuador podría alcanzar hasta los 35,5 millones de dólares y los beneficios obtenidos en este país superan los 116 millones de la misma moneda para la empresa sobornadora. Los hechos, que ya están siendo investigados por la Fiscalía ecuatoriana, llevaron al gobierno de Quito a suspender las relaciones con esta empresa brasileña y fueron denunciados en su momento por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

México, con diez millones de dólares pagados a funcionarios del gobierno mexicano para conseguir contratos de obra pública, es otro de los países donde la mano negra de este auténtico entramado mafioso llegó e incluso embadurnó, con unos contratos seguramente amañados, la imagen de una empresa central en el país como Petróleos Mexicanos (PEMEX), que adjudicó importantes obras a la constructora brasileña ahora en el ojo del huracán. Con el mismo fin que en los casos anteriores, los brasileños ahora señalados como responsables de estos sobornos, a cuyo frente se haya el ahora encarcelado Marcelo Odebrecht, pagaron unos 100 millones de dólares por contratos y concesiones de  obra pública del Estado venezolano a responsables politicos de esta satrapía caribeña. Otros países, junto con los ya citados, donde hay abiertas investigaciones y que han sido señalados por los Estados Unidos como beneficiarios de los dineros de Odebrecht son Argentina, Brasil, Guatemala, Panamá y la República Dominicana.

En Brasil, Odebrecht ha colaborado con la justicia y 77 de sus directivos han dado pruebas, documentos y testimonios que involucran a numerosos dirigentes políticos brasileños y foráneos.  Entre los que se encuentran implicados, por citar tan sólo algunos de los más conocidos, hay que señalar al actual presidente Michael Temer, a la destituida expresidenta Dilma Rousseff y al mítico expresidente también Luís Ignácio Lula da Silva y el escándalo no ha hecho más que comenzar. Como en toda trama mafiosa, y Odelbrecht lo era porque todos sabían de su naturaleza criminal y delictivo proceder, la Cosa Nostra dirá su última palabra y acabará abandonando a su suerte a sus bien pagados servidores. Así funciona la mafia.

¿El fin de la democracia?

Por Ricardo Angoso, 9 Febrero 2017 23:15

Regreso a la barbarie: la destrucción de nuestras democracias

Por Ricardo Angoso
@ricardoangoso
ricky.angoso@gmail.com

Pese a los notables logros en las décadas pasadas, en que avanzó la democracia en Europa del Este, América Latina y también en Asia, asistimos en los últimos tiempos a una regresión en las libertades democráticas. Los casos más paradigmáticos en el continente europeo son Polonia, Hungría y la República Checa -tres de los fundadores del “grupo de Visegrad” junto con Eslovaquia-, en donde los partidos populistas y ultras han tenido notables éxitos electorales e incluso han llegado al gobierno. O bien gobiernan directamente o condicionan las políticas de los ejecutivos de estos países.

En Polonia, por ejemplo, el partido de la Ley y de la Justicia gobierna el país con mano dura, carácter autoritario, reanimación de los valores más derechistas y reaccionarios y escaso cumplimiento de sus obligaciones comunitarias como miembro de la Unión Europea (UE). Polonia, por sus políticas retrogradas en varios ámbitos, tales como su sistema penitenciario y el tratamiento a los homosexuales, ha sido condenada en varias instancias europeas.

Y en Hungría,  el primer ministro, el “liberal” Viktor Orban, se ha opuesto a las polític

as migratorias de la UE, coquetea con Rusia en sus relaciones exteriores, ha construido una suerte de “muro” de 175 kilómetros para evitar la entrada de inmigrantes y ha reaccionado muy tibiamente ante el aumento de los ataques de la ultraderecha contra gitanos, inmigrantes y judíos, principalmente. Hungría posee el partido de corte neofascista más importante de Europa del Este: Jobbik, que obtuvo el 14% de los votos en las últimas elecciones europeas celebradas en este país el en año 2014. La República Checa, siempre euroescéptica y punto de lanza de los Estados Unidos en el continente contra las políticas de Bruselas, es también para darle comer aparte; rechaza todas las directivas europeas, incluidos sus principios, pero sigue recibiendo los fondos estructurales de la UE para recomponer su deficiente economía.

TURQUÍA, UNA DICTADURA DE FACTO SIN EUFEMISMOS

Mención aparte merece Turquía en esta deriva autoritaria que padecemos hoy y cuyo gobierno, presidido por el inefable Recep Tayyip Erdogan, comete todo tipo de fechorías, violaciones de los derechos humanos y atropellos varios sin que la comunidad internacional -excepto el Parlamento Europeo, que ya condenó a esta nación- se haya movilizado para condenar tal estado de cosas. Erdogan, que ha acabado en apenas unos meses con la herencia republicana, laicista, democrática y occidental de aquella nación que fundará Mustafa Kemal Atatürk, se comporta de una forma tiránica, despótica y salvaje, ajena a los usos y modos de un Estado de Derecho y siguiendo los rituales propios de las más infames tiranías. El régimen que pretende fundar, donde él se sitúa de una forma omnímoda en el centro del mismo, tiene sus orígenes en el falso (e inventado) golpe de Estado de pasado 15 de julio, una trama seguramente orquestada por el mismo Erdogan para acabar con la oposición democrática y con todo vestigio del antiguo orden constitucional.

Erdogan ha dejado pequeño a Hitler en su brutalidad. Hitler, cuando sufrió la denominada Operación Valkiria que intentaba acabar con su vida, apenas detuvo a unas 5.000 personas y ejecutó a unos 200 supuestos responsables. Erdogan ha ido mucho más lejos: ha liquidado quizá para siempre la democracia en Turquía, convirtiendo al país en una enorme ergástula en donde purgan más de setenta millones de habitantes, y ha detenido, perseguido, torturado o expulsado de la administración, seguramente, a más de 100.000 personas. Hasta los árbitros de fútbol han sido detenidos y más de un centenar han sido despedidos de sus puestos. Hace unas semanas, en un hecho a medio camino entre el humor negro y Kafka, fue detenido un camarero por decir que nunca le serviría un té a Erdogan, unas declaraciones altamente peligrosas en esa bárbara dictadura en la que se ha convertido Turquía y que, claramente, podrían desestabilizar al régimen (risas).

Académicos, periodistas, una ex miss mundo turca, decenas de miles de militares, activistas gays, políticos kurdos y así hasta un sinfín de profesiones, condiciones y ocupaciones han sido perseguidos por Erdogan. En la nueva Turquía, forjada a sangre, fuego y tortura por Erdogan, es mejor parecer bobo y callar que hablar y acabar en la cárcel por años. A los detenidos, además, les esperan los malos tratos y la (segura) tortura a manos de los esbirros del dictador. Ya pudimos ver en julio y agosto como los militares detenidos tras el golpe de mano de Erdogan presentaban un aspecto lamentable, con visibles signos de haber sido torturados y golpeados. Hasta las fuerzas democráticas, como el partido que representa a los kurdos de Turquía, el Hadep, han sido perseguidas y sus principales líderes, con el complaciente silencio de la Europa democrática, han sido detenidos y encarcelados sin juicio. Rusia daría para un capítulo aparte, el presidente ruso, Vladimir Putin, es harina del mismo costal que Erdogan.

LA SITUACIÓN EN AMÉRICA LATINA

El deterioro más notable, tras un par de décadas de avances en las transiciones a la democracia y en la consolidación de las instituciones democráticas, se ha dado en América Latina. A la dictadura ya casi sin retorno de Cuba, donde no se atisba en el escenario próximo un cambio político, se ha venido a unir Venezuela, donde de la satrapía del difunto Hugo Chávez se pasó a la dictadura ya sin careta de Nicolás Maduro. En la Venezuela del socialismo del siglo XXI se dan todas las características del típico régimen autoritario: confusión de los poderes y nula independencia de los mismos (ejecutivo, judicial y legislativo); persecución a los líderes políticos de la oposición; libertad de expresión e información controlada y regulada férreamente por el gobierno; competencia desleal entre el partido del gobierno y la oposición en los procesos electorales; criminalización y deslegitimación de las fuerzas de la oposición democrática; violación sistemática de los derechos humanos; nula independencia de la administración y el Estado en las distintas elecciones e intromisión permanente por parte del poder para impedir el normal desarrollo de la sociedad civil.

