C. Gaviria. Líder izquierda Colombia. “No comparto ni el modelo ni las formas de Hugo Chávez”

carlos_gaviria_grande_287_262Carlos Gaviria es, a sus 72 años, uno de los líderes míticos de la izquierda colombiana. En las últimas elecciones presidenciales, en las que se batió con el actual presidente Álvaro Uribe, obtuvo un resultado histórico para la izquierda de Colombia. También convirtió a su formación, el Polo Democrático Alternativo (PDA), en un referente en la política de su país y en una opción sólida y responsable. Ahora, alejado de la arena electoral, tras haber perdido en la consulta interna de su partido frente al “reformista” Gustavo Petro, analiza de una forma racional y objetiva los últimos acontecimientos acaecidos en la política colombiana y se atreve a profetizar acerca del futuro que le espera  a su país.

¿Qué balance haría de estos ocho años de uribismo?
Carlos Gaviria: Yo pienso que en estos ocho años de gobierno de Uribe el país ha retrocedido de una manera significativa en materia de democracia. Además, a diferencia de Uribe, creo que en Colombia no hay una “democracia profunda”, como nos dice el presidente, sino que considero que vivimos un germen de democracia; estamos construyendo ahora este sistema político. Luego, un gobierno tan mesiánico como el de Uribe hizo retroceder a Colombia en muchos aspectos, muy especialmente en la vigencia de los derechos de primera generación, como los relativos a la libertad de expresión, de prensa, de movimiento y de intimidad, que ha sido violado y desconocido durante esta administración, sobre todo debido a las interceptaciones de comunicaciones con el objeto de entrometerse en la vida privada de los magistrados, de los opositores, y, en general, de todas aquellas personas que la actual administración considera incómodas.

Y, por otra parte, se ha entorpecido la actividad política de la oposición de una forma clara. Si a todos estos aspectos, que considero criticables en cuanto se cercenaron las libertades, sumamos la ligazón y dependencia del país con los Estados Unidos, considero que estamos en una situación mucho más desventajosa y negativa que hace ocho años.

¿A qué atribuye el probable fracaso de la izquierda colombiana en las próximas elecciones tras aquel éxito que tuvo su candidatura en el 2006, cuando obtuvo más del 23% de los votos?
Aquellas elecciones fueron un hito histórico para Colombia, llegamos hasta a superar a los liberales y nos convertimos en la segunda fuerza política. Fuimos capaces de sacar a la izquierda de su marginalidad política y dimos un gran paso hacia delante en el país. Infortunadamente, ahora nos encontramos en una situación mucho más difícil y compleja, atravesamos problemas y eso se traduce también en nuestras posibilidades electorales.

La pregunta es clara: ¿a qué atribuye ese auge y después caída de la izquierda?
En mi opinión, convergen razones de índole externa e interna para explicar esa crisis del Polo. Las externas tienen que ver como el establecimiento colombiano, donde hay sectores que se sienten amenazados por una propuesta democrática de izquierda, que nunca pensaron que podíamos consolidarnos y alcanzar resultados significativos en el país. Así se comenzó una estrategia de desprestigio, incluso satanización, que trataba de vincular al Polo con la lucha armada, en concreto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y más tarde con el régimen de Chávez, que en Colombia tiene una gran impopularidad. Y entonces, a fuerza de repetir tales argumentos, llegó a calar en determinados sectores sociales dicho estado de opinión y nos afectó muy negativamente.

Pero tampoco voy a obviar que hay problemas internos, que han consistido en que los debates y las discusiones internas que tenían que haberse resuelto de puertas para adentro se tramitaron públicamente y fueron utilizadas por el establecimiento para desacreditarnos y desautorizarnos.  Nuestra crisis interna fue utilizada por nuestros enemigos para intentar destruirnos, aunque ello sin eludir nuestra propia responsabilidad al no haber sabido encauzar el debate por otras vías y sin que hubiera sido de público conocimiento. Luego, por último, no olvidemos que en los últimos tiempos hemos asistido a una derechización intensa del país de la mano del presidente Uribe, que nos ha afectado y de la cual no hemos sabido ni podido sustraernos.

