¿HABRÁ LEÍDO ALVARO URIBE A GRAMSCI?
POR RICARDO ANGOSO
Uno de los más importantes pensadores marxistas del siglo pasado, Antonio Gramsci, aseguraba que el poder se gana con las ideas, máxima que hizo suya, como primer gran líder de derechas que se convirtió al “marxismo”, Nicolas Sarkozy. Ahora, el ex presidente de Colombia, Alvaro Uribe, quien desde hace unos meses mantiene un debate dialéctico y de ideas con el presidente Juan Manuel Santos, ha hecho suya esta acepción gramsciana y pretende dar la batalla política con este bagaje para hacerse con el poder de nuevo.
El primer paso para iniciar este rearme ideológico que permita ganar por la vía de las urnas lo que le fue negado por la supuesta traición de Santos, cuyo riguroso análisis de su gestión ya no aguanta la crítica objetiva de hechos que por sí solos no son maquillables ante la opinión pública, ha sido la puesta en escena del Puro Centro Democrático, probable embrión de una futura formación política capaz de concurrir a las próximas elecciones legislativas previstas para el año 2013.
El presidente Santos, que se ha mostrado como el rey de las artimañas y de las tretas, siempre maquinando entre bambalinas y jugando como un tartufo a la alta política, sabe que ya “no tiene mimbres para armar el cesto”, como se dice en castizo colombiano. Su popularidad, incluso en los medios que conforman su amigable corifeo mediático, está a la baja y ya, como señalaba muy acertadamente el diario El Espectador, nadie confía en el máximo mandatario colombiano:”Al llegar a la mitad de su mandato, el presidente Santos tiene, pues, la tarea fundamental de recuperar la confianza en su gobierno. Y eso no lo logrará simplemente llenándonos de discursos sobre lo maravilloso que va a ser el país con sus anuncios”.
En este contexto, y cuando se detectan notables fallas en materia de seguridad, salud, educación, vivienda e infraestructuras, era el momento de introducir cambios, de reconducir las cosas y de elaborar una nueva estrategia política, pero también de comunicación; haría falta dar la batalla de las ideas y demostrar al país que hay nuevo proyecto en marcha más allá de la vacua retórica y el esperpentismo triunfalista que exhibe sin ningún pudor Santos. Más allá de establecer una nueva dinámica, el presidente Santos sigue empeñado en demostrar al mundo la intangibilidad de su proyecto, pese a la inefabilidad que muestran sus ministros y colaboradores, y la supuesta grandeza de una obra de gobierno que, objetivamente, no aguanta el peso de la realidad de un país que se hunde día a día entre la rutina y la desidia, la pobreza y la inseguridad creciente.
Sin embargo, lo que queda claro, cuando quedan apenas dos años para las próximas elecciones presidenciales en las que el máximo mandatario con toda seguridad concurrirá para la reelección, es que Santos que más que un político al uso es un prestidigitador, o un mago de feria, que sacará de la chistera algún conejo u otra cosa, pues como buen jugador de póquer que alardea que es siempre tiene alguna artimaña para engañar a los incautos y desinformados. Recursos y tretas para seguir siempre en el juego político, del que no se ha bajado desde su más tierna infancia, no le faltan; su talento, discutible.
No descartemos, incluso, dada su irrefrenable caída en popularidad y aceptabilidad, que recurra a un diálogo con la organización terrorista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) e intente presentarse como un hombre al servicio de la paz destinado a la galería de las grandes estrellas de la diplomacia mundial. Algo hará, seguro, porque por ahora la batalla de las ideas las está ganando el presidente Uribe y nuestro actual Comandante en Jefe carece de las mismas, ya que no ha leído a Gramsci (ni a casi nadie) y no está dispuesto a descolgarse del poder tan fácilmente.