Brasil es otro ejemplo de notable deterioro de nuestras democracias. La expresidenta Dilma Rousseff fue destituida por estar implicada en un todavía no aclarado escándalo de corrupción, mientras que su antecesor, el mítico Luiz Ignácio Lula da Silva, también se ha visto envuelto en otro asunto en el que todo parece indicar que no fue un mero espectador, sino que recibió algunos fondos de origen espurio para tomar decisiones en favor de algunas empresas privadas.  El nombramiento de un nuevo presidente por parte del ejecutivo estuvo envuelto en una gran polémica y finalmente fue nombrado un político de dudosa trayectoria y pésima imagen: Michel Temer. Su gobierno, que lleva apenas unos meses, goza de unos niveles de popularidad mínimos y varios miembros del mismo han sido acusados de estar implicados en varios sonados casos que han sacudido a Brasil en los últimos años. El sistema político es cuestionado por los ciudadanos y las protestas se suceden desde hace meses en las calles brasileñas; los ciudadanos están hastiados y cansados de su clase dirigente, cada vez más alejada de los intereses populares.

Mención aparte es el caso de Nicaragua, convertida en una patética caricatura de satrapía por obra y gracia de su presidente Daniel Ortega y su vicepresidenta, su esposa Rosa Murillo, quienes han vaciado de contenidos al sistema democrático, expulsado a los diputados opositores del parlamento, comprado a la oposición derechista y se han enriquecido, junto con sus familiares y amigos, de una forma infame e insultante en uno de los países más pobres del mundo. La mayor parte de los antiguos líderes sandinistas, entre los que destacan con luz propia Sergio Ramírez y Enrique Cardenal, han abandonado ya al régimen y deploran el actual estado de cosas rayano a una impresentable dictadura bananera. La Nicaragua de Ortega, cuando han pasado casi cuarenta años del derribo del dictador Somoza, no tiene nada que envidiar, ni de lejos, con la de aquel contra los que lucharon miles de hombres y mujeres que creyeron ver en el sandinismo el final del túnel para un país cansado de esperar en la cola de la historia. Pero no fue así, el amanecer todavía no ha llegado, al menos para Nicaragua.

Palestina, de la gran farsa a la pútrida ergástula

Por Ricardo Angoso, 8 Febrero 2017 17:26

De lo que nadie quiere informar: torturas en las cárceles palestinas

El resto del mundo se tapará los ojos y los oídos y seguirá fingiendo que todo es de color de rosa en los dominios de Abás.

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás I Archivo.Mientras el presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abás, y sus secuaces se dedicaban a lanzar advertencias al presidente Trump contra el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, en las últimas semanas surgieron informaciones relativas a las terribles condiciones y las brutales violaciones contra los derechos humanos en una prisión palestina de la Margen Occidental.

Sin embargo, esas informaciones –y los maltratos– quedaron sepultados por la retórica dirigida contra la Administración Trump. Cualquier cosa que dijeran Abás y los altos mandos de la AP respecto al posible traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén llegaba a los titulares de los principales periódicos y televisiones de todo el mundo. En un determinado momento, dio realmente la impresión de que los principales medios occidentales estaban interesados en resaltar e inflar esas declaraciones para tratar de presionar a Trump y que abandonara la idea de trasladar la embajada a Jerusalén. Los periodistas occidentales se apresuraron a ofrecer un púlpito a cualquier funcionario palestino que quisiera amenazar a la Administración Trump.

Entre las amenazas había advertencias de que el traslado de la embajada a Jerusalén“destruiría el proceso de paz”, “pondría en peligro la seguridad regional e internacional” y “sumiría toda la región en la anarquía y la violencia”. Algunos funcionarios palestinos llegaron incluso a afirmar que sería considerado “un ataque contra todos los palestinos, los árabes y los musulmanes”. También amenazaron con “anular” cualquier reconocimiento palestino del derecho de Israel a existir.

Lamentablemente, mientras dirigentes palestinos de todo el espectro político unían fuerzas para generar titulares sensacionalistas en los grandes medios de todo el mundo, las informaciones sobre las torturas sufridas por detenidos palestinos en una cárcel de la AP no lograron captar el interés de los muy numerosos periodistas que cubren el conflicto israelo-palestino.

Las torturas en cárceles y centros de detención controlados por la AP no son ninguna novedad.

En los últimos años, los palestinos se han acostumbrado a oír historias de terror sobre lo que ocurre intramuros de estos complejos. Sin embargo, como no son israelíes los que están cometiendo los desmanes, son informaciones que aburren a los periodistas.

Un palestino que cargue contra Israel tiene garantizada la atención solidaria de numerosos periodistas. En cambio, cuando un palestino se queja de haber sufrido torturas a manos de interrogadores o agentes de seguridad palestinos, se considera más de lo mismo. O aún peor, se piensa: “Ah, estos árabes: ¿qué se puede esperar de ellos?”.

Irónicamente, son los medios de Hamás y la Autoridad Palestina los que publican esas noticias. Cada parte suele informar sobre las violaciones de los derechos humanos y las torturas en las prisiones y centros de detención de la otra, como parte de la mutua campaña de desprestigio que vienen librando en la última década. Los medios adscritos a Hamás rebosan de informaciones que documentan casos de tortura en los centros de detención de la AP en la Margen Occidental. De manera similar, los medios de la AP siempre están encantados de escuchar a cualquier palestino dispuesto a relatar su suplicio en una cárcel de Hamás en la Franja de Gaza.

Total, que Hamás y AP, según los testimonios e informaciones disponibles, practican la tortura en sus cárceles. Ni a los unos ni a los otros les importan un higo los derechos de los detenidos y de los presos, y ambas partes hacen escarnio de losderechos humanos reconocidos internacionalmente. Es habitual que a las organizaciones pro derechos humanos, a los abogados y a los familiares se les niegue el acceso a los presos y a los detenidos en manos de Hamás o la AP, así que no pueden obtener ninguna información de primera mano. ¡Se trata de personas que están sufriendo torturas en la cárcel!

Todo tiene perfecto sentido, por supuesto: Hamás es un movimiento islamista extremista que no se considera obligado a acatar ninguna ley o tratado internacional relativo a los derechos humanos. De hecho, el concepto de derechos humanos no existe en la Gaza de Hamás, donde las libertades públicas, incluidas la de expresión y la de prensa, brillan por su ausencia.

¿Cómo explica la AP –financiada por Occidente–, que lleva mucho tiempo intentando ingresar en organismos internacionales como Naciones Unidas, esta barbaridad sistémica? Durante años, la AP ha estado actuando como un “Estado independiente” reconocido por más de cien países. Como tal, los regímenes extranjeros -y sobre todo los contribuyentes americanos y europeos- tienen el derecho, o más bien la obligación, de pedir explicaciones a la AP por esas violaciones de los derechos humanos y porexigir transparencia y rendición de cuentas. Este derecho se deriva de que la AP está pidiendo formar parte de la comunidad internacional con el reconocimiento de Estado palestino. A menos, claro está, que la comunidad internacional esté dispuesta a acoger a otro Estado árabe que pisotee los derechos humanos y practique la tortura en sus cárceles.

La prueba más reciente de torturas en la Margen Occidental la reveló una web adscrita a Hamás. La información arrojó luz sobre algunos de los métodos empleados por los interrogadores de la AP y ofrecía una imagen sobre las condiciones que padecen los detenidos. La información se refiere en concreto a la tristemente conocida prisión central de Jericó, controlada por varias divisiones de seguridad de la AP.

El reportaje, titulado “Prisión de Jericó: ¿fortín de la tortura?”, describe unas condiciones similares a las de esos telefilmes sensacionalistas que buscan llamar la atención de los espectadores. Citan a un palestino, recientemente excarcelado de allí, que cuenta que a todos los que llegan al complejo les vendan los ojos y les atan las manos a la espalda, y después diez agentes de seguridad les dan una tremenda paliza. Una de las formas más habituales de tortura, explicó, es el shabah, en el que al preso lo esposan y lo cuelgan del techo durante horas. En ese tiempo, lo golpean por todo el cuerpo. Si intenta moverse o cambiar de postura, los golpes son más fuertes. A veces el shabah tiene lugar en los baños de la cárcel.

