Capitales del Báltico: Tallin, Riga y Vilna

Las tres capitales del Báltico son ciudades pequeñas, coquetas, manejables y muy bellas. Pertenecientes al mundo soviético hasta el año 1991, Tallin, Riga y Vilna son las capitales de Estonia, Letonia y Lituania, respectivamente, y están muy bien comunicadas entre ellas, bien sea por autobús, tren o coche. Las distancias son cortas y en apenas unos días podemos conocer las tres sin estresarnos.

PASEANDO POR LA SEÑORIAL Y MEDIEVAL TALLIN

Tallin es quizá la más bella de las tres, pero es también la más pequeña (apenas 430.000 habitantes). Ciudad con mucho encanto, cuidada y limpia, ofrece un sinfín de posibilidades y servicios para todos los gustos y bolsillos. Recomendamos comenzar nuestro tour por la ciudad en la Plaza del Ayuntamiento, donde podemos contemplar un conjunto arquitectónico, formado por numerosas casas y edificios de diversos colores y tonalidades, impresionante. Merece la pena pasear por allá y tomar algo en algunas de las numerosas terrazas 

Al lado de esa misma plaza se encuentra una de las tabernas de carácter medieval más bellas de Europa, el Olde Hansa, o Vieja Casa, un lugar donde puedes degustar una buena carta de cervezas y comidas como eran servidas en la Edad Media y con el personal vestido a la vieja usanza. Ni siquiera hay luz eléctrica en su interior, apenas se puede leer la carta con las velas que dan algo de luz y ambiente de la época. Enfrente de la Casa del Ayuntamiento que corona esta plaza, y muy cerca del Olde Hansa, nos encontramos con la Farmacia del Ayuntamiento, que data del año 1422, y que conserva todo su encanto y sabor, con los viejos botes que contienen los remedios de la época y una decoración que nos remite a tiempos pretéritos.

Desde allí podemos dirigirnos a la Puerta del Viru, dos elementos cónicos que fueron levantados en el Siglo XIV y son supervivientes de la muralla más antigua que se conserva y rodea toda la ciudad.  También recomendamos visitar el mirador Patkuli, en la parte alta de la urbe, en lo que es el barrio del Castillo de Toompea, un emplazamiento que tiene las mejores vistas de Tallin y de obligada visita para conocer bien sus fotogénicas panorámicas.

Seguimos nuestro itinerario deteniéndonos en la Catedral Alexander Nevski, un gran iglesia ortodoxa de bellas cúpulas y coloristas interiores construida en 1900, cuando Estonia era aún un pedazo de la Rusia zarista. Dentro se respira el ambiente de cualquier templo ortodoxo y es muy recommendable visitar su tienda, repleta de objetos relgiosos e íconos a excelentes precios. Para continuar con nuestra visita por Tallin, también te queremos recomendar un recorrido o paseo por las viejas murallas que circundan Tallin, uno de los sistemas de fortificaciones mejor conservados de Europa y que conviene caminar con un buen mapa a mano para conocer todo su espectácular perímetro.

Para comprar artesanía y alimentos tipícos de Estonia, conviene la pena ir –aunque no se compre nada- hasta los mercados más conocidos de la ciudad:  el Patío de los Maestros (calle Vene, 6) un restaurado centro medieval donde hay muchas tiendas y talleres de artistas de joyería, cristal, madera, cerámica, artesanía y los mercados Central (calle Keldrimäe, 9), especializado en comida y ropa a muy buen precio, y el de  Balti Jaam (Kopli, 1), un mercado detrás de la estación del tren donde suelen ir de compras los habitantes de esta moderna y turística urbe.

Finalmente, también queremos agregar a este breve nomina de lugares por conocer en Tallin  el Paisaje de Santa Catalina, del siglo XIII, unos restos de un antiguo monasterio dominico que nos trasladan a la Edad Media, y la Iglesia de San Olav, construida en el año 1255 y que posee una torre imponente de 155 metros. Pero, en fin, el espectáculo está en la calle en esta ciudad y es obligado pasearla hasta por sus más recónditos recovecos. 