¿Cómo examina el desarrollo de la campaña electoral?
Soy pesimista para el Polo, creo que tenemos que hacer un gran esfuerzo para que esta fuerza política, más allá de los resultados de las próximas elecciones, subsista y se consolide. Creo que más allá de las coyunturas electorales tenemos que ser capaces y esforzarnos por que el Polo siga siendo un referente político después del 30 de mayo, al margen de los resultados que obtengamos, como ya he dicho y vuelvo a reseñar. El Polo debe ser un instrumento de transformación permanente desde la izquierda y no debe quedar, como le ha ocurrido tradicionalmente a la izquierda colombiana, en algo efímero y pasajero. Estamos en el peor de los mundos, en estas elecciones, pues se le ha puesto a los colombianos en la disyuntiva de elegir entre lo malo y lo peor. Ante ese dilema, parece que hay elegir por lo malo, Antanas Mockus, y eso dejaría al Polo en el camino por apoyar propuestas que son las del establecimiento y no de la izquierda. El único capital del candidato Mockus es su intachable carrera y su incorruptible ética, que para mí no debería ser un plus del candidato, sino algo que se supone si estás en política. Un candidato presidencial, creo, debe tener una hoja de vida impecable, pero eso no es, desde luego, un programa de gobierno para el país. Es necesario que se evalúen los medios para subir en las encuestas, pero también para examinar sus propuestas programáticas y la viabilidad de las mismas.

En este sentido, y volviendo a nuestras propuestas, creo que lo hace falta es un programa que cambie el actual status quo del país, luchando contra la exclusión, las abismales brechas entre ricos y pobres y el desempleo generalizado en Colombia. La lucha contra la inequidad social sigue siendo algo fundamental en la política colombiana, pero nos encontramos con que sigue sin ser la bandera de la mayor parte de los candidatos presentes en las elecciones.

¿Qué se puede hacer con este desafío que implica la existencia de las FARC?
El presidente Uribe jugó su carta a la “seguridad democrática” y la opinión pública sufrió un proceso de embotamiento. Es cierto que a las FARC se les fue ganando terreno y se avanzó, pero no es menos cierto que esa política auspiciada por el presidente, pese al apoyo social que tenía en la lucha, tenía altos costes para el país, sobre todo en materia de derechos humanos. En una sociedad democrática madura no pueden existir casos como, por ejemplo, los “falsos positivos”, en los que fueron asesinados centenares de jóvenes, y que consiste en que bajo el señuelo de la lucha antiguerrillera se cometieran crímenes imperdonables como los que me refería. Pero, desgraciadamente, a la gente parece importarle poco esas cosas y en el mismo año en que se descubrieron esos abominables crímenes al ministro de defensa responsable de aquella situación, el candidato Juan Manuel Santos, le dieron un premio los medios de comunicación, en un gesto aberrante, como personaje del año. Incluso ahora el candidato Santos está muy bien situado en las encuestas y goza, en un gesto que nos debería preocupar, de una alta popularidad en el país. Me parece sorprendente.

¿Qué desafíos tendrá encima de la mesa el próximo presidente colombiano?
El presidente Uribe ha tenido una propuesta para el país absolutamente negativa, incluso me atrevería a decir que perversa pero muy coherente con su pensamiento. Uribe ha negado siempre que en Colombia haya un conflicto interno y así se evitaba la existencia de un derecho humanitario en el país. Sin conflicto interno no hay, por tanto, que examinar las causas del mismo. Sin embargo, yo creo que habría que analizar la existencia de la pobreza, de la miseria generalizada del país, la brecha entre ricos y pobres, entre otros aspectos, para comprender muchas cosas que suceden en esta nación desde hace décadas y que el gobierno niega.

Uribe siempre ha pensado que para acabar con este conflicto sólo había la vía militar sin entender los antecedentes expuestos anteriormente y obviando los mismos. El diálogo siempre fue desdeñado y también el “acuerdo humanitario”, debido sobre todo a que se negaba el conflicto interno y se afianzaba la tesis de que era sólo terrorismo. Para lograr espacios de diálogo que generan soluciones políticas entre las partes, hay que asumir primero la existencia de ese conflicto interno al que me refería ante. El conflicto tiene sus raíces, que son sociales, y debe ser afrontado con mayor amplitud de miras y realismo, algo que no ha hecho el presidente Uribe y que nos ha llevado al actual estado de cosas.