Otra infame forma de tortura en la prisión central de Jericó es la falaka, donde se azota a las víctimas en los pies. Otro antiguo preso, identificado simplemente como Abú Majd, fue sometido a la falaka con una manguera de plástico durante varias horas. A veces, uno de los interrogadores le daba bofetadas mientras le azotaban los pies desnudos. Abu Majd dijo que había sido sometido a otra forma muy conocida de tortura, por la que se le obligaba a trepar por una escalera inexistente sobre una pared. Como no hay escalera y el detenido no puede treparla, se le castiga con más golpes.

Otros ex presos han hablado de privación del sueño, confinamientos solitarios y encierros en armarios estrechos con el aire acondicionado a toda potencia como prácticas de tortura en la misma prisión. Esto se suma al maltrato verbal, por supuesto, y a obligar a los detenidos a dormir en el suelo sin colchones ni mantas.

En 2013 se supo que, en apenas cinco días, dos detenidos habían muerto por torturas en la prisión central de Jericó. Fueron identificados como Arafat Jaradat y Aymán Samarah.

A principios de este año, el padre de Ahmed Salhab, detenido hace poco por las fuerzas de seguridad de la AP y llevado a la cárcel de Jericó, se quejó de que la salud de su hijo se había deteriorado gravemente a causa de las torturas. El señor dijo que su hijo sufría agudos dolores después de que sus interrogadores le hubiesen golpeado en la cabeza.

Se han reportado huelgas de hambre entre los presos palestinos en protesta por su encarcelamiento y tortura. Desgraciadamente para ellos, no están en huelga de hambre en una cárcel israelí, donde dichos actos atraen de inmediato el interés de los grandes medios.

Una organización pro derechos humanos con sede en Londres reportó 3.175 casos de violaciones de derechos humanos, incluyendo detenciones arbitrarias, a manos de las fuerzas de seguridad de la AP en la Margen Occidental durante 2016. Según su informe, entre los cientos de detenidos había estudiantes universitarios y conferenciantes, así como profesores.

Ese mismo año, las fuerzas de seguridad de la AP detuvieron a 27 periodistas palestinos, revelaba el informe.

Los responsables políticos y de seguridad de la AP rechazan estas informaciones diciendo que son “propaganda” orquestada por Hamás. Pero no hace falta esperar a que Hamás cuente al mundo las torturas y violaciones de derechos humanos cometidas por los agentes de seguridad de la AP. Entre los miles de palestinos que han estado recluidos en las cárceles y centros de detención de la AP en las últimas dos décadas, hay muchos dispuestos a contar su historia. Pero ¿quién está dispuesto a escucharles?

Desde luego, no los Gobiernos, las organizaciones pro derechos humanos y los periodistas de Occidente. La mayoría anda tras los desmanes de Israel. Pero esa política contribuye a y fomenta el surgimiento de otra dictadura árabe en Oriente Medio. Por ahora, los habitantes de Jericó seguirán oyendo los gritos de los detenidos torturados en su ciudad. El resto del mundo se tapará los ojos y los oídos y seguirá fingiendo que todo es de color de rosa en los dominios de Abás.

¿Qué hacer frente a la inseguridad creciente?

Por Ricardo Angoso, 7 Febrero 2017 14:19

Inseguridad creciente, una amenaza planetaria

Según el Global Peace Index, que mide la violencia en el planeta, en el año 2016 la seguridad pública empeoró en 79 países

Pese al aumento del nivel de vida, la emergencia de una clase media en China y otros países latinoamericanos y una bajada constatada de la pobreza extrema, tal como ha ocurrido en numerosas naciones en América Latina, la inseguridad sigue mostrando indicadores preocupantes en numerosos partes del mundo.

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Según el Global Peace Index, que mide la violencia en el planeta, en el año 2016 la seguridad pública empeoró en 79 países y entre las naciones que muestran tasas de homicidios, violencia e inseguridad creciente con niveles preocupantes se encuentran Venezuela, Colombia, Turquía, Nigeria, Rusia, Pakistán, Libia, Sudán, Ucrania, Yemen, Afganistán, República Centroafricana, Irak y Siria.

Igual de preocupante es la situación en América Latina, en donde países como Honduras, El Salvador y Venezuela rivalizan por ocupar el primer puesto en el ranking de homicidios cada 100.000 habitantes. El Salvador, con casi 100 homicidios cada 100.000 habitantes, ocupa tan deshonroso puesto, mientras que Venezuela con casi 30.000 homicidios el año pasado llegó a los 91,8 por la misma porción de población.

No se queda a la zaga Honduras, que cuenta con una de las ciudades más peligrosas del mundo, San Pedro de Sula. Nueve de las ciudades más peligrosas del mundo, informaba un reciente informe de la CNN, están en América Latina.

Venezuela se encuentra entre los países más paradigmáticos del mundo en lo que se refiere a la inseguridad. Todos los años la situación empeora y el actual gobierno, presidido por Nicolás Maduro, se muestra incapaz de poner coto a tamaño desafío. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, una ONG independiente que estudia el fenómeno y lo analiza en profundidad, en el año 2016 se batieron nuevos récords y hubo casi 30.000 homicidios en el país, unos 68 al día. Venezuela ocupa el segundo puesto en el mundo en asesinatos y número de actos delictivos, pese a que miles de delitos ya no se denuncian y la policía, una de las más corruptas del mundo, apenas actúa para prevenir los delitos y detener a los delincuentes. El inepto gobierno bolivariano, que ya lleva más de dieciocho años en el poder sin saber que hacer con un país que ha destruido literalmente, ha aprobado en estos años 26 planes contra la violencia que no han tenido resultado alguno ni traducción en las calles. La violencia más primaria sigue campando a sus anchas en las ciudades venezolanas.

A este aumento sin duda en la inseguridad en el mundo han contribuido los conflictos abiertos en una buena parte de la geografía planetaria. Aparte de las guerras civiles de IrakSiriaAfganistán, que ya hace años comenzaron sin que se atisben señales de que vayan a concluir, se le han venido a unir nuevos conflictos, como el de Yemen y los nunca cerrados en toda África (Sudán, Somalia, República Democrática del Congo y Eritrea, por citar solo algunos).

A ESTE AUMENTO SIN DUDA EN LA INSEGURIDAD EN EL MUNDO HAN CONTRIBUIDO LOS CONFLICTOS ABIERTOS EN UNA BUENA PARTE DE LA GEOGRAFÍA PLANETARIA

Percepción de una mayor inseguridad en todo el mundo

Sin querer ligar el asunto de la inmigración con la percepción de la inseguridad en Europa, hay que reseñar que todos los estudios de opinión señalan que los ciudadanos perciben un aumento en la inseguridad en muchos países del continente en los últimos años.

Los ataques terroristas contra los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania y España, junto con otros de menor entidad, han revelado que las sociedades occidentales son vulnerables al terrorismo y que los conflictos se pueden revelar con fuerza más allá de las latitudes donde se desarrollan. Los europeos ya no son ajenos a la guerra que libra el Estado Islámico y otros grupos yihadistas contra la civilización occidental, sino que son, quizá, su principal objetivo y sus víctimas propiciatorias.

Harían muy mal los Estados Unidos en este contexto de globalización del terror en aislarse y tapiar sus fronteras para tratar de ocultar los conflictos y contenciosos de nuestro tiempo. Solamente desde un enfoque global, buscando un consenso trasnacional y respuestas adecuadas que garanticen seguridad y estabilidad, se podrá hacer frente a uno de los mayores retos que tiene la humanidad en estos momentos.

La guerra en Siria ha demostrado como un foco de conflicto absolutamente descontrolado, pese a la ayuda rusa al régimen del carnicero de Damasco, Bashar al-Asad, puede afectar a una región entera y romper los frágiles equilibrios que hasta ahora pervivían en Oriente Medio y llevar la inestabilidad y la guerra a sus vecinos. Tanto Israel, Irak, Irán, Jordania, Líbano y Turquía se han visto implicadas, en mayor o menor medida, en el conflicto sirio y estas naciones han sido sacudidas por la inestabilidad creciente en este país. La inseguridad ya no es un asunto local, sino que traspasa las fronteras y se convierte en un problema global.