RIGA, CAPITAL DE LA NUEVA LETONIA

A apenas tres horas en coche o autobus desde Tallin, podemos llegar a Riga por una carretera en buen estado y sin mucho tráfico. Riga (701.000 habitantes) ofrece grandes posibilidades, su centro histórico merece la pena recorrerlo con tiempo y sus calles son limpias, tranquilas y muy accesibles. Podemos iniciar nuestro recorrido en la Plaza del Ayuntamiento, donde se encuentra el centro administrativo y también commercial de la ciudad, y ver la Casa de la Hermandad de los Cabezas Negras, una suerte de asociación de empresarios de arraigo medieval que agrupaba a mercaderes solteros y extranjeros. De estilo gótico y levantada en el siglo XIV, esta plaza y sus alrededores contienen algunas de las casas más bellas de la ciudad.

Muy cerca de ese lugar, y ya callejeando por Riga, nos encontramos con las famosas casas de los Tres Hermanos, que van desde el siglo XV hasta el XVIII, encontrándonos en las mismas elementos barrocos, renancentistas y góticos. Es uno de los complejos residenciales más antiguos de la ciudad y revela la conexión cultural de Riga con las corrientes culturales europeas. Entre las Iglesias que conviene visitar en Riga, hay dos que destacan con luz propia: la Catedral Luterana, que data del siglo XIII y en cuyo interior se encuentra un interesante órgano del siglo XIX; y, en segundo lugar pero no menos importante, la Iglesia Ortodoxa (o Catedral de la Natividad) de la ciudad, construida en 1884 cuando Letonia pertenecía al Imperio Ruso y que estuvo abandonada durante la era soviética (1917-1991).

En Riga todo está relativamente cerca, no hace falta tener coche para conocer la ciudad, y es una gran ventaja. Desde la Iglesia Ortodoxa podemos dirigirnos hacia el parque Bastejkalns, un lugar que se puede decir que divide el centro de la urbe en dos y un buen lugar para pasear y disfrutar el aire fresco. En ese lugar, hay que reseñar el Monumento a la Libertad, que ésta en el camino principal que comunica a la parte más moderna de la ciudad con el casco histórico de Riga. Es una escultura que tiene un profundo significado para los letones, ya que simboliza la libertad, la independencia y la soberanía de Letonia. El imponente monumento, vigilado las 24 horas del día, fue construido en 1935 en honor a los soldados que murieron en la lucha por la independencia del país.

Muy cerca del parque y el monumento reseñados, hay que destacar el edifio de  la Opera Nacional de Letonia, que abrió sus puertas en 1863 y fue diseñado por el arquitecto Ludwig Bohnstedt. En 1882 fue destruido por un incendio y se reconstruyó sobre la base del proyecto original en 1887. Alberga al teatro nacional del país, contando con una compañia de ballet y otra de danza, y también a la opera letona. La primera compañía de teatro nacional que hubo en Letonia, antes de la ocupación soviética, fue fundada en 1918.

Como museo te recomendamos visitar el Museo de la Ocupación de Letonia (Latvijas okupācijas muzejs). Se encuentra muy cerca de la Universidad de Letonia y  reúne varias exposiciones sobre el período transcurrido entre los años 1940 y 1991, en el que el país vivió la invasión de los nazis, en primer lugar, y después por los soviéticos. Es una buena muestra de cómo la identidad letona fue machada en ambas ocupaciones y un explicativo recorrido a través de la historia que nos da cuenta de la lucha del pueblo letón por conquistar la libertad, finalmente lograda en 1991 tras la independencia de los tres países bálticos de la extinta Unión Soviética. 

¿QUÉ VER EN VILNA?

