NAZIS Y ANTISEMITAS MILITANTES EN LA ESPAÑA DE FRANCO
Por Ricardo Angoso
Aunque España no se adhirió oficialmente a la causa nazi con sus tropas ni colaboró en la deportación de judíos a los campos de la muerte, como sí hicieron otros países europeos, el régimen de Franco envió a la División Azul a luchar codo a codo con los alemanes en el frente del Este y creó un “Archivo Judaico”, en colaboración con la siniestra Gestapo, para fichar a todos los judíos locales.
El uno de abril de 1939 termina la guerra de España, una vez derrotada la Segunda República tras una larga agonía, intensas divisiones internas-incluso con una mini guerra civil en Madrid entre los comunistas contra los socialistas moderados y los anarquistas- y varios reveses militares. Comenzaba la larga dictadura franquista. Francisco Franco, ya apuntalado en la cima del poder sin discusiones ni fisuras frente a su liderazgo, nombró como ministro de Asuntos Exteriores a un filonazi como Ramón Serrano Suñer, conocido como “el cuñadismo”, por estar casado con una hermana de la esposa del dictador.
Serrano Suñer, que estuvo en el cargo entre 1940 y 1942, mantuvo una política exterior claramente cercana al Eje e intensificó las relaciones políticas, diplomáticas e incluso económicas con la Alemania Nazi. Firmemente creyente en las ideas nazis y simpatizante sin mácula de duda del dictador Adolfo Hitler, Serrano Suñer contribuyó de forma decisiva al envío de la División Azul al frente ruso en 1941. Como ministro de Asuntos Exteriores del régimen de Franco, tras la invasión alemana de la Unión Soviética (Operación Barbarroja, en junio de 1941), defendió la idea de enviar voluntarios españoles para combatir al comunismo junto a Alemania, evitando así una entrada formal de España en la Segunda Guerra Mundial.
De hecho, su discurso del 24 de junio de 1941 (“¡Rusia es culpable!”) simboliza ese alineamiento ideológico y político con el Eje y fue pronunciado en la despedida de los voluntarios de la División Azul a los frentes de guerra. El ambiente que se respiraba entonces en Madrid, cuando Alemania todavía no había sufrido ningún revés militar y había ocupado medida Europa, era de euforia, abierta simpatía hacia la Alemania nazi y fervorosa propaganda filonazi y antisemita en los medios de comunicación oficiales -los únicos tolerados, todo hay que decirlo-.
MADRID, UN HERVIDERO DE COLABORADORES NAZIS
Uno de los mayores propagandistas nazis en la España de Franco fue el periodista Victor De la Serna, quien fuera director del diario de Informaciones, uno de los medios más fanáticos en su momento en la defensa de la Alemania nazi. De la Serna visitó Berlín y el frente ruso, donde estaba la División Azul, en varias ocasiones, para mostrar sus simpatías nazis durante la contienda mundial.
Amigo personal del nazi argentino Carlos Fudner, De la Serna lo protegió durante su estancia en España tras la derrota alemana, usando sus estrechos contactos con la Cruz Roja. Posteriormente colaboraría con Fuldner y otros en la fuga de refugiados nazis hacia Sudamérica, especialmente hacia Argentina, donde se refugiaron centenares de criminales de guerra, entre ellos el tristemente conocido Adolf Eichmann. También fue un gran amigo del conocido nazi Otto Skorzeny, antiguo líder de comandos durante la guerra mundial. De la Serna llegaría a actuar como testigo de Skorzeny durante su boda en El Escorial, en 1954. Nunca renegaría de sus ideas nazis y simpatizó con las mismas hasta su muerte, acaecida en el 1958.
Un gran amigo de este periodista y propagandista fue José Finat, más conocido como el conde de Mayalde. Amigo íntimo de Serrano Suñer, el noble se convirtió en esos años en el hombre de la Alemania nazi en Madrid. Como Director General de Seguridad del régimen, Mayalde inició la cooperación con los nazis e implicó al jefe del la Gestapo en Madrid, Paul Winzer, en un programa bajo su dirección para instruir a la policía secreta franquista.