LA INSEGURIDAD YA NO ES UN ASUNTO LOCAL, SINO QUE TRASPASA LAS FRONTERAS Y SE CONVIERTE EN UN PROBLEMA GLOBAL

Pero también la guerra siria ha afectado notablemente a las relaciones internacionales, pues las diferencias acerca de cómo abordar el fin de la contienda han generado suspicacias y tensiones entre Rusia y los Estados Unidos que no se conocían desde el final de la Guerra Fría. También la Unión Europea (UE) ha mantenido posiciones muy diferentes a las de las dos grandes superpotencias, aunque siempre apostando por un diálogo entre todas las partes para poner fin al conflicto excluyendo del mismo (y exigiendo su salida de la escena) de Bashar al-Asad.

Además, la terrible situación que padece Siria ha provocado uno de los mayores éxodos de este siglo: más de once millones de sirios se han visto desplazados en su propio país o han tenido que partir como refugiados hacia Europa. La crisis se reveló con crudeza en Turquía, Grecia y una buena parte de los países de los Balcanes, que vieron cruzar sus fronteras a miles de personas carentes de lo más básico y huyendo de una guerra bárbara. Media Europa echó el grito en el cielo, cundió el pánico, se extendió una ola de insolidaridad creciente y las fronteras se vieron desbordadas por una muchedumbre nunca vista hasta ahora en el continente.

Alemania ofreció alojamiento y acogida a más de un millón de inmigrantes sirios y de otros países en conflicto que fueron recibidos con entusiasmo y alegría por miles de alemanes. Pero en pocas semanas ese recibimiento se agrió y el rechazo por una parte de la sociedad alemana, que creía que su bienestar y sus puestos de trabajo peligraban, se hizo evidente. La extrema derecha no deja de crecer desde que Angela Merkel abrió las fronteras alemanas, mejor regalo no le puede haber hecho a los ultras. Luego se sucedieron los sucesos de Colonia, en que decenas de mujeres alemanas fueron vejadas y agredidas sexualmente por un millar de hombres supuestamente inmigrantes (¿?). Lo fueran o no, cundió la alarma y un manto de intolerancia y xenofobia cayó sobre las ciudades alemanas. En apenas unas semanas, se pasó de la crisis a una grave tragedia europea, con lo que se reveló que en el siglo XXI los problemas ya no son locales sino globales y que influyen en nuestra plácida cotidiano, aunque queramos permanecer al margen de los mismos.

No son antisionistas, son antisemitas y punto

Por Ricardo Angoso, 6 Febrero 2017 15:25

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Matanza de judíos en Iasi (Rumania)

EL ANTISIONISMO ES EL NUEVO ANTISEMITISMO

Por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

ricky.angoso@gmail.com

Se dicen antisionistas, dicen estar contra el Estado de Israel, al que consideran la “entidad sionista”, pero son los nuevos antisemitas del siglo XXI, igual de cínicos, hipócritas y farsantes que los nazis. Ahora, con esa careta de que tan sólo son antisionistas, tratan de engañarnos, pero sus argumentos, repletos de odio, racismo y xenofobia, nos revelan su verdadera naturaleza. Bajo sus ropajes “democráticos”, y supuestamente tolerantes, se esconden lobos con aspecto de corderos. No son ropajes lo que llevan, sino trapos que cubren su andrajosa andadura moral y cuando quedan al descubierto, pues la verdad siempre triunfa, se descubre su verdadero talante: son unos antisemitas de campeonato, pero vergonzantes pues quieren aparecen como “progretas” ante los demás y la opinión pública. Les da asco mirarse al espejo y ver su mínima catadura moral. ¡Qué gentuza!

Son los mismos que apoyan en las Naciones Unidas las condenas a Israel -más de dos centenares-, los ataques de los terroristas palestinos en las calles israelíes y los que simpatizan abiertamente con movimientos tan fanáticos y bárbaros como Hamas, Hizbolá, las FARC y ETA. Los llaman movimientos de liberación nacional, ¡una mierda!, son vulgares asesinos y terroristas en nombre de una causa fratricida y suicida, un viaje hacia la nada que concluye tan solo en la muerte y el naufragio de su inútil utopía. Miran con lupa, para condenarlos en el fuego de la historia, lo que hacen los países occidentales, entre los que destaca Israel, y hacen la vista gorda a las matanzas que llevan perpetrando los palestinos (más bien árabes) desde hace un siglo y medio contra los judíos.

También se callan cuando se les informa -aunque ya lo saben: son unos hipócritas de carajo- de las matanzas de Hamas contra los militantes de Fatah, de cómo en Irán los homosexuales son colgados en grúas y de cómo el progresista gobierno de su adorado carnicero de Damasco, Bashar al-Asad, utiliza armas químicas contra los kurdos y las poblaciones civiles levantadas en armas. Todo es tolerable menos que Israel celebre elecciones cada cuatro años y otorgue el derecho de voto a los ciudadanos árabes que viven en la única democracia que existe en Oriente Medio. Incluso algo más de una decena de parlamentarios árabes -algunos realmente vomitivos, execrables- se sientan en el Knesset (legislativo) israelí y balbucean su discurso contra la nación que les ha dado todo a cambio de nada. Esos árabes odian a Israel porque pueden expresar su odio libremente, algo que desde luego no pueden hacer en Siria, Irak, Egipto y Marruecos.

Estos “adalides” de la libertad se rasgan las vestiduras porque dicen defender al pueblo palestino y su supuesto derecho a la autodeterminación, pero no son más que unos “progretas” henchidos de rabia, frustración y  el estúpido complejo de inferioridad occidental. En cuanto ven una mota de algo que se pueda criticar de Israel, ¡oh Dios santo!, elevan sus gritos al cielo maldiciendo a todos los judíos que hay sobre el planeta y luego, a renglón seguido, dicen que no tienen nada contra los judíos, sino contra la maquinaría asesina y criminal de la “entidad sionista”, ¡cómo si en ese lugar no vivieran judíos! E Israel estuviera poblado por extraterrestres. Pues que les quede claro de una vez por todas: Israel es el hogar del pueblo judío por siempre y para siempre, no hay otro lugar donde puedan vivir los judíos y no lo habrá por nunca más. Si les gusta bien, y si no les gusta, pues que nos dejen vivir en paz y punto. Y si no les gusta Israel, pues muy fácil: que se vaya a donde les reciban.

El cinismo y la hipocresía con respecto al pueblo judío se acabó tras el Holocausto. Seis millones de muertos son suficientes para sus seis millones de sus mentiras. Si dicen amar al pueblo judío, pero no a su gobierno,  defiendan a Israel con uñas y dientes, déjense de medias tintas y mentiras a medias, que son peor que las mentiras mismas. La causa de Israel es la de la democracia y la de los grandes valores de la humanidad, no necesita amigos como estos “progretas” que dicen serlo, sino aliados fieles y decididos a dar todo por la causa.

Decía el general Douglas MacArtur que “La historia de los fracasos en la guerra puede resumirse en dos palabras: demasiado tarde. Demasiado tarde en la comprensión del letal propósito del enemigo; demasiado tarde en tener conciencia del mortal peligro; demasiado tarde en lo tocante a la preparación; demasiado tarde en la unión de todas las fuerzas posibles para resistir; demasiado tarde en ponernos al lado de nuestros amigos.” Es hora de estar al lado de Israel, precisamente en el momento en que sobre el mundo se ciernen graves peligros. Irán, pese a haber engañado a Obama y a los dirigentes europeos, sigue amenazando a Israel con su programa nuclear nunca concluido y en marcha. El nuevo antisemitismo, no lo pierdan de vista, es el viejo antisionismo de siempre. No se dejen engañar, son lo mismo.


En Argentina hubo una guerra, pero no un genocidio

Por Ricardo Angoso, 5 Febrero 2017 18:01

SE TRATÓ DE UNA GUERRA Y NO UN GENOCIDIO

Por Mauricio Ortín

Estimado señor Director:
La diputada Cecilia Moreau[1] presentará un proyecto de ley que agravará la pena por Apología del delito para los que se atrevan a “Negar la existencia de un plan sistemático de represión y tortura a aquellos que pensaban distinto…”

Quiero creer, en el mejor de los casos, que la diputada no vivió esa época, ignora supinamente los hechos a los que alude o, en su defecto y en el peor, pretende imponernos a fuerza de garrotazos el pensamiento único. En contra de este último, a los que tienen esta intención, entre asesinatos, secuestros, torturas, heridos, extorsiones, robos, ataques a cuarteles, etcétera, el número de atentados perpetrados por los terroristas de las bandas Montoneros, ERP y otras asciende a la friolera cifra de 17000.

