Los tontos útiles de Putin

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LOS TONTOS UTILES DE PUTIN

Los hay de derechas o de izquierdas, judíos y cristianos, europeos y latinoamericanos, pero todos defienden sin ningún pudor y sin caérseles la cara de vergüenza la brutal agresión perpetrada por Rusia contra Ucrania. No se les cae la cara porque no la tienen, simplemente quedaron abducidos por la brutalidad de Putin y rendidos ante la barbarie rusa.

Por Ricardo Angoso

Abundan en todas partes y en todos los países, los hay de derechas y de izquierdas, judíos y árabes, mestizos y blancos, racistas y defensores de los derechos humanos…Son como una plaga, una suerte de pandemia política que se asoma en los medios de comunicación, en nuestras tertulias diarias, en las conversaciones de calle, en los programas de televisión y en las páginas de nuestros periódicos. Aparecen en todas partes y repiten machaconamente los mismos argumentos que el dictador ruso, Vladimir Putin, para justificar la guerra y ocupación de Ucrania, para seguir bombardeando este país y asesinar a miles de civiles indefensos.

Ya han huido de Ucrania once millones de personas a merced de la “operación especial” de Putin y varios miles más han sido asesinados, desplazados hacia el interior de Rusia y de otros miles más nunca más se supo, como los casi tres mil capturados del Batallón de Azov que cayeron en manos rusas y cuyas penalidades, sino la brutal tortura y la muerte, serán inmensas. Todos sabemos como se las gasta Putin, como bombardeó y arrasó sin piedad a Chechenia, como se anexionó Crimea en contra del derecho internacional, cómo armó a las milicias del Donbás para provocar una guerra secesionista contra Ucrania que ha causado más de 15.000 muertos y ahora, provocando esta guerra absolutamente injusta, le estamos viendo de nuevo actuar, masacrando al pueblo ucraniano y arrasando con su aviación ciudades enteras, en las mueren a diario mujeres, ancianos, niños y hombres indefensos.

Pero nada, los tontos útiles de Putin, como los de Lenin, siguen argumentando que Ucrania no tiene sentido como nación, que es un Estado nazifascista y que fue la OTAN la que provocó la guerra por haber ampliado sus fronteras hacia el Este de Europa, cuando realmente lo que ocurrió fue que la voluntad democrática de naciones enteras de esa parte del continente y otras subyugadas por el imperio soviético -el “imperio del mal” que decía el bueno de Reagan- fue lo que llevó a estos países que habían abandonado el comunismo a abrazar la familia atlantista y europea. Prefieren la Europa libre y democrática que la abyecta dictadura neofascista y criminal de Putin. Lógico.

Los tontos útiles no entienden nada porque el fondo justifican e incluso gozan con esta “guerra de ricos” en Europa y les satisface ver las ciudades devastadas, los cadáveres de los miles de asesinados por las hordas putinescas, las mujeres con sus niños en brazos huyendo de escenarios apocalípticos y las caras de horror de miles de refugiados que huyen dejando atrás todo lo que habían construido a lo largo de su vida sin entender siquiera porque los matan. No se entiende que haya hasta judíos, incluso en Colombia y otras partes del mundo, apoyando a ese nuevo Hitler que es Putin y que ahora callen ante esta nueva edición del 1 de septiembre de 1939, cuando el dictador nazi arrasó Polonia a sangre y fuego para, a renglón seguido, exterminar a seis millones de judíos y tres millones de polacos. Putin ya tiene en su haber el haber asesinado a varios de los sobrevivientes del Holocausto en sus bombardeos sobre las ciudades ucranias. Pero eso no importa, los tontos útiles siguen repitiendo los argumentos del sátrapa ruso porque no tienen alma ni conciencia ética ni moral. Son una basura como él.

Después, cuando termine la guerra y descubramos horrorizados los crímenes cometidos por los rusos en Ucrania, estos fantoches e inmorales gritarán al unísono que no sabían nada y que apenas se enteran de la verdadera dimensión de la tragedia. Mentira. Son como los cínicos alemanes de después de la guerra aseguraban no saber nada de los campos de exterminio nazi ni haber oído nada de los mismos.

A diario sabemos por los medios de comunicación cómo los rusos bombardean ciudades y pueblos de Ucrania indefensos sin contar con objetivos militares, también de cómo miles de civiles abandonan sus casas destruidas para siempre dejando atrás el infierno en que se ha convertido Ucrania y cómo el ejército ruso práctica las peores técnicas de la guerra de terror contra el pueblo ucranio: viola a sus mujeres, tortura a los soldados ucranios detenidos hasta la muerte y arrasa todo lo que encuentra a su paso. Para los rusos devastar Ucrania y arrasarla es un objetivo de guerra; aquello de lo que no se conserva ni siquiera un fósil, piensa Putin, es que realmente no ha existido.

DESDE LA EXTREMA DERECHA HASTA LA ESTREMA IZQUIERDA
Aparte de estas consideraciones, es curioso el hilo conductor que une a la extrema derecha con la extrema izquierda en la indefendible causa de Putin. Por ejemplo, en las Américas el bando putinesco lo encabezan el presidente argentino, Alberto Fernández, el candidato a la presidencia de Brasil, Lula, el infumable presidente colombiano, Gustavo Petro, el inefable AMLO de México, el incalificable Bolsonaro y, cómo no, no podía faltar Donald Trump, en los Estados Unidos, cuyo sonoro silencio en esta agresión clama al cielo y cuya amistad con el genocida es de sobra conocida. Es uno de los pocos líderes del mundo que ni siquiera ha visitado Kiev para solidarizarse con los ucranios. A esta pandilla de indeseables se les ha unido el húngaro Viktor Orban y el viejo conocido de Putin, el italiano Mateo Salvini. Qué tropa más repugnante de gente.

Esta guerra, además, tiene un viejo sabor a otras que acontecieron en Europa. Al igual que en la Segunda Guerra Mundial, los tontos útiles del bando nazi, algunos notorios criminales de guerra como verdugos voluntarios de Hitler, abundaban en todas partes y en la izquierda incluso durante algún tiempo reinó un clamoroso silencio ante los crímenes perpetrados por los nazis a merced del pacto germano-soviético firmado en 1939 entre Hitler y Stalin. Los comunistas callaron de repente en todo el continente mirando para otro lado sin condenar los crímenes y brutalidades nazis, mientras que Stalin, sin ningún miramiento, entregó a miles de sus camaradas alemanes y polacos a Hitler para que fueran fusilados sin cotemplaciones. Como buenos tontos útiles, así acabaron miles de comunistas y socialistas que creían en el líder ruso.

Hoy, esa izquierda continental y también latinoamericana, salvo excepciones, en su afán por justificar todo con su prédica antinorteamericana, culpa a la OTAN y a los Estados Unidos de todo lo que está ocurriendo en Ucrania y evita criticar a ese criminal de guerra llamado Vladimir Putin. Este es el mundo amigo, que decía Federico García Lorca, y nada parece haber cambiado en estos años, mientras la guerra sigue su curso imparable y sangriento.

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