Gaza, ¿otra guerra fallida?

GAZA: ¿OTRA GUERRA FALLIDA?
POR RICARDO ANGOSO, 2009.
Cuando han cesado las armas y comienza el penoso camino hacia la normalidad, en el caso de Gaza hacia la reconstrucción, conviene hacer el balance de lo conseguido por el ejército israelí en esta ofensiva y de los resultados obtenidos, toda vez que el Estado de Israel se había fijado previamente unos objetivos nítidos y claros antes de lanzarse a la segunda guerra de Ehud Olmert. ¿Los ha conseguido? Algunos tenemos serias dudas.

En primer lugar, si lo que pretendía el ejército hebreo era neutralizar el lanzamiento de cohetes caseros desde la Franja de Gaza hacia las ciudades israelíes, el resultado ha sido nulo, pues si bien se ha reducido drásticamente el lanzamiento de los mismos en número la amenaza sigue latente e incluso Hamas ha logrado llegar más allá de Sderot. Llegan menos, es cierto, pero las ciudades israelíes siguen siendo objetivo de la banda terrorista fundamentalista y los cohetes siguen cayendo sobre Israel.

Luego, y en segundo orden pero no menos importante, no queda tan claro que la mayor parte de las víctimas en la operación militar, que no guerra, pues es una palabra que evita la diplomacia israelí desde el 27 de diciembre, han sido militantes o activistas de Hamas. Un gran esfuerzo tendrá que hacer la diplomacia israelí para explicar al mundo que el ataque tenía tan sólo intenciones militares, pues la opinión pública internacional ha contemplado atónita  y abrumada la sucesión de una serie de imágenes dramáticas, terribles y dantescas que incluso hasta los más firmes defensores del derecho a la defensa del Estado de Israel frente a los ataques terroristas -como es mi caso- nos han dejado absortos y llevado a la preocupación ante el gratuito e innecesario derramamiento de sangre inocente. Hará falta un ejercicio de pedagogía mediática para explicar muchos de los capítulos vividos en esta intervención militar.

En tercer lugar, y ya en el terreno del análisis político de lo acontecido desde que comenzara la intervención, parece que el principal objetivo israelí era debilitar a Hamas y deslegitimarla de cara a futuras negociaciones entre Israel y el bando palestino. Nada de eso ha ocurrido, ya que de cara al mundo árabe Hamas sale fortalecida y, paradójicamente, es el bando moderado liderado por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y el partido que la sustenta, Al Fatah, el que sale peor parado en esta crisis. Será muy difícil que la ANP retome en los próximos meses, e incluso años, el control de la Franja de Gaza. La popularidad de Hamas, que estaba minada tras el penoso calvario que le sucedió a la población palestina tras la victoria de los islamistas y el bloqueo al que la sometieron las fuerzas israelíes, no ha sufrido ninguna merma y parece que su poder e influencia se consolida en este abatido territorio.

TOMAR LA INICIATIVA MILITAR, OBJETIVO DE ALTOS COSTES POLÍTICOS Y MEDIÁTICOS
Por último, otro de los objetivos esgrimidos por el actual ejecutivo israelí para justificar la intervención era la de retomar la iniciativa militar en el mundo árabe tras el fiasco que representó la fallida intervención en el Líbano tras haber caído el ejército israelí en la trampa que le tendió Hizbulá hace dos años. Puede que el ejército hebreo haya tomado la iniciativa, lo que es discutible pues más bien parece que ha sido Hamas quien ha escrito el “guión”, pero el coste en descrédito político, mediático y diplomático para Israel es tan alto que habría  que preguntarse si el precio pagado por tomar la iniciativa no ha sido demasiado alto para el resultado obtenido; costarán años y numerosos esfuerzos para que el Estado judío vuelva a gozar del prestigio que tenía antes de la intervención.

Luego, y como daño colateral que tendrá consecuencias claras en el futuro, las relaciones entre Israel y numerosos Estados árabes quedan bajo mínimos, por no hablar de Turquía, que se siente traicionada y “engañada” por la hasta ahora cercana diplomacia hebrea. Del contencioso con Siria, que estaba en vías de reconducción política a merced precisamente de la mediación turca, hay que reseñar que queda aparcado quizá por mucho tiempo.

Vistas así las cosas, y sin quitarle el derecho a Israel a contestar a las acciones terroristas de Hamas, parece que la última intervención tenía más una dimensión interior que exterior. Quiero decir: una de las principales consecuencias de esta guerra -palabra nunca utilizada por los dirigentes israelíes- es que ha mostrado a las claras que los partidos de centro e izquierda pueden ser tan feroces y contundentes, e incluso más, que el Likud, formación política en alza ante los próximos comicios. También que los líderes de izquierda pueden ser tan duros y halcones como el veterano Bejamín Netanyahú. Veremos qué pasa con las elecciones y  la influencia que pueden tener estos acontecimientos en el resultado final de los comicios israelíes. La habilidosai Livni parece una de las grandes beneficiadas, también Kadima. ¿Otra guerra fallida?

 

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