También, a propósito de que la diputada integra un bloque que presume de peronista, le refiero que fue Juan Domingo Perón (no Jorge Rafael Videla) el que refiriéndose a los subversivos, dijo (y actuó en consecuencia) que haría todo lo que esté a su alcance para que “…el reducido número de psicópatas que van quedando, sea exterminado uno a uno para bien de la Republica.” Luego vino la represión de la mano de La Triple A, el decreto de aniquilamiento de Martínez de Perón[2] y el gobierno militar.

De manera tal que, eso de que los reprimieron “porque pensaban distinto”, es una burda patraña que tergiversa los hechos ¡Los reprimieron porque querían tomar el poder a fuerza de asesinar! Esa es la verdad incontrovertible (perdón, por ser tan políticamente incorrecto). Verdad que, cuando se apruebe la ley, convertirá en delincuente a aquel que la empuñe. Se perseguirá, ahora sí, a los que “piensen distinto”. Por lo pronto, los macristas Darío LopérfidoGómezCenturión ya sufrieron un adelanto por cuestionar el número de los desaparecidos.
Montoneros Fernando Vaca Narvaja y Mario Firmenich

Y aunque a ningún diputado, ni al ministro de Educación le importe que, en las escuelas, se mienta a los niños que son 30 mil, los datos oficiales (chequeados por este y el anterior gobierno) dicen que, del 24/03/76 al 10/12/83, son 6.348. Por mi parte, digo que por más ley, amenazas de represión y o escraches insistiré, públicamente, en que se trató de una guerra y no un genocidio. Me quiero demasiado como para hacer algo que me haga merecer repugnancia de mí mismo.
Mauricio Ortín
DNI 13.347.228

El Islam en tiempos turbulentos

Por Ricardo Angoso, 4 Febrero 2017 17:17

La radicalización del Islam en tiempos turbulentos

La primavera árabe, que supuestamente significó el comienzo de una etapa democratizadora en todo Oriente Medio, no ha contribuido a la consolidación democrática en la región. Mientras se percibe una marcha atrás en Argelia, Egipto y Marruecos, cuyos regímenes apenas han cambiado en su naturaleza política y siguen inmersos en eternas autocracias, Irak, Libia, Siria y Yemen se desangran en interminables y sangrientas guerras civiles.
Los proyectos modernizadores y progresistas en el mundo árabe, tales como Irak, Siria, Túnez y Libia, han fracasado y hoy se debaten entre la dictadura y el islamismo radical. Occidente ya no apuesta decididamente, como hace años, por la democratización de estos países, sino más  bien por la estabilidad aún a riesgo de que vivan bajo el peso de abyectas dictaduras, como es el caso de Egipto. Tan sólo Túnez parece gozar de una relativa tranquilidad política, pero el terrorismo sigue estando presente y el riesgo de un estallido social -como ocurrió en el año 2010- es un escenario que no debe descartarse.

Líbano, ajena por ahora a la guerra pero directamente relacionada con el conflicto sirio por su vecindad y por los vasos comunicantes que hacen de Damasco un actor fundamental en el sistema político de este país, vive en una relativa calma. Pero es una calma chicha: el país se ha convertido en un rehén del grupo chiíta Hizbulá y solo habrá paz y estabilidad mientras que este grupo conserve su liderazgo en la sociedad y el gobierno libaneses.

El Estado Islámico, extendido desde Libia hasta Yemen pasando por Irak y Siria, donde posee una importante base territorial, es la demostración más evidente de la evolución del Islam en Oriente Medio. Convertido en un grupo bárbaro, radical, antioccidental y que no desdeña el terrorismo como forma de acción política, por no hablar de su retórica prehistórica y reaccionaria, el Estado Islámico nos ha dado en los últimos años algunas imágenes y vídeos que lo emparentan directamente, por su brutalidad, con la Alemania nazi y el Irán de los ayatollahs.

LA MEZQUITA, ¿ESCUELA DE RADICALIZACIÓN ISLÁMICA?

Pero el problema no se circunscribe al mundo musulmán, sino que tiene sus tentáculos hacia los Estados Unidos y Europa. Millones de musulmanes han emigado hacia Occidente huyendo de las guerras y los conflictos o, simplemente, buscando mejores horizontes de vida. Llegan sin nada, se acogen rápidamente al modo de vida occidental y gozan de una calidad y un bienestar del que nunca hubiera podido disfrutar en sus países. Sin embargo, la historia no termina ahí. Muchos de los recién llegados, en un fenómeno paradójico, adoptan un discurso antioccidental y radical, contrario incluso al de las sociedades de adopción y acogida. La mayor parte de los terroristas que han perpetrado atentados terroristas en varias ciudades europeas son hijos de familias musulmanas residentes en Europa. La escuela y la familia socializan a los futuros terroristas, desgraciadamente.

¿Cómo puede ser posible que jóvenes educados y crecidos en Europa acaben abrazando un credo bárbaro, intolerante y criminal? El problema no es el Islam, sino la burda manipulación de las creencias religiosas y la deformación de las mismas en aras de conseguir objetivos políticos. Líderes religiosos sin escrúpulos, como el imán de la mezquita de Finsbury Park (Londres), Abu Hamza, envenenan a los más jóvenes con un discurso incendiario y victimista, donde se entremezclan mensajes antioccidentales con una suerte de búsqueda de la pureza a través de la inmolación en actos terroristas. Jóvenes inadaptados, desempleados y poco integrados en esas sociedades acaban engrosando las filas del radicalismo islamista. Algunas mezquitas –no todas-, entonces, se acaban convirtiendo en una verdadera escuela donde se adoctrinan a los futuros terroristas.

Sin embargo, no perdamos de vista que la mayor parte de las víctimas del terrorismo radical islamista, como las que ha provocado el Estado Islámico, son musulmanes. Los países más golpeados por la violencia terrorista del islamismo radical también son de mayoría musulmana, como Pakistán, Irak, Siria, Líbano y Turquía, quizá los países más castigados en estos momentos por esta violencia irracional, desbocada y brutal.

El islamismo radical utiliza todas las formas y medios para hacer llegar sus mensajes. Las redes sociales se han convertido en un vehículo fundamental para la propagación de estas ideas y en un medio para que el discurso llegue a los más jóvenes. De esta forma el Estado Islámico ha reclutado a decenas de jóvenes de todas las nacionalidades europeas, quienes desafiando abiertamente las Leyes de su país e incluso costeándose ellos mismos el viaje hasta las zonas de guerra, como Siria, no dudaron ni por un momento en unirse a la fanática organización terrorista.

El problema, que ha tenido también su traducción en los Estados Unidos, donde también algunos ciudadanos norteamericanos se unieron a las filas del terrorismo islamista radical, requiere evitar simplificaciones y un tratamiento legal quizá más rotundo y contundente, de tal forma que los condenados por enaltecimiento del terrorismo o por llevar a cabo acciones terroristas reciban penas ejemplarizantes que hagan desistir a otros en ese camino. El terrorismo requiere acciones firmes, dentro del Estado de derecho, y no medias tintas y una tolerancia hacia esos hechos rayana en la estupidez. Occidente debe tomar conciencia del problema, que el islamismo radical ha llegado a nuestras casas para quedarse, y comprender que los conflictos de nuestro tiempo requieren una respuesta eficaz global. La batalla, obviamente, se puede ganar pero hay que ser firmes y decididos a la hora de defender nuestros principios éticos y valores morales. La democracia, ni más ni menos, está en juego.

