Confinados en Bogotá a causa del coronavirus

 

CONFINADOS EN BOGOTÁ EN MEDIO DE LA INCERTIDUMBRE

 

Aparte del confinamiento, la incertidumbre se apodera de millones de hogares bogotanos que no saben a ciencia ciertas si algún día volverán a sus trabajos o si sus empresas seguirán abiertas cuando llegue el 13 de abril.

 

Los anuncios de las autoridades locales, en el sentido de una moratoria en los servicios públicos básicos, han quedado en nada de nada y los de presidente Duque, sobre aplazamientos de los préstamos bancarios y ayudas sociales masivas, tienen más que ver con la retórica que la realidad. Pura paja.

 

por Ricardo Angoso

 

Nueve millones de ciudadanos bogotanos han sido confinados en la capital de Colombia, Bogotá, por orden la autoridades locales y nacionales de la ciudad. La medida adoptada, al estilo de otras tomadas en casi la mitad del planeta, es un confinamiento o cuarentena en toda regla, es decir, casi todos los negocios están cerrados, se restringen los desplazamientos y solamente se permite la apertura de negocios esenciales, como supermecados y droguerías (farmacias). Sin embargo, algunos de los principales centros de previsible contaminación, como pueden ser los transportes públicos y los mercados, siguen abiertos y es previsible que el número de casos oficialmente reconocidos aumente exponecialmente en las próximas semanas, tal como ha ocurrido en otras partes del mundo.

 

Pero aparte de la situación de aislamiento social, está la incertidumbre ante el futuro económico y el de nuestros trabajos y empresas, nadie sabe a ciencia cierta por cuánto tiempo durará esta situación y las distintas administraciones, a todos los niveles, desde la local hasta la central pasando por la regional, han adoptado medidas que, como suele ser siempre en Colombia, tienen más que ver con la retórica con la realidad. El supuesto anuncio de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, en el sentido de que habría una moratoria en los servicios públicos básicos, quedó, como se suele decir vulgarmente, en aguas de borrajas, en nada de nada. Los servicios públicos, como pudo comprobar el que suscribe estas líneas, nunca se cumplieron y los bancos siguen ejecutando los recibos, en tanto las empresas si no pagas los servicios, como ocurre con el internet, proceden a su corte automático. Esa es la cruda realidad, mas allá de las mentiras oficiales repetidas hasta la saciedad por los medios de comunicación por nuestras autoridades. ¿Será que una mentira repetida mil veces equivale a una verdad?, tal como decía Goebbels en sus alocuciones.

 

Cuando termine el confinamiento, previsto para el 13 de abril pero que podría extenderse, la situación será absolutamente caótica a todos los niveles y miles de empresas tendrán que cerrar o hacer despidos masivos de sus trabajadores, no les quedará otro camino. El cierre de todas las fronteras y del transporte aéreo tendrá unas consecuencias dramáticas para el turismo, siendo, uno de los más afectados de la economía colombiana en esta crisis, y es más que seguro que miles de bares, restaurantes y establecimientos hoteleros tendrán que cerrar sus puertas quizá para siempre. Dada el escaso sistema de prestación social existente en Colombia, por no decir nulo, estos puestos de trabajo que se perderán en este sector irán a pasar, casi con toda seguridad, a la informalidad, que ya ocupa el 47% de los puestos de empleos existentes en toda Colombia. Y el megacaos, en la economía, estará servido, se lo aseguro.

 

MEDIDAS MÁS RIGIDAS PERO SIN CONFINAMIENTO PARA AYUDAR A LOS MÁS NECESITADOS

Aparte de estos aspectos que atañen a la economía, miles de hogares colombianos, que engloban a millones de personas, viven del día a día y no tienen ahorros para hacer frente a una crisis de esta magnitud. No cabe la menor duda de que quienes tomaron estas medidas tan drásticas, en el sentido de paralizar la economía del país, nunca pensaron que hay miles de bogotanos que viven en las calles, que otros miles se ganan su sustento vendiendo flores en los bares o arepas o empanadas en las esquinas y el hambre, que es la madre de la desesperación y muchas veces de la violencia social, acecha en muchos barrios de la capital. Alguien me dijo estos días que esta cuarentena es de ricos, en el sentido que solamente las personas de estratos altos pueden aguntar más de tres semanas en sus casas sin trabajar ni recibir ingresos y viviendo exclusivamente de sus ahorros, mientras que los más pobres pasan todo tipo de estrecheces, impagan sus arriendos y servicios básicos y malviven con lo que pueden. La elite bogotana siempre pensó que el mundo comienza y acaba en el parque de la 93 sin importarles si había vida más allá de esos confines.

 

Mantener un confinamiento más largo en la ciudad de Bogotá, como se rumorea ahora y se escucha en algunos mentideros, ahogaría aún mas la economía de los más necesitados y generaría resentimiento y seguras tensiones sociales, provocando seguramente estragos y desorden público. Quizá el gobierno local, en coordinación con el nacional y sin desautorizarse mutuamente, como ya ha pasado en esta crisis, deberían implementar una cuarentena al estilo de la Alemania, de carácter menos rígido, y someter a la población a medidas sanitarias extremas pero sin paralizar la economía, permitiendo el sustento tanto de los que más tienen como de los que menos, al tiempo que permitirían una cierta regeneración del maltrecho tejido empresarial. Así lo han hecho dos países exitosos en esta materia, Singapur y Taiwán, y la economía de ambos casos no se ha visto colapsada.

 

En cualquier caso lo que estamos pasando no es nada nuevo ni original, pues medio planeta ya lo padece desde hace semanas y otros millones más, seguramente, lo padecerán en las próximas semanas a tenor del aumento exponencial a nivel mundial del número de casos de coronavirus y fallecidos. El estado natural del hombre en estos tiempos del coronavirus es el confinamiento, que implica aislamiento social para evitar el contagio, el único remedio conocido hasta ahora para detenerlo, aunque el coste es bien alto: la parálisis de nuestra economía y una segura recesión económica global ad portas. Nuestra tragedia apenas comienza.

 

 

 

 

 

 

 

 

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