El mundo que viene el día después del COVID-19

LOS CAMBIOS QUE LE ESPERAN AL MUNDO TRAS EL COVID-19

La crisis provocada por el  covid-19 tendrá fatales consecuencias para todos y,  seguramente, cambiará la historia de la humanidad, señalando un antes y un después en nuestras vidas. Diversos analistas, desde la izquierda y la derecha, evalúan y analizan el impacto de la pandemia en nuestra sociedad.

por Ricardo Angoso

Aparte de la segura recesión económica que nos amenaza como una espada de Damocles, el impacto del covid-19 traerá importantes cambios geoestratégicos y un replanteamiento, casi seguro, de lo que hasta  ahora conocíamos como el estado de bienestar. Muchos analistas consideran que el Estado, como poder protector y garante de la sanidad pública y universal para todos los ciudadanos sin exclusión, saldrá reforzado de esta crisis y que sus detractores -especialmente los más liberales- verán erosionadas sus tesis, avaladas por algunos ejemplos gráficos, como el de los Estados Unidos y su pésima gestión de la crisis. 

El asunto, desde luego, habría que matizarlo y mucho porque, por poner solamente un ejemplo, el gobierno de la izquierda en España ha sido el peor en el mundo a la hora de hacer frente al coronavirus y ha cosechado un notable fracaso frente a la pandemia, pese a los ingentes recursos que tenía el Estado y una salud pública de primera. En cualquier caso, el debate está servido y los cambios están a la vuelta de la esquina porque el futuro ya está aquí. Este es el panorama que nos espera el día después.

EL ESTADO, EN EL EPICENTRO DE LA PANDEMIA Y REVALORIZADO

“¿Qué puede hacer la UE con un 1% del PIB europeo cuando los Estados controlan más del 50%? ¿Quién puede coordinar los länder alemanes, las regiones italianas o las caóticas comunidades autónomas españolas? Al final, los ciudadanos miran al Estado, y culpan o salvan al Estado. Es lo que Richard Haas ha llamado la “obligación soberana”: los Estados son responsables directos ante la sociedad mundial de lo que ocurre en su territorio tanto hacia dentro como hacia fuera”, señalaba el investigador y sociólogo Emilio Lamo de Espinosa al referirse a la situación por la que atraviesa el mundo en estos momentos. En definitiva, apunta este viejo profesor, el reforzamiento del poder político (pero también económico) de los Estados será una de las primeras consecuencias de esta crisis que está transformando el mundo en todos los sentidos.

En la misma línea, el director del periódico Le Monde Diplomatique, el conocido pensador de izquierdas Ignacio Ramonet, asegura que “la gente busca también refugio y protección en el Estado que, tras la pandemia, podría regresar con fuerza en detrimento del Mercado. En general, el miedo colectivo cuanto más traumático más aviva el deseo de Estado, de Autoridad, de Orientación. En cambio, las organizaciones internacionales y multilaterales de todo tipo (ONU, Cruz Roja Internacional, G7, G20, FMI, OTAN, Banco Mundial, OEA, OMC, etc.) no han estado a la altura de la tragedia, por su silencio o por su incongruencia. El planeta descubre, estupefacto, que no hay comandante a bordo…” Y, quizá, no le falta razón, visto el fracaso de las sociedad multilateral y clara negligencia de la OMS en la gestión y adopción de medidas durante la pandemia global.

El expresidente uruguayo Pepe Mújica, también desde la izquierda, ahonda en esas tesis: “No nos damos cuenta de que el Estado es una herramienta imprescindible por la complejidad creciente de las sociedades modernas. Podés pensar políticamente lo que quieras pero estamos condenados a tener Estado y por lo tanto tenemos que luchar para que el Estado sea lo mejor posible. Como lo descuidamos, como a esto no le damos pelota tenemos una herramienta que cuando las papas queman nos quejamos y le atribuimos todos los males. Vaya contradicción. Puede ser que aprendamos que el mercado es importante pero no todo es mercado porque hay cosas que no va a arreglar jamás. Para esos baches que no puede arreglar el mercado necesitamos del Estado”.

En las antípodas a estos planteamientos, y ya en el terreno de la acción política, se encuentran los mandatarios de los Estados Unidos, Donald Trump, y Brasil, Jair Bolsonaro, ambos contrarios a la política desarrollada por la mayoría de los gobiernos del mundo que para parar la pandemia había que paralizar la economía, con los consiguientes costes sociales y económicos conocidos por todos. Es pronto para evaluar todavía quién tenía o quien no razón a la hora de hacer frente a la crisis, pero queda meridianamente claro que también hay tonos grises, como las medidas duras sin confinamiento -y exitosas- desplegadas por la canciller alemana, Angela Merkel, durante el covid-19.

