Turquía, rumbo a la islamización de la mano del autocrata Erdogan

DOS TURQUÍAS, FRENTE A FRENTE

La justicia turca pone fin a la impunidad del golpismo antiislamista

La decisión sobre el ‘caso Ergenekon’ se ha presentado bajo fuerte presencia policial

Protesta en defensa de los procesados. / VÍDEO: REUTERS-LIVE!

Los turcos llevan más de 50 años bajo la convicción de que, por detrás del Estado, está el llamado estado profundo: los militares y las fuerzas de seguridad que, en su defensa cerrada del legado del padre de la patria, Mustafá Kemal Atatürk, están dispuestas a todo, desde pactar con el hampa hasta el golpe de Estado. Este estado profundo nunca ha negado su hostilidad a los principios islamistas que defiende el primer ministro Recep Tayyip Erdogan y su partido, el de la Justicia y el Desarrollo (AKP, en sus siglas en turco). Hoy es el Estado presidido por Erdogan el que ha condenado a prisión a más de 250 personas, entre ellas varios exaltos cargos de la cúpula militar, acusados de actividades terroristas con el fin de forzar un golpe de Estado para derribar al islamismo del poder. Otros 21 acusados han sido absueltos.

El caso Ergenekon, cuya sentencia se ha hecho pública tras cinco años de juicio, ha vuelto a poner en evidencia el abismo que hay entre los sectores laico y religioso de la sociedad turca. En la base prisión de Silivri, junto al mar de Mármara y a 70 kilómetros del centro de Estambul, cientos de gendarmes esperan las protestas de los opositores al Gobierno de Erdogan, que acusa a los islamistas de organizar una caza de brujas contra el laicismo. Entre los condenados, además de exmilitares —entre ellos el exjefe del Estado Mayor del Ejército, Ilker Basbug, sentenciado a cadena perpetua— y miembros del hampa, hay policías y varios periodistas. Ergenekon es el nombre que recibe el mítico valle de Asia Central que dio cobijo a los primeros turcos, y el nombre de la supuesta organización ultranacionalista que tiene como propósito mantener los principios de la República turca fundada en 1923.

A pesar de que el gobernador civil de Estambul, Husein Mutlu, ha prohibido las protestas, cerca de 200 personas se han manifestado en frente a la base militar con cánticos como “Tarde o temprano, el AKP pagará por esto”. “No hay pruebas contra ellos”, afirma el expiloto retirado Dogan Muldur. “Vengo de Estambul para luchar contra la injusticia y defender los derechos del pueblo”, afirma su mujer, Ebru Kurt.

Desde el primer golpe militar, en 1960, el Ejército turco ha tendido a funcionar como un Estado dentro del Estado en su defensa del kemalismo a ultranza, que llevó a sucesivos golpes en 1973, 1980 y 1997. Pero el AKP, en sus casi 11 años de Gobierno, ha llevado a cabo una comprensiva depuración de los elementos más ultranacionalistas. Es esta purga de las Fuerzas Armadas la que ha dado al Ejecutivo de Erdogan la seguridad para llevar adelante juicios antaño inconcebibles, como el que, el pasado septiembre, condenó a más de 320 oficiales a prisión.

Dos evidencias de como han cambiado las tornas: Erdogan, que como alcalde de Estambul pasó cuatro meses en prisión por “incitación al odio religioso”, llevó a cabo el sábado un cambio a fondo de la cúpula militar sin que su poder se haya puesto en duda; y el general Ismail Hakki Karadayi, que en 1997 forzó la dimisión de Necmettin Erbakan, mentor político del actual primer ministro, fue detenido a principios de añoacusado de ese mismo golpe.

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