¿Cuándo acabará la tragedia venezolana?

Dictadura disfrazada
Nada hay de más cierto, que la convicción de que la primera tarea que tiene que cumplir la oposición, si quiere enfrentar con éxito al gobierno, es establecer con el mayor rigor cuál es la naturaleza de este gobierno al que se “opone”
OSWALDO BARRETO

Nada hay de más cierto, que la convicción de que la primera tarea que tiene que cumplir la oposición, si quiere enfrentar con éxito al gobierno, es establecer con el mayor rigor cuál es la naturaleza de este gobierno al que se “opone”.

Batallarse sin tregua, desvaríos o distracciones por aprehender lo que es la verdadera esencia de este gobierno, lo que le permite existir y aspirar a sobrevivir y, alcanzado este objetivo, consagrase a difundirlo por todas partes.

Con esto, no estamos diciendo nada nuevo, pues toda oposición que ha logrado ser efectiva ha cumplido siempre con esa tarea, que bien podríamos calificar de originaria. Pero no hacemos este recordatorio para aconsejar lo que puede considerarse como obvio, sino para advertir que precisamente por la naturaleza de ESTE régimen, el cumplimiento de tan manida tarea presenta grandes dificultades.

Que sea en regimenes democráticos o bien en regímenes dictatoriales, la oposición que se haga en cualquier momento cuenta con tradiciones, procedimientos y costumbres, que no tiene sino que actualizarlas. En cambio, desde que existen las dictaduras marxistas leninistas nos encontramos con regimenes que por decisión propia no se presentan, ni como dictaduras ni como democracias, sino que se como dictaduras disfrazadas.

“Dictadura ­dice alguna enciclopedia–es un régimen político en el cual una persona o un grupo de personas ejerce todos los poderes de manera absoluta, sin que ninguna ley o institución los limite”. Otra enciclopedia, nos habla de un tipo de régimen donde “una persona o un grupo de personas, que disponen de un poder absoluto, se mantienen en él de manera autoritaria y lo ejercen en forma arbitraria”.

Eso han sido, y como tal, se han presentado los dictadores de nuestro continente, hasta que por aquí aparecieron las dictaduras marxistas leninistas. Y estas tienen como características que se presentan disfrazadas: “dictaduras del proletariado” “gobierno de la alianza de obreros, campesinos y soldados”, “gobierno de los consejos de obreros” “gobiernos de las comunas o consejos comunales” “gobiernos nacionalitas y antiimperialistas”. Y con esos disfraces han ejercido el poder en todos y cada uno de los países que se reclaman comunistas, dictadores que no tienen nada que envidiar a los más feroces dictadores que hayan existido.

Y desde el año 1980, cuando un eminente sociólogo y politólogo soviético Mijael Voslenski, publicó en occidente “La Nomenclatura” (libro que había aparecido en forma clandestina en la URSS diez años antes) se sabe que estos dictadores funcionan gracias al apoyo de “un conjunto de personas digno de la confianza de la persona o grupo dictatorial y susceptibles por tanto de que a sus componentes se les asignen responsabilidades y tareas y reciban los beneficios que estas conllevan”.

Creemos que es pertinente advertir a la oposición del fatal error que significaría dedicarse a combatir tales disfraces (que todo venezolano en uso de razón está en capacidad de distinguir como tales). Perder tiempo, energía y recursos demostrando que este no es ni será un gobierno de la clase obrera y de los explotados, o de las comunas, o de la defensa de la nación frente al imperialismo.

Pero tampoco puede la oposición olvidar otro aspecto fundamental de la naturaleza del régimen: esta dictadura marxista leninista tiene un origen preciso que todos conocemos: es producto de unas elecciones democráticas.

Esta singular ambigüedad de la naturaleza del chavismo creemos que deber normar toda la actividad de nuestra oposición. Y, como cualquier participante en ella trataré de indagar en que formas debe hacerse.

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