El casco histórico de Vilna (560.000 habitantes) fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y no es para menos. En mi opinion, es la capital más completa de las tres bálticas y posee un importante patrimonio histórico, sobre todo en lo que se refiera a iglesias y edificios civiles. Intentaremos hacer un resumen de los principales monumentos de la ciudad.

Iniciamos nuestro recorrido en el centro neurálgico de la ciudad, en la plaza de la Catedral, donde se encuentran la Catedral, el Palacio de los Grandes Duques y algunos de los mejores hoteles de Vilna. El centro religioso de esta capital fue levantado en 1387 y fue reconstruido en 1419 tras haber sufrido un devastador incendio. Junto a la  Catedral de Vilna, en medio de la plaza, hay una estatua erigida en honor de Gediminas, un gobernante medieval del Gran Ducado de Lituania entre 1316 y 1341 y que extendió las fronteras del mismo, en su época de máximo esplendor, hasta el mar Negro.

En lo que respecta a la arquitectura civil, hay que señalar tres importantes monumentos que no deben faltar en una visita a la capital de la nueva Lituania: la Universidad de Vilna, muy cerca de la ya reseñada plaza de la Catedral, y que está compuesta por 14 facultades; el palacio que alberga las oficinas de la Presidencia de la República de Lituania y la residencia del presidente, que fue construido en el siglo XIV y que también fue morada del zar de Rusia Alejandro I y del emperador francés Napoleón, en sus campañas militares contra los rusos; y, finalmente, la plaza del Ayuntamiento, que alberga las oficinas administrativas del municipio y posee una buena nómina de bares y restaurantes en sus alrededores donde degustar buena comida lituana.

En un rincón de esa plaza del Ayuntamiento, como curiosidad, encontraremos un plano del gueto de Vilna durante la ocupación nazi y desde ese lugar podremos recorrer el mismo, un lugar siniestro desde donde fueron enviados miles de judíos a los campos de la muerte. Unos 200.000 judíos lituanos fueron asesinados durante el Holocausto, casi el 95% del total del censo hebreo de la época.

Hacer recomendaciones sobre el patrimonio religioso de Vilna no es tarea fácil, ya que uno de los principales atractivos de la ciudad son la Iglesias y, en total, hay 65 que son interesantes y tienen algún atractivo. En lo que respecta a Lituania, si exceptuamos a los ortodoxos, la mayor parte de la población es católica y encontramos en toda su geografía centenares de Iglesias de esta confesión. En Vilna, aparte de la imponente Catedral que corona la plaza del mismo nombre en el epicentro commercial, administrativo y turístico de la ciudad, recomedamos visitar la Virgen de Nuestra Señora de la Puerta de la Aurora, un gran centro de peregrinación para los lituanos y también para los polacos que se acercan hasta este templo sagrado, y la Iglesia de Santa Ana junto al río de la ciudad que, construída en el siglo XV, fue levantada con 35 ladrillos distintos y ha sido rehabilitada en numerosas ocasiones. También hay algunas Iglesias ortodoxas muy bellas, aunque desconocidas, como la de San Constantino y San Miguel, bien cuidada y con una buena oferta de íconos a su entrada.

Para concluir este breve itinerario y recorrido por Vilna no podemos dejar de lado uno de sus museos más impresionantes: el Museo de las Víctimas del Genocidio  (Genocido Auky Muziejus), que fuera antigua sede del KGB –policía política soviética encargada de la represión y persecución de los disidentes- y ahora reconvertida en testimonio del horror comunista. En su interior, se encuentra una buena muestra fotográfica y objetos que nos recuerdan aquella época tenebrosa en la que los lituanos que disentían del poder soviético eran detenidos, torturados y ejecutados sin contemplaciones. En el lugar, podemos ver la cámara donde eran eliminados los “enemigos del pueblo” y en las paredes de ese centro del horror todavía quedan los impactos de las balas con las que se procedían a los fusilamientos. Impresionante lugar pero imprescindible.

Por Ricardo Angoso
rangoso@iniciativaradical.org
@ricardoangoso

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