Salvador Allende, un mito, nada más

El socialismo de Allende
El cuarenta aniversario de la “caída de Allende”­condensación verbal con que se conoce el conjunto de acontecimientos que giran en torno a una fecha de la historia chilena
OSWALDO BARRETO

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El cuarenta aniversario de la “caída de Allende”­condensación verbal con que se conoce el conjunto de acontecimientos que giran en torno a una fecha de la historia chilena, el 11 de septiembre de 1973­, ha sido conmemorado en el mundo entero de tal manera que se ha puesto en evidencia que el trauma sufrido por la sociedad chilena que se data con esa fecha es asunto de alcance universal.

Como todo trauma del género, este ha sido ocasión para que, en base a investigaciones individuales o de equipos, que, bien aportan nuevos elementos, o formas nuevas de leer los ya conocidos, que, al suministrar nuevas pruebas, indicios, sugerencias, permiten revisar la historia.

Filmes que se daban por perdidos (como El diálogo de América, que narra en toda su extensión la entrevista de Allende con Fidel Castro, que, recuperado recientemente nos puede ilustrar sobre esa tan decisiva relación con solo entrar en Google), documentos desclasificados en EEUU, elaborados por Wikitur, que nos informan sobre la participación y responsabilidad de factores tales como Instituciones públicas de EEUU. O empresas privadas de ese país, pero también de instituciones públicas o privadas de Chile, como las Fuerzas Armadas, los partidos políticos, sectores de la Iglesia o agrupaciones de mujeres o propietarios privados de medios de transporte.

Tormenta de información y análisis, potenciada considerablemente por las nuevas técnicas de comunicación y difusión, que nos permiten conocer más cerca y con mayor profundidad lo que sucedió durante, antes y después de aquel 11 de septiembre de 1973.

Visión y revisión de una fecha que, como hemos dicho, ha sido asunto de interés global, pero en las que los hacedores de opinión de Venezuela, nuestros concientizadores ­que sean políticos, comunicadores o académicos de todas las procedencias sociales, políticas o ideológicas­, han encontrado una particular manera de insertarse, o, diríamos más apropiadamente, una particular manera de dejarla de lado.

DE TE FABULA NARRATUR: HABLAMOS DE CHILE
No nos hemos quedado atrás los venezolanos en la conmemoración del 11 de septiembre. Comentarios y análisis en todos los medios, foros y reuniones académicas y manifestaciones de calle más que en cualquier otro país, con la excepción del propio Chile.

Pero en todos estos actos, en todas estas manifestaciones, que sean de pensamiento, palabras u obras, el referente principal es nuestro aquí y ahora, nuestra actual situación y no la de Chile.

Nos ocupamos ciertamente de la historia chilena, pero, consciente o inconscientemente, damos por sentado que esa historia nos habla de nosotros, De te fabula narratur, como nos dice la sentencia tomada de Horacio.

Fenómeno este que, como está en capacidad de comprender cualquier venezolano en uso de razón, ocurre porque todos identificamos lo que sucede en Chile con lo que está sucediendo en Venezuela, pues se trataría de dos países donde se ha buscado construir el socialismo. Identificamos sin más, la “construcción del socialismo que intentó Salvador Allende”, cuando salió triunfante en las perfectamente democráticas y constitucionales elecciones presidenciales de 1970 con el “socialismo del siglo XXI”, que el chavismo trata de imponer en Venezuela desde el momento en que Chávez, ya presidente y en el cenit de su personalismo autoritario lo decidió.

Y, en consecuencia, cuando nos ocupamos de los actores (virtuales o reales) endógenos o exógenos, y de sus respectivos roles en ambos procesos, se nos antoja, consciente o inconscientemente, que son similares, si no idénticos.

Mutatis mutandi, cuando pensamos en la caída de Allende y los factores que la hicieron posible, nos encontramos con el mismo imperialismo y sus conocidos centros de poder, el Departamento de Estado, la CIA, las grandes corporaciones y la Casa Blanca: Y adentro: las oligarquías, los comerciantes y, sobre todo, las Fuerzas Armadas.

Ya no existe aquel mundo bipolar ni aquel asfixiado y asfixiante ambiente de guerra fría; ya está más que probado que las Fuerzas Armadas de Chile actuaron cuando creyeron tener las pruebas de que la institucionalidad de ellas y de toda la nación estaba en peligro y no porque obedecían órdenes foráneas y se sabe ya también lo que había de absolutamente falso y tendencioso de que en Chile había presencia de hombres, armas y capitales extranjeros, provenientes de Cuba, de la URSS, de Corea y en negociaciones con China para obtenerlo también de ese país. Se persiste, sin embargo, en extrapolar a nuestro país lo que sucedió n Chile, antes durante y después de las “Caída de Allende”

NÁ QUE VER, DIRÍAN Y DICEN LOS CHILENOS
Pero esta obsesión comparatista, esta cómoda manía que tenemos, tanto a en el gobierno como en la oposición, de recurrir a la comparación para ahorrarnos la reflexión sobre las verdaderas razones para esperar o para desesperar, persiste en nosotros.

A pesar de que no hay dos procesos más distintos el uno del otro de lo que fue y ha sido el proyecto socialista de Salvador Allende y el pseudoproyecto comunista que quiso imponernos Hugo Chávez y que aún lo consideran viables sus herederos, a pesar de todo cuanto nos hacen vivir y están viviendo ellos mismos.

Nos proponemos en sucesivas Coordenadas analizar, lo más detenidamente que nos sea posible, las diferencias entre uno de esos proyectos ­el socialismo democrático y constitucional de Allende y el pseudocomunismo de Chávez­.

Partiremos, en nuestros futuros análisis de la diferencia radical que existe entre las posibilidades de suscitar cambios socialistas dentro de un marco estrictamente democrático y batallándose por que esto cambios cuenten con “las tradiciones, la historia y la participación” de todos los ciudadanos y las posibilidades de imponer, a como dé lugar cambios que ni en las tradiciones, ni en la historia, ni en sector social alguno se habían presentado.

Y concluiremos mostrando que Allende pudo ser derrocado con la acusación de que estaba dejando de ser lo que hasta su muerte dijo que quería ser “un luchador por la libertad y la dignidad dentro del marco estricto de la democracia y la constitucionalidad” para convertirse en un seguidor de Fidel Castro.

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