Finalmente, la educación debe jugar un papel fundamental en este proceso de lucha contra la propagación y difusión de estas ideas racistas, intolerantes y que apelan a la violencia para construir un supuesto mundo más justo, tal como defiende el islamismo radical. Hay que construir marcos de convivencia multiétnicos y plurirreligiosos pero siempre desde el respeto al otro y sin tratar de imponer la destrucción de una civilización basada en el diálogo, la tolerancia hacia el diferente, la no discriminación de las minorías y el principio de un hombre, un voto. El Islam mostró una terrible regresión en los últimos tiempos, un fenómeno novedoso y no visto hasta ahora, pero ello no implica que se puedan abrir nuevos escenarios y que se revierta este discurso que apela al regreso a la caverna y a la Ley de la selva.

La desigualdad, otro factor de inestabilidad planetaria

Por Ricardo Angoso, 4 Febrero 2017 1:53

La desigualdad, una amenaza global

Los ingresos del 10% más pobre de la población mundial han aumentado menos de 3 dólares al año entre 1988 y 2011, mientras que los del 1% más rico se han incrementado 182 veces más

La última recesión económica, que golpeó con fuerza a los Estados Unidos y Europa entre el año 2007 y 2016 agrandó la brecha entre los más ricos y los más pobres, un proceso en el que vive inmerso el mundo capitalista desde hace años y que no ha sido abordado lo suficientemente por la clase política gobernante.

Para ilustrar este estado de cosas, conviene recordar que el año 2014, la organización sin ánimo de lucro Oxfam Internationalpublicó un estudio en el que se reportaba que los 85 más ricos del mundo tenían más dinero que la mitad del planeta (más de 3.600 millones de habitantes), en 2015 la cifra se redujo a 65 y en el reporte para 2017 se llegó a la alarmante cifra de 8 personas.

Los 8 hombres más ricos del mundo, entre ellos magnates como Bill Gates de Microsoft, Mark Zuckerberg de Facebook, Carlos Slim de TELMEX o Amancio Ortega de INDITEX, han logrado acumular aún más dinero desde la crisis financiera ya reseñada de 2007, en la cual hubo una transferencia masiva de capital de las clases medias hacia los ultra ricos.

El informe de Oxfam también señalaba otras características del nuevo capitalismo en la era global que describía muy gráficamente a la desigualdad: desde 2015, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el resto del planeta; durante los próximos 20 años, 500 personas legarán 2,1 billones de dólares a sus herederos, una suma que supera el PIB de la India, un país con una población de 1.300 millones de personas; los ingresos del 10% más pobre de la población mundial han aumentado menos de 3 dólares al año entre 1988 y 2011, mientras que los del 1% más rico se han incrementado 182 veces más; el director general de cualquier empresa incluida en el índice bursátil FTSE 100 gana en un año lo mismo que 10.000 trabajadores de las fábricas textiles de Bangladesh y un nuevo estudio del economista Thomas Pikettyrevela que en Estados Unidos los ingresos del 50% más pobre de la población se han congelado en los últimos 30 años, mientras que los del 1% más rico han aumentado un 300% en el mismo periodo.

LOS PRÓXIMOS 20 AÑOS, 500 PERSONAS LEGARÁN 2,1 BILLONES DE DÓLARES A SUS HEREDEROS, UNA SUMA QUE SUPERA EL PIB DE LA INDIA

“Más en general, el verdadero monstruo es la desigualdad derivada de la conducta “rentista” (enriquecerse con el sudor ajeno sin contribuir con valor añadido a la economía). Algunos ejemplos clásicos son los banqueros que presionan al gobierno para debilitar regulaciones y después cuando los bancos quiebran dejan a los contribuyentes un costoso desastre que arreglar. Los programas de rescate derivados de sus errores supusieron la entrega de sumas asombrosas de dinero público a personas que ya eran fabulosamente ricas”, asegura el Premio Nobel de Economía (2015) Angus Deaton.

España: ayudas a la banca mientras aumenta la pobreza

Este diagnóstico sobre la situación actual es absolutamente fiel y aplicable a lo que ha ocurrido en España en la última década, sobre todo tras la grave crisis del sector financiero y la bien conocida burbuja inmobiliaria, dos fenómenos ligados entre sí que provocaron un tsunami económico de proporciones casi bíblicas.

Mientras los bancos eran rescatados por el Estado español, con la ayuda de las organizaciones financieras internacionales y, sobre todo, la Unión Europea (UE), millones de ciudadanos tenían que sufrir las drásticas consecuencias de los errores perpetrados por sus políticos, ciegos a la hora de vislumbrar la magnitud de lo que estaba por venir, y encima, pagar los platos rotos de las erróneas políticas de crédito llevadas a cabo por unas instituciones  (cajas de ahorro y bancos) al borde de la quiebra.

Muchas cerraron y las que se salvaron lo fueron a costa de los onerosos impuestos de los contribuyentes. Se sacrificaban las prestaciones sociales, se descuidaban la educación, la salud y los servicios públicos fundamentales, en aras de salvar a los bancos. Mientras la pobreza y la exclusión social aumentaban, llegando a poner al 30% de los españoles al borde de la misma, los bancos recibían miles de millones de euros para sanear sus cuentas, al tiempo que sus ejecutivos y miembros de los consejos de administración recibían pingues beneficios y estratosféricos sueldos por haber contribuido, con sus negligencias, a provocar la mayor crisis financiera de la historia del país. Es el mundo al revés: los responsables de la crisis reciben grandes beneficios, mientras que sus víctimas se ven obligadas a pagar el pato.

LOS RESPONSABLES DE LA CRISIS RECIBEN GRANDES BENEFICIOS, MIENTRAS QUE SUS VÍCTIMAS SE VEN OBLIGADAS A PAGAR EL PATO

Pero aparte de las causas ya descritas, hay más elementos que explican la desigualdad social provocada por un sistema que no ha sabido atender a estos desequilibrios, sino que ha hecho más bien lo contrario: agudizarlos, y que tiene mucho ver con el modelo de desarrollo que estamos impulsando.

“A pesar del indudable desarrollo económico creado por la globalización y la apertura económica de muchos mercados como China, el sistema económico que hemos creado promueve una acumulación de riqueza sin precedentes. Una de las principales causas de esta acumulación de riqueza ha sido el estancamiento de los salarios de clase media y el crecimiento exponencial de los salarios de los altos ejecutivos de las multinacionales. Como reporta la revista Forbes, un CEO de una empresa en el top 100 del FTSE (Financial Times Stock Exchange) puede llegar a ganar un sueldo equivalente al de 10.000 trabajadores de una fábrica de ropa en Bangladesh. Además de esto, los ejecutivos de estas compañías son capaces de quedarse con un porcentaje mucho más alto de sus ganancias puesto que logran encontrar la manera de pagar un porcentaje más bajo de impuestos que un trabajador de rango medio”, señalaba el analista Andrés Gómez Sarmiento al referirse a estas tendencias que agudizan la brecha a nivel global.

¿No tiene arreglo la desigualdad?

Parece que estamos inmersos en un proceso consustancial a la globalización de nuestras economías y que se nos presenta como un círculo vicioso del que es imposible salir, como si tuviéramos que admitir que los más pobres serán cada día más pobres y los más ricos, por ende, más ricos.

Aunque algunos, como el Nobel Deaton, lo ven de otra forma y lo aceptan como parte de un sistema que funciona así, inexorablemente, y sin posibilidad de retorno: “En India y China, la globalización trajo consigo mayor desigualdad de ingresos, porque oportunidades nuevas (en el sector fabril, de servicios y de desarrollo de software) que beneficiaron a millones de personas. Pero no a todos. El progreso funciona así; tal vez preferiríamos que todos prosperen a la par, pero eso casi nunca sucede. Lamentar este tipo de desigualdad es lamentar el progreso mismo”.

Este discurso, el de que la sin desigualdad inherente a los procesos económicos no hay desarrollo ni progreso, es el mismo que mantienen las organizaciones financieras y sus dirigentes, que suelen ser gentes sin escrúpulos, con sueldos millonarios, como la directora del Fondo Monetario internacional, Christine Lagarde, quien anima y jalea en sus giras internacionales a todos los gobiernos del mundo a bajar los sueldos, reducir las prestaciones sociales y acabar con el Estado del Bienestar.

