¿Se anexionará Putin Bielorrusia?

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LA TRAGEDIA DE BIELORRUSIA
por Ricardo Angoso

Nada parece indicar que el régimen autoritario del dictador bielorruso Lukashenko vaya a caer en los próximos meses, sino que afianzará su poder a merced de haber descabezado a la oposición, contar con el apoyo ruso y haber acabado con cualquier vestigio de libertad de prensa e información

Poco a poco, las protestas van decayendo en las calles bielorrusas y el régimen de Aleksandr Grigórievich Lukashenko parece decidido a no ceder antes las demandas de una población que le reclamaba elecciones libres y su salida del poder. Ninguno de esos dos escenarios parece factible al día de hoy y, a medida que pasa el tiempo, las cosas se van viendo con más claridad en el sentido de que el pulso parece claramente ganado por el sátrapa bielorruso a merced de una serie de elementos a tener en cuenta.

Como ha ocurrido con otros movimientos cívicos en otras partes del mundo, como han sido los casos de Egipto, Túnez y Venezuela, por razones bien distintas y de otra índole, estas protestas se suelen ir desactivando, bien sea por cansancio de la gente o por la esterilidad de las mismas, y los regímenes autoritarios lo saben, con lo cual suelen resistir a las mismas porque el tiempo corre a su favor y esperanza que al final la gente se acaba “desactivando” al no obtener resultados prácticos sobre el terreno.

La desmovilización de la ciudadanía es ya un hecho en las calles bielorrusas y las protestas, aunque han seguido convocándose todos los domingos, han perdido fuelle e intensidad y es más que seguro que en las próximas semanas apenas no queden de las mismas ni la sombra de lo que fueron, algo que el dictador Lukashenko lo sabe y solamente tiene que esperar. Cuanto más resista y más intensa sea la represión, mejor para su régimen y peor para la oposición.

Como recordarán, la crisis comenzó el 9 de agosto de este año, cuando Bielorrusia celebraba unas elecciones transcendentales en las que por primera vez en 26 años una candidata de la oposición, Svetlana Tijanóvskaya, tenía serias posibilidades de ganárselas al actual presidente Lukashenko. De hecho, según la oposición, el presidente Lukashenko las habría perdido claramente y perpetró un fraude masivo. A partir del momento en que se conocieron los resultados supuestamente fraudulentos, comenzaron las protestas en la calle y el pueblo bielorruso, cansado de esperar en la cola de la historia, se echó a las calles demandando la dimisión del último dictador de Europa y elecciones libres.

Hoy la candidata opositora, Tijanóvskaya, está ya fuera del país, concretamente en la vecina Lituania, los principales líderes del movimiento de protesta, que habían constituido un Consejo de Coordinación que supuestamente debería liderar la transición a la democracia y negociar con el régimen una salida democrática, en la cárcel y tan solo queda al frente del movimiento cívico de protesta la premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich, a la que el régimen interrogó pero que quizá no detuvo por el impacto internacional que podría haber tenido el encarcelamiento de una escritora con tal proyección exterior. Con estos elementos sobre la mesa, podemos decir que la oposición ha quedado completamente descabezada, entre el exilio y la cárcel. Este factor de una oposición ya sin liderazgo juega en favor del régimen y recuerda mucho a las tácticas empleadas por su aliado ruso, en el Kremlin, quien o bien encarcela a sus oponentes o los envenena sin pudor.

El régimen, además, ha sido implacable en la persecución a los periodistas, bien censurando a los medios de comunicación independientes, deteniendo a informadores por el simple hecho de informar sobre las protestas o retirando las acreditaciones a los corresponsales del exterior, mucho de ellos expulsados sin contemplaciones del país casi a patadas. El cerco informativo ha sido total y recoger alguna información sobre lo que estaba pasando en las calles bielorrusas constituía un gravísimo delito para las autoridades policiales, en cuyo interior no se han producido fisuras como en otras partes del mundo donde ha habido protestas de estas características.

ENTRE EL DESINTERES OCCIDENTAL Y EL APOYO DE RUSIA
Por otra parte, pese al interés inicial por parte de algunos países de la Unión Europea (UE) en la crisis y por mantener la presión sobre Lukashenko, como fueron los casos de Alemania y Francia, ahora hemos pasado a un desinterés casi total por la evolución de la situación actual en ese país. Casi ninguna cancillería occidental, incluida la española, se ha manifestado sobre la crisis, la UE sigue sin ejercer un solido liderazgo en la misma, quizá para no enemistarse aun más con Rusia, y el resto del mundo, sumido en la grave crisis del covid 19, guarda sonoro silencio con respecto a los acontecimientos vividos en Bielorrusia en las últimas semanas.

También en Estados Unidos la reacción ante las fraudulentas elecciones y las consiguientes protestas de la oposición ha sido más bien tibia, aunque el presidente norteamericano, Donald Trump, asegurara en su momento que seguía “muy de cerca” los acontecimientos en este país y que quería tener una conversación con el máximo líder ruso, Vladimir Putin, para hablar de la misma. El presidente norteamericano, en plena campaña electoral para asegurarse su difícil reelección frente a su contrincante demócrata, Joe Laden, en una carrera realmente adversa y en las que no las tiene todas consigo, no hará absolutamente nada por Bielorrusia, al menos por ahora. En ese contexto electoral, como es obvio, la crisis bielorrusa es irrelevante para Trump.

Por último, el régimen de Lukashenko ha recibido en los últimos días el contundente y rotundo apoyo de Rusia a su favor, algo esperado desde el comienzo de la crisis debido al importante rol que juega en este país, tanto en términos económicos y energéticos como políticos, Moscú. El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ya ha anunciado que recibirá al dictador bielorruso en los próximos días y no debe descartarse que le acabe apretando las clavijas para que la federación compuesta por ambos países recobre su brío original e incluso que haya avances en una mayor integración, algo a lo que hasta ahora se oponía Lukashenko pero que era alentado por el inquilino del Kremlin desde hace años. En estos momentos, dada la debilidad de Minsk frente a Moscú por su pérdida de legitimidad y su aislamiento internacional a raíz de las sanciones anunciadas por la UE, Lukashenko no tiene mucho margen de maniobra para resistirse. Putin, como fino y ladino estratega que es, aprovechará la crisis bielorrusa para afianzar aun más su influencia en este país e incluso anexionarlo como Crimea. A río revuelto, siempre gana Putin. La tragedia de Bielorrusia, tras 26 años de feroz dictadura, sigue su curso.

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