CAMBIOS ESTRATÉGICOS Y GLOBALES, CRISIS EN EL LIDERAZGO DE ESTADOS UNIDOS

“Cuando la pandemia pase, nada volverá a ser igual. No solo en la vida cotidiana, también en la política. El impacto de esta situación generará en el mundo la conformación de una nueva agenda y cambiará la forma como se consolidan los liderazgos”, aseguraba el columnista Gabriel Silva Luján, en el diario colombiano El Tiempo.

 

Incluso esos cambios no operarán solamente a nivel de la política local, en la que los líderes serán evaluados por cómo gestionan la crisis en sus respectivos países, sino que serán cambios geostratégicos globales y afectarán a los grandes liderazgos, como el de los Estados Unidos, tal como asegura el analista israelí Yuvai Noah Harari:”Algo muy llamativo es cómo Estados Unidos, desde que comenzó el Gobierno de Donald Trump, ha abandonado completamente su rol de liderazgo en el mundo respeto a crisis previas, como la epidemia de ébola o la crisis financiera del 2008, donde lideró un esfuerzo junto a otros países y evitaron un desenlace peor”.

 

Mientras se da ese fenómeno con respecto a Estados Unidos, otras potencias, como Alemania, emergen con fuerza en la crisis, como sigue señalando Noah Harari: “Pero en esta crisis, cuando empezó, Estados Unidos se desentendió completamente y no hizo nada. Cuando se expandió del este de Asia a más y más áreas, al principio negó que hubiera un problema e incluso ahora, cuando finalmente lo reconoce, sigue sin tomar un rol de liderazgo y continúa con su política de ‘América primero’. Solo que ahora es América primero en infecciones. Estados Unidos básicamente ha abandonado su papel de líder global y ha dejado un vacío que otros países están tratando de llenar, como Alemania, que está haciendo un trabajo impresionante“. Aparte de Estados Unidos, también se ha echado en falta el liderazgo de antaño del Reino Unido, cada vez más consumido por el populismo, un nacionalismo caduco que la está llevando al aislamiento y la ausencia de un liderazgo en el mundo cada vez más acusado.

 

La crisis también ha impactado en la Unión Europea (UE), tanto que algunos se cuestionan abiertamente su futuro si no es capaz de ayudar a los países más golpeados por la misma en el “club europeo” y son muchos los que creen que será una de las principales damnificadas del Covid-19, tal como asegura el analista español Antonio Albiñana: “La respuesta ante la pandemia del coronavirus ha puesto en juego la solidez de la Unión Europea, su política económica, y hasta su propio porvenir. En las últimas semanas se ha producido un enfrentamiento entre los países del norte rico y los del sur que requieren la solidaridad de la Unión, en cumplimiento de sus principios fundacionales. Son muchos los analistas que están poniendo fecha de caducidad a la Unión si no se producen cambios sustanciales”.

 

HAMBRE, DESIGUALDADES SOCIALES Y POBREZA

Estos cambios sociales y económicos, junto con otras secuelas, tendrán su un impacto trágico me atrevería decir  en el Tercer Mundo y en los países más pobres con un aumento en la cantidad de personas en riesgo de morir de hambre en el planeta, tal como lo alerta el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas e informaba, en uno de sus editoriales, el diario El Tiempo de Bogotá: “Mientras que el año pasado tal cifra fue de 165 millones, es posible, según lo alertado por el PMA, que a finales de 2020 esta llegue a los 265 millones de seres humanos en situación crítica en materia de acceso a alimentación”.

 

Las desigualdades sociales, tal como revelan todas las crisis pasadas, aumentarán en todo el mundo y se harán latentes muy pronto, ya que la estrategia global de intentar parar la pandemia y evitar la propagación al coste de paralizar totalmente la economía tendrá un efecto inmediato en los países más pobres y en los sectores sociales más desfavorecidos de los mismos. 

Este aspecto “colateral” de la crisis lo alertaba con toda claridad en un artículo el director ejecutivo de Oxfam Internacional, Chema Vera, al que cito: “El Fondo Monetario Internacional ya ha advertido que el impacto económico de la pandemia será “muchísimo peor” que el de la crisis financiera global de 2008-09. De hecho, nuevos estudios realizados por Oxfam, el King’s College de Londres y la Universidad Nacional Australiana demuestran que la actual crisis podría empujar a cerca de quinientos millones de personas a la pobreza. Y, previamente, los investigadores del Imperial College de Londres advirtieron que el COVID-19 podría matar a cuarenta millones de personas si los gobiernos no tomaban medidas urgentes”.

En América Latina, por ejemplo, la Cepal estima que la recesión será brutal y mayor que en otras partes del mundo, tal como vaticinaba en un reciente artículo su Secretaria Ejecutiva, Alicia Bárcenas Ibarra, a la que  reseño literalmente: “Los efectos consecuentes de crecimiento negativo y aumento del desempleo se traducen en incremento de la pobreza y pobreza extrema. Para 2020, de confirmarse los datos base, pasaríamos de los actuales 186 millones de pobres a 220 millones, y de los actuales 67,5 millones de latinoamericanos y caribeños que viven en condición de pobreza extrema a 90,8 millones”.

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