¿Y qué otros problemas, aparte del terrorismo, acechan al país?
Creo que el próximo presidente, si de veras quiere tener éxito al frente del país, tiene que tener una agenda política muy distinta a la del presidente Uribe. Se deben atacar, creo, los factores generadores del conflicto que asola al país y tomar en serio el Estado social de Derecho, la universalización de los derechos fundamentales y culturales y una agenda social que en este gobierno saliente pasó a un segundo plano. También se debe de abrir un espacio de diálogo que supere esa idea de que sólo el Estado tiene la competencia de las armas, de usar la fuerza, e ir hacia un proceso de comprensión del conflicto que lo socave atacando las raíces sociales a las que me refería antes. Hay factores que lo han generado y no se pueden obviar, tienen que ser afrontados, entendidos y superados.

¿Cómo ve el futuro de Colombia tras estas transcendentales elecciones?
No tengo muchas esperanzas, pues Mockus no es tan antiuribista como parece. Por ejemplo, está a favor de las bases norteamericanas en suelo colombiano, de la política de seguridad democrática del presidente Uribe; por tanto, mantengo mi cautela con dicho candidato. Estamos en un dilema que pasa por un continuador claro de las políticas de Uribe, como es Santos, o un continuador atenuado que no ofrece nada nuevo, que es Mockus. Sin duda, Mockus tiene más sentido ético, pero no tiene en su propuesta política una agenda social como algo prioritario, lo cual, dicho sea de paso, me preocupa.

¿Cómo examina desde la izquierda colombiana los continuos ataques e intromisiones de Chávez en la vida política de su país?
La pregunta es sumamente importante. Lo primero que creo es que no se puede tener, para atajar ese problema, una visión tan maniquea del mismo, tanto en Venezuela como en Colombia. Chávez hace ver a sus conciudadanos de que todos sus problemas tienen que ver con que en Colombia hay un gobierno perverso, mientras que en Colombia se hace ver desde ciertas instancias oficiales que el origen y responsabilidad de esta crisis es de Venezuela. Las relaciones han sido mal manejadas por las dos partes y, desde luego, no parece que los presidentes de ambos países estaban en condiciones de convivir civilizadamente como tenían que haber hecho aunque tuvieran agendas políticas distintas. Yo creo que el pluralismo, que es una regla de convivencia interna constitucional, debe también primar en las relaciones exteriores, en el sentido de independientemente de cual sea la agenda política de nuestros vecino debemos convivir con ellos. Pero cuando se le atribuye toda la culpa a Chávez, cuyo estilo no comparto, cuyas propuestas tampoco me gustan, creo que es una injusticia porque también Colombia ha dado lugar a que las relaciones con Venezuela y Ecuador no marchen bien. Colombia ha cometido graves errores, como secuestrar a un miembro de las FARC de una forma ilegal en territorio venezolano, y eso debe ser asumido. Las relaciones exteriores deben regirse por el respeto al derecho internacional. La diplomacia colombiana no ha sabido manejarse en sus relaciones con Venezuela y Ecuador, y creo que el próximo presidente debe afrontar todos estos problemas que están encima de la mesa.

¿Se mira el Polo en el espejo chavista, lo considera un referente ideológico?
En mi opinión, no hay una izquierda continental, sino varias, una suerte de pluralidad que va más allá de quien sea el presidente del país en un momento concreto. Cada izquierda tiene su propio acervo y bebe de las características genuinas de cada país. No hay un modelo único, sino un conjunto de fuerzas que actúan de acuerdo a las realidades de cada país y al contexto concreto de las sociedades en las que se desarrollan sus políticas. Nuestro proyecto, o al menos el mío, pasa por una reivindicación de lo social, de superación de la desigualdad, pero con un estricto respeto a los derechos y libertades fundamentales de todos los seres humanos.

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