
No me gusta de antemano cierta extravagancia que se hace presente en este exitoso presentador cuyos cuarteles los tiene instalados en Miami, aunque quizás se comporte así para obtener a través de la polémica y la beligerancia inteligente, no exenta de cinismo, el más alto rating posible en su cautiva audiencia.
Lo cierto del caso es que el señor Bayly, sin querer queriendo, y desde su programa televisivo, se ha convertido en el verdadero vocero de la posición “dura” venezolana. Y decimos “dura”, porque luego de un mes del descalabro electoral, y donde Chávez y su combo fueron una vez más relegitimados y maquillados como demócratas, por un sistema electoral evidentemente sospechoso, nuestra oposición “blanda”, con una candidez que sorprende, parece no solo auto-suicidarse en las redes de la celada impuesta, sino que le otorga al caudillo unas virtudes democráticas de las cuales carece.
Y lo que es peor, nos venden la cobarde idea acerca de una Venezuela como el mejor país del mundo en la triste hora actual.En las décadas del 40 y 50 del siglo pasado, el país entró en un acelerado proceso de modernización urbana, sin plan ni compromiso, y el desarraigo se instaló en forma de pobreza, marginalidad y rancho alrededor de las grandes ciudades, circunstancia ésta deplorable, y que el mesianismo actual ha sido incapaz de revertir, por el contrario, y con la buena dosis de irresponsabilidad que le caracteriza, ha profundizado aún más.
Hoy, Jaime Bayly, sin necesidad de vivir en Venezuela, es quizás uno de los pocos en percibir, y lo más importante, en denunciar a viva voz, lo que la erosión chavista, luego de catorce años, ha producido en la otrora promisoria Venezuela. Y en esto, obviamente que Bayly goza de nuestra simpatía y empatía. Aunque es obvio pensar qué tan decidido sería si le tocase decir lo que dice viviendo en Venezuela.
Capriles Radonski, qué duda cabe, tuvo un performance político-electoral positivo, aunque en el momento de reconocer la derrota, lo notamos “simpático” y un tanto “zanahoria”, es decir, no lo percibimos guerrero ni lo suficientemente audaz, para decirle a un país en vilo, que se perdió porque el adversario impuso unos procedimientos antidemocráticos inaceptables.
Que el mecanismo electoral chavista, conocido con las siglas CNE, es “perverso” (María Corina Machado, dixit) y que las dudas acerca de su transparencia son algo consistente.
Hoy en Venezuela necesitamos, en los pocos espacios de libertad que aún quedan, líderes opositores, con el talante de Bayly, claros, muy claros, en identificar al adversario político, y desnudarlo ante la opinión pública bajo la premisa de su comportamiento antidemocrático y pícaro; de lo contrario, terminamos por volvernos cómplices de esta desolación, que se hace presente en la Venezuela del siglo XXI.