Bucha, el Srebrenica ruso

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BUCHA, EL SREBRENICA RUSO
 
Los civiles de Ucrania se han convertido en un objetivo de las fuerzas rusas y el asesinato de 400 civiles en Bucha es comparable a la masacre de Srebrenica en 1995 a manos del ejército serbobosnio. Estamos ad portas de un genocidio, tal como asegura el presidente ucraniano, Volodimir Zelesnki.
 
Por Ricardo Angoso
 
El mundo ya despertó y se acabó la inocencia. Putin es un criminal de guerra comparable a Hitler o a Milosevic. Este asesino, que no merece otro nombre, encarna hoy un destino similar al de los grandes criminales de la historia. Si nos escandalizamos con las masacres de Ruanda, Bosnia y Herzegovina, Siria y Chechenia, ahora el mundo asiste atónito a los ataques y bombardeos indiscriminados rusos contra objetivos civiles en Ucrania. Hasta Siria puede quedarse pequeña en brutalidad y destrucción a tenor de las imágenes que nos llegan desde el frente ucranio.
 
Bucha, esa pequeña ciudad donde los rusos han perpetrado los más abyectos e innombrables crímenes, pasará ya a la historia de la infamia, a ese largo capítulo de brutales atrocidades cometidas en nombre de Rusia por un ejército de bárbaros que allá por donde pasan siembran el terror, el horror y el crimen. Igual que hicieron en Chechenia y en Siria sin que el mundo hiciera nada de nada, ni moviera un dedo, los rusos asaltan ciudades, arrasan edificios y objetivos económicos, asesinan a civiles indefensos, mujeres, ancianos y niños incluidos, y convierten a ciudades antaño prósperas y bellas en un amasijo de ruinas y desolación.
 
Pero no solamente en Bucha se han cometido horribles crímenes, sino que en otras ciudades, como Mariúpol, los rusos han perpetrado violaciones de los derechos humanos masivas contra la población civil, tal como ha denunciado el alcalde de esta abatida ciudad, Vadim Boychenko. Al parecer, después de cometer el trabajo sucio, Rusia ha ordenado la destrucción de cualquier evidencia de los crímenes cometidos por su Ejército en Mariúpol. La vergüenza y la deshonra como militares le perseguirá durante mucho tiempo al Ejército ruso, implicado y envuelto en una guerra cruel, injusta y salvaje. “Los racistas han convertido toda nuestra ciudad en un campo de exterminio”, contaba Boychenco y agregaba: “Esto ya no es Chechenia o Alepo. Es el nuevo Auschwitz y Majdanek”.
 
Las pruebas de la matanza de Bucha, además, no dejan lugar a la duda, por mucho de que el Kremlin hable de “montaje” y acuse a los ucranios de haber montando el supuesto escenario trucado, y los servicios secretos alemanes, el famoso BND, han grabado conversaciones entre soldados y oficiales rusos en que se desvela el plan para llevar a cabo esas acciones y donde se conocen detalles de las mismas. Las informaciones que nos llegan desde esta ciudad son a todas luces muy trágicas y las autoridades del país denunciaron el hallazgo de los cuerpos de más de 400 personas, algunas con signos de tortura y balazos en la nuca.
 
Al referirse a estos hechos, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ya habla abiertamente de un genocidio, una condición que en Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, solo ha sido reconocida en la masacre de Srebrenica, cuando más de 8.000 hombres y niños bosnios fueron asesinados por una unidad del ejército serbobosnio en 1995 y enterrados en fosas comunes, en el contexto de la guerra civil bosnia. Bucha, otra palabra que, por obra y gracias de las hordas rusas que machacan Ucrania, se convertirá en sinónimo de muerte.

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