Lagarde gana al año casi medio millón de dólares, amén de los numerosos privilegios que tiene, como vivienda gratis, viajes, chófer, coche oficial y visa oro, es decir, que gana al mes como los 90 trabajadores griegos de la construcción a los que pretende enviar a la miseria más absoluta con sus políticas. O a los 120 pensionistas portugueses a los que pretende rebajar sus pensiones y matarlos de hambre literalmente.

CHRISTINE LAGARDE GANA AL MES COMO LOS 90 TRABAJADORES GRIEGOS DE LA CONSTRUCCIÓN A LOS QUE PRETENDE ENVIAR A LA MISERIA

El asunto tiene mucho que ver con una concepción de un capitalismo sin control, ni regulaciones, en donde el mercado se desenvuelve libremente ajeno al control de los Estados y las instituciones y donde impera la ley de la selva.

Las estrategias empresariales a la hora de no pagar impuestos o los abusos, por no decir el blanqueo de capitales, que se cometen en los paraísos fiscales han generado este mal reparto de la tarta en cuanto a lo que se refiere a los dividendos que se deberían de dar en una economía de libre mercado más justa. E igualitaria para todos.

El mal momento que atraviesan las clases medias a nivel global, desde Europa hasta los Estados Unidos pasado por Asia, está aumentando la inseguridad económica en este trance de crisis financiera que atravesamos y, entonces, el recurso al populismo, con su discurso básico, primario y fácil, es la única respuesta. La desigualdad ha generado el caldo de cultivo para que esa clase media, que antes votaba a partidos moderados y centristas, haya hecho el corto viaje de la racionalidad al discurso populista que aporta respuestas fáciles, de la moderación al extremismo. El caso de Donald Trump en los Estados Unidos es el más paradigmático, pero no el único.

Populismo, fuerza en alza a nivel global

Por Ricardo Angoso, 1 Febrero 2017 14:22

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LA EMERGENCIA Y ÉXITO DEL POPULISMO EN UN MUNDO EN CAOS

Por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

ricky.angoso@gmail.com

El discurso populista, bien sea de derechas o de izquierdas, asegura que los partidos políticos tradicionales no son ya capaces de dar las respuestas adecuadas a los problemas de nuestro tiempo. Los líderes populistas, como Donald Trump o Marine Le Pen, cabalgan sobre el descontento de la gente y sostienen que la democracia occidental ya no garantiza bienestar y estabilidad a todos. Con un discurso simplista y básico, argumentan que los inmigrantes quitan los puestos de trabajo a los nacionales respectivos y que las empresas que se globalizan, es decir, que invierten en el exterior, se llevan la riqueza a otras latitudes.

Porque “el populismo en ascenso de hoy es poco más que una reacción racista y xenófoba contra los partidos de la clase política tradicionales en general, pero los partidos de centro izquierda son los que han sufrido las mayores bajas. Esto ocurre, principalmente, por su propia culpa. En Estados Unidos, el Partido Demócrata ha adoptado un liberalismo tecnológico que es más del agrado de las clases profesionales que los votantes obreros y de clase media, quienes en el pasado se constituyeron en su base de apoyo. El Partido Laborista británico enfrenta un dilema similar”, resumía en una aguda reflexión el profesor Michael J.Sandel.

Contrarios a la globalización, el multiculturalismo y todo tipo de iniciativas multinacionales, como la Unión Europea (UE), los populistas defienden un proteccionismo primario, el cierre de las fronteras, el aumento de los controles con respecto a la llegada de los inmigrantes y el final de la solidaridad hacia lo que consideran problemas sin solución, como la pobreza en el Tercer Mundo. El populismo es la expresión colectiva del egoísmo como integrante de un corpus político que hace del rechazo al diferente, incluyendo aquí su cultura, su principal bandera. Los movimientos populistas alternan propuestas de izquierda y de derecha, a veces al mismo tiempo, ya que en su contradicción permanente está la clave de su éxito. Mientras menos alternativas muestran nuestros sistemas politicos y económicos actuales frente a la crisis, más éxito tienen los populistas, que se mueven como peces en el agua en los momentos de descomposición.

Porque, en definitiva, el populismo consiste en «saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas, emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella”, tal como sostenía George Orwell en su novela 1984, tan actual hoy en día como el máximo líder populista global: Donald Trump.

La principal diferencia entre los populismos de izquierdas y de derechas estriba en la elección de a qué otros atacar y excluir. Los primeros suelen apuntar a las grandes corporaciones y oligarcas, mientras que los segundos eligen a las minorías étnicas y religiosas. “Aunque no se culpa solo a las elites. Sí, han traicionado a la gente, pero una manera en que lo han hecho es imponiendo la igualdad de derechos y oportunidades para las minorías, los inmigrantes y los extranjeros que “roban” trabajos, amenazan la seguridad nacional y socavan los modos de vida”, aseguraba la profesora de la Universidad de Oxford Ngaire Woods.

INFLUENCIAS DEL FENÓMENO MIGRATORIO

Sin el fenómeno migratorio en alza y descontrolado tras las numerosas crisis sociales, políticas y económicas en Oriente Medio y Africa nunca hubieran tenido éxito los partidos extremistas en Europa. El populismo en boga en el continente europeo, sobre todo muy exitoso en Europa del Este (Hungría, Polonia y República Checa, especialmente), mantiene que los extranjeros y los inmigrantes reciben ingentes ayudas sociales sin aportar nada y, encima, socavan los modos de vida tradicionales. “A diferencia de los partidos conservadores o socialistas tradicionales, el nuevo populismo no apela a la clase socioeconómica, sino a la identidad y a la cultura”, señalaba la profesora de la Universidad de Oxford Margaret Macmillan. El populismo utiliza a los símbolos y los manipula a su antojo, construyendo una retórica y un discurso nacionalista estridente que apela a la recuperación de una supuesta soberanía perdida y a la idealización de un pasado idílico y mitificado en su léxico político. “Hagamos grande a los Estados Unidos, otra vez”, es el resumen perfecto de esta doctrina que exhibía el ahora presidente Trump en su campaña hasta la Casa Balnca.

En nombre de este discurso, junto con el regreso a un autoritarismo que bebe en las aguas de su propia herencia política, Hungría y Polonia han desmantelado las garantías constitucionales y han convertido a la democracia representativa en una mera caricatura, un cascarón vacío sin contenidos sociales y ajeno a los principios morales y éticos establecidos como tales hasta ahora. Cuando los populistas llegan al poder utilizan todos los resortes a su alcance, incluido el Estado, al que ven como un “botín” de guerra, para destruir las instituciones democráticas. Igual está ocurriendo en Turquía, pero es un caso más complejo y diferente a los reseñados.

También hay una marejada de fondo, un descontento que va en alza por la desconexión profunda entre la clase política y la ciudadanía, entre los representantes y los representados, tal como ocurrió en el Reino Unido con el Brexit; golpearon a sus políticos y expresaron su malestar al Gobierno de la única forma en que podían: a través de las urnas. Tampoco la socialdemocracia y los partidos conservadores clásicos han sabido dar una respuesta a la demagogia populista, sino más bien lo contrario: con muchos de sus comportamientos, como la corrupción sin castigo, han avalado las tesis más catastrofistas de los populistas, tal como ha sido los casos de España, con Podemos, y Grecia, con la gobernante Siriza. Y, en cierta medida, este fenómeno europeo en sus orígenes tuvo su resonancia en los Estados Unidos, donde un candidato antisistema y crítico con las formas de hacer política hasta entonces, Trump, ganó las elecciones presidenciales contra todo pronóstico y se convirtió en el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

La historia parece repetirse y esta era que vivimos tiene grandes similitudes con los años veinte y treinta del siglo pasado, en que los fascismos se hicieron con el poder sobre las ruinas de las débiles democracias de entonces. Los xenófobos que acabaron con la democracia no lo hicieron mediante la fuerza de los partidos antidemocraticos, sino por el hecho de que los líderes democráticos no lograron defender las constituciones de sus países. Estas ideas llevan a la pensadora Ngaire Woods a concluir que “el atractivo del populismo es simple. Frente a unos salaries estancados y el declive de la calidad de vida, la gente se siente frustrada, y más todavía cuando sus gobernantes siguen diciéndoles que las cosas están mejorando. Entonces aparece el populista con sus promesas de removerlo todo para defender los intereses de la “gente”, ofreciendo algo presumiblemente más atractivo que soluciones factibles: chivos expiatorios”.