En el mes octubre de 1940, Himmler realizó una visita a España por invitación de Finat, que fue su anfitrión durante el viaje. Recibió al líder nazi en Irún, acompañado por el general López Pinto, Paul Winzer y Hans Thomsen—jefe del Partido nazi en España—. Posteriormente, ya en Madrid, Finat ofreció un banquete a Himmler y otros jerarcas nazis en el hotel Ritz. Finat incluso llegó a organizar una corrida de toros en Las Ventas en honor al comandante de las SS y también propuso que a Himmler le fuera impuesta la Gran Cruz de la Orden Imperial del Yugo y las Flechas. Aparte de ser un fiel adulador de los nazis, el conde de Mayalde fue uno de los principales organizadores del “Archivo Judaico”, un registro elaborado por la policía franquista tras la Guerra Civil española para identificar y vigilar a los judíos residentes en España y que fue creado tras la visita de Himmler a España. ¿Qué hubiera pasado con nuestros judíos de no haber caído el régimen nazi, hubieran tenido la misma suerte que otros en otras naciones simpatizantes de los nazis?
UNA FAUNA VARIOPINTA
Mención aparte en esta lista es la del escritor Ernesto Jiménez Caballero, uno de los primeros apóstoles de las ideas fascistas tan en boga en la Europa del momento, pero sobre todo de las puestas en la práctica en Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler. Jiménez Caballero, siguiendo la estela de otros, también llegaría a simpatizar con las ideas nazis. En el diario ABC hemos podido leer esta nota curiosa sobre este personaje:”El hispanista Arturo Farinelli le presentó al siniestro Goebbels y trabaron algún tipo de amistad estrafalaria. La nochebuena de 1941 Giménez Caballero cenó en casa de los Goebbels. A éste le regaló un capote de luces para que torease a Churchill y con los niños montó un belén. Incluso dijo que hubo un amago de flirteo mutuo entre él y la bellísima Magda Goebbels”. Real o no la anécdota misma ilustra ese ambiente de ciega admiración de muchos de nuestros periodistas e intelectuales de entonces por el nazismo imperante en Europa.
Otro personaje que no debe faltar en esta auténtica fauna filonazi es el escritor, poeta y propagandista español de filiación falangista e inclinaciones antisemitas y nazis Federico de Urrutia, amigo íntimo de José Antonio Primo de Rivera y fundador de primera hora de la Falange. Colaborador con Josef Hans Lazar–organizador de la propaganda nazi en España a las órdenes del mismísimo Goebbels-, el periodista Javier Domínguez Arribas coloca a Urrutia como el principal agente español de un plan extensivo de propaganda nazi en España desarrollado a comienzos de 1942.
Urrutia publicó La paz que quiere Hitler, libro apologético del papel del Tercer Reich como iniciador de la Segunda Guerra Mundial al invadir Polonia y fue editor, en 1940, de Poemas de la Alemania eterna, un libro de poemas que idolatraba a Adolfo Hitler situándole como «restaurador de una Germania heredera de los Nibelungos y campeona de la cruz frente a judíos, masones, capitalistas y comunistas».
Evidentemente, tras la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial y el final de la Alemania nazi, el régimen de Franco fue evolucionando, sobre todo a partir de la salida de Serrano Suñer del Gobierno franquista, hacia posiciones más moderadas y acercándose a los aliados, pero muy especialmente hacia los Estados Unidos y el Reino Unido. Franco comprendió muy pronto, dejándolo claro con el nombramiento del britanófilo Francisco Gómez-Jordana Sousa, conocido como el Conde la Jordana, que Alemania perdería la guerra y que un acercamiento a los vencedores en la misma sería vital para la supervivencia de su régimen.
A partir de ese momento, en una dictadura tan poco dada a abrir espacios de debate, las cosas quedarían zanjadas y el filonazismo pasaría de ser un tema de orgullo público a una mera y breve a anécdota vergonzosa en las biografías de la mayor parte de los intelectuales orgánicos del régimen. Unos años más tarde, en 1954, cuando llegaron los últimos combatientes de la División Azul detenidos por los rusos, el recibimiento sería frío, casi clandestino y sin celebraciones oficiales ante tan molestos visitantes regresados de un largo cautiverio.