Terremoto político en Aragón

TERREMOTO POLÍTICO EN ARAGÓN

Por Ricardo Angoso

Lo que empezó como un paseo triunfal para el Partido Popular (PP) de Aragón terminó, como se dice coloquialmente, en una parada de burro manchego. Pese a que la participación aumentó, el PP pierde diez mil votos y dos escaños, todo ello en medio de la mayor crisis política y de liderazgo por la que atraviesa el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en toda su historia y con un ejecutivo de Pedro Sánchez exhausto. Alberto Feijóo no supo ni pudo capitalizar una de las mayores hecatombes por las que atraviesa España. Lógico, querido Watson: estás rodeado de inútiles.

Agónicos, pero no rendidos, a los socialistas les ha ido todavía peor que a los populares: han perdido 38.000 votos y cinco escaños, con Vox a muy corta distancia, literalmente echándoles el aliento en la nuca. Vox, que ha doblado escaños —pasando de siete a catorce—, sube 42.000 votos y sus diputados en las Cortes de Aragón serán determinantes para que los populares puedan formar un gobierno de coalición, como demandan los líderes de esta formación, en esta región. Los socialistas, mientras tanto, se quedan con 18 diputados de los 67 del legislativo aragonés y no serán protagónicos en los próximos cuatro años.

En lo que respecta a la izquierda situada a la izquierda del PSOE, solo la Chunta Aragonesista salva los muebles, duplicando escaños —de tres a seis— y votos, al obtener casi el doble que en los comicios de 2023: de 34.000 sufragios pasa a 63.000. Izquierda Unida (IU) consolida el escaño obtenido en 2023 y pierde algo más de un millar de votos, un mensaje claro e inequívoco de que su discurso sigue sin calar en la mayoría social del país. Pero, de todos estos grupos, el que se ha llevado la peor parte es Podemos, que ha pasado de 26.000 votos a algo más de 6.000 y ha perdido su escaño: cero patatero. Está claro que las performances feministas y las invocaciones al reemplazo poblacional de Irene Montero, Ione Belarra y Cristina Fallarás no solo no funcionan en términos electorales, sino que resultan contraproducentes y generan un claro rechazo en su electorado más moderado, que ha huido literalmente hacia formaciones políticas más sensatas.

En cualquier caso, el resultado de las elecciones en Aragón es un adelanto de lo que puede suceder en unas próximas elecciones generales en España. No hablamos ya de encuestas o sondeos, sino de voto real en una comunidad que representa la pluralidad política y social del país y en la que el elemento nacionalista, como ocurre en Euskadi y Cataluña, no es determinante. A nivel nacional, considerando estos elementos, podría darse un escenario parecido, con resultados extrapolables a los tres grandes partidos (PP, PSOE y Vox), dejando a los socialistas sin capacidad para aunar el voto de izquierdas —como pretendía Sánchez— y a los populares cada vez más dependientes de Vox para gobernar.

Como lección política que deberían aprender los dos grandes partidos gobernantes y alternantes en las instituciones —central, autonómica y local— cabe señalar que el llamado cordón sanitario contra la extrema derecha no ha funcionado ni funcionará. Solo sirve para dejar a Vox fuera de responsabilidades políticas y sin desgaste, al no participar en la toma de decisiones. Mientras sigan aferrados a ese inútil cordón sanitario, Vox seguirá creciendo elección tras elección, y no es descartable que algún día le pise los talones al PP, como ya ocurre en otras partes de Europa, donde la extrema derecha supera a los partidos moderados de la derecha clásica —Italia, Francia, Austria, Alemania, Hungría y, probablemente pronto, el Reino Unido—. Normal: si pierdes el polo a tierra con la realidad de tus electores, como le sucede al PP, acabas yéndote a pique.

Por último, y como otra gran enseñanza de estas elecciones aragonesas, la izquierda debería tomar nota de que azuzar el miedo a que vienen los “fascistas” ya no funciona ni moviliza al electorado; incluso ese argumento cae en saco roto sin que las izquierdas obtengan provecho alguno. Ya nadie se cree ese cuento. Los ciudadanos quieren que los partidos políticos les solucionen problemas reales —la escasez de vivienda, el desempleo, la ocupación de viviendas, entre otros— y no que les vengan con cuentos chinos. O cambian el discurso, algo que parece realmente difícil porque actúan y hablan desde postulados demagógicos e ideológicos inamovibles, o acabarán desapareciendo para siempre, como ha ocurrido con tantos partidos de izquierda a nivel continental. Tiempo al tiempo.

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