Para terminar, se puede concluir, que el fenómeno populista, en emergencia y con notables éxitos politicos en todas las latitudes, tiene mucho que ver con la crisis global que afecta al individuo, que ve perder su identidad en un mundo globalizado, y conel ocaso de una forma, casi un estilo, de entender la democracia tal como se ha conocido hasta ahora. Los populistas tratan de dar respuestas, aunque sean básicas, simples y construidas sobre medias verdades, que son peor que las mentiras, a la crisis de un sistema politico y económico que ya no tranquiliza de la zozobra a millones de ciudadanos. Los populistas cuestionan la democracia, como los nazis en los años treinta,y las reglas de juego existentes pero utilizan los medios democráticos para hacerse con el poder, y una vez instalados en el mismo, subvertir el orden preestablecido y fundar un nuevo régimen ya “ajustado” a sus demandas e intereses politicos. El peligro, como ya se ha dicho antes, tiene más que ver con la falta de una respuesta rotunda y contundente en defensa de la democracia por parte de los partidos tradicionales que con la fuerza real de dichos movimientos populistas.trump_flicker_face_yess2

El desafío global del narcotráfico

Por Ricardo Angoso, 27 Enero 2017 19:39

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El narcotráfico como una peligrosa amenaza trasnacional

por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

ricky.angoso@gmail.com

Las copiosas ganancias que se obtienen en el negocio del tráfico de drogas han hecho del narcotráfico una de las industrias más florecientes del mundo. Aumentan las extensiones dedicadas al cultivo de la coca, como ha ocurrido en Bolivia, Colombia y Perú, y el tráfico entre los países productores y consumidores continúa al alza; los narcotraficantes cambian constantemente los medios para el transporte de la mercancía y blanquean sus capitales en los paraísos fiscales. Si un kilo de coca cuesta en un puerto colombiano entre 1000 y 2000 dólares colocado en Nueva Zelanda puede llegar a costar unos 300.000, mientras que en los Estados Unidos y en muchos países de Europa pasa de los 100.000. Es un negocio redondo para los grandes carteles de la droga.

Estas organizaciones criminales se acaban convirtiendo en verdaderos emporios económicos con poder político y constituyen una amenaza para los Estados donde operan. Blanquean dinero, fundan empresas como tapaderas para ocultar sus ingentes capitales y participan de toda suerte de negocios ilícitos. Tanto en México, como en Colombia y Perú, se han creado zonas de conflicto entre los cuerpos de seguridad que persiguen el tráfico de drogas y los carteles, reinando la impunidad, el terror y el crimen organizado en estas áreas en disputa donde las autoridades legítimas ven erosionado su poder en detrimento de estos grupos.

COLOMBIA, PRIMER PRODUCTOR DE COCA DEL MUNDO

Los Estados pierden su autoridad e incluso tienen una capacidad económica menor que muchos de esos carteles, tal como ocurre en México. Paradigmático es el caso de Colombia, donde la organización terrorista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se ha acabado convirtiendo en un importante cartel de la droga -quizá el más importante de toda América Latina- vinculado al régimen venezolano y con sus tentáculos extendidos por todo el país e incluso en el exterior. Ahora hay serias dudas de que con la firma del proceso de paz esta organización se reconvierta en una entidad política respetable y abandone la actividad ilícita. Según datos fiables de algunas organizaciones que operan en zonas de conflicto, una buena parte de este grupo terrorista sigue dedicado a este negocio ilícito y el tráfico ha continuado sin interrupción. No olvidemos que Colombia posee el mayor número de hectáreas de coca, que podrían estar entre las 100.000 y las 200.000, y los cultivos no han dejado de crecer, quizá por la miseria imperante en el agro colombiano y por la falta de expectativas y alternativas al cultivo de la coca para los agricultores. Otras fuentes, como las Naciones Unidas, han llegado hablar de que podría haber hasta 240.000 hectáreas cultivadas.

“Venezuela, abiertamente, es un narcoestado”, asegura rotundo Oscar Arias, expresidente de Costa Rica y premio Nobel de la Paz. Venezuela, como señala Arias, lleva en el punto de mira de la DEA -agencia norteamericana para la persecución del tráfico de drogas- hace años y hay suficientes elementos para creer que una buena parte de la coca consumida en los Estados Unidos procede de este país, que la exporta a través de terceros países hacia el “imperio”. Hace unos meses fueron detenidos en Haití por la DEA dos sobrinos del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, quienes pretendían transportar ochocientos kilos de cocaína a los Estados Unidos. Fueron detenidos in fraganti, entregados a la justicia norteamericana, procesados y están a la espera de recibir condena en ese país. Ambos detenidos,  Efraín Campos Flores y Franqui Francisco Flores, están relacionados con las altas esferas del poder venezolano y hay indicios (judiciales) para conectarlos con el poderoso Cartel de los Soles, un auténtico entramado político-delictivo  que tiende sus tentáculos hacia las Fuerzas Armadas venezolanas, las FARC y el ejecutivo de Caracas. Diosdado Cabello podría ser su máximo capo y el asunto no es baladí: se trata, de facto, del número dos de la narcodictadura.

Solamente con nuevas políticas con respecto al consumo de drogas -incluyendo aquí abrir el debate sobre la legalización de algunas sustancias tóxicas- se podrá enfrentar un problema que ha revelado que la represión policial, tras más de medio siglo de fracasos, no parece el camino más adecuado para derrotar a esta lacra. Hay que combinar la acción policial con otras formas de lucha.

PROBLEMA TRASNACIONAL QUE REQUIERE RESPUESTA TRASNACIONAL

A este respecto, un reciente informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) señalaba que “se deben destacar la revisión de la severidad de las sentencias y tipificación de delitos para algunos perfiles específicos de personas infractoras vinculadas con el mundo de las drogas; la búsqueda de alternativas al encarcelamiento para infractores dependientes de drogas, así como para personas que cometen delitos menores y que constituyen los eslabones más débiles en las cadenas del tráfico; la aplicación de un enfoque de salud pública para la población infractora dependiente de drogas dentro del sistema penitenciario; y un enfoque de integración socio- laboral para personas en conflicto con la ley por problemas de drogas, tanto dentro de una modalidad de alternativas al encarcelamiento, como también dentro del sistema penitenciario”.

En definitiva, el informe llamaba a un nuevo enfoque que alternará medidas de seguridad pública, jurídicas en el tratamiento de los consumidores de sustancias y otras relativas a la salud de los mismos. Solamente la represión policial, como se hace, por ejemplo, en los Estados Unidos, no parece el camino adecuado, sino que se deben conjugar nuevas formas de tratar este flagelo, como ya se ha dicho previamente.

¿Y por qué el narcotráfico constituye una amenaza global? Como señalaba el informe ya citado de la OEA, realizado a un pedido de una conferencia de presidentes de las Américas reunida en Cartagena de Indias, “tal actividad (el narcotráfico) ha propiciado el surgimiento o fortalecimiento de gigantescas redes criminales transnacionales, que han terminado por expandir sus acciones a otras áreas delictivas a un grado que lleva a pensar que ni siquiera la desaparición de esa economía ilegal podría poner ya fin a su accionar criminal”. No estamos ya hablando de una amenaza local, aunque lo es también, sino de un accionar trasnacional que actúa como un poder ilícito con capacidad de cometer delitos, traspasando las fronteras y actuando como una multinacional del crimen organizando. Sin una acción conjunta internacional, controlando los activos y movimientos de estas organizaciones en las entidades financieras, verificando las inversiones que realizan en los paraísos fiscales y en Estados de dudosa trayectoria, será casi imposible llegar a derrotarlas.

Además, seguían las recomendaciones de la OEA, en el plano transnacional pueden mencionarse como otras actividades ilícitas realizadas por estas organizaciones el tráfico ilegal de armas, el contrabando, la piratería de productos, la trata de personas, el tráfico de migrantes, el tráfico de órganos, el tráfico de especies animales en vía de extinción y el tráfico de reliquias arqueológicas, por citar tan solo algunas. Es decir, que el problema, como vemos, requiere respuestas trasnacionales e implica múltiples direcciones y enfoques (distintos a los actuales) a la hora de enfrentarlo eficazmente.