Venezuela tras las elecciones

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VENEZUELA TRAS LAS ELECCIONES

Nada bueno, ni siquiera aires de diálogo, se presiente tras las elecciones venezolanas, en las que el dictador Nicolás Maduro consiguió controlar absolutamente el legislativo, en un país donde la separación de poderes es, simplemente, una quimera. El poder de la dictadura es ahora omnímodo, la cubanización avanza.

por Ricardo Angoso

Venezuela continúa su viaje hacia ninguna parte o hacia el socialismo, que es lo mismo. Socialismo o muerte, gritaban los Castro, ¡vaya redundancia! Pienso, como tantos otros, que tras las elecciones, en las que se volvió a consumar el fraude y la mascarada electoral de cara a la galería internacional, las cosas empeorarán aún más todavía en el país -aunque puede parecer imposible para algunos- y el proceso de cubanización en todos los ámbitos de la vida, incluido el pequeño sector privado que todavía subsiste en la maltrecha economía local, se intensificará, ahogando quizá para siempre a la endeble sociedad civil y enviando definitivamente a la ruina a las escasas empresas que siguen con las puertas abiertas de una forma heroica y estoica.

Cierta izquierda latinoamericana, incluyendo al inefable Gustavo Petro en Colombia, siempre se miró en el modelo cuartelero cubano, cuyo constatado fracaso en el manejo de la economía y en su obsesión totalitaria por aplastar cualquier vestigio de racionalidad democrática está fuera de toda duda, y desdeñó, por no decir despreció, a la socialdemocracia, quizá por pequeño-burguesa o por ser un invento europeo, o por ambas cosas, vaya usted saber. Solamente la izquierda uruguaya, el APRA peruano, el Partido del Trabajo brasileño y los socialistas chilenos optaron por vías distintas a la cubana, reconciliándose con la economía de mercado y las sociedades abiertas, y apostando por modelos políticos y económicos mucho más racionales y efectivos que los aplicados en esa gran ergástula anclada en el Caribe llamada Cuba. Vivir de los delirios tardoestalinistas tiene un alto coste en atraso, miseria y subdesarrollo para millones de cubanos.

Nicolás Maduro, el designado por el sátrapa Hugo Chávez para continuar el camino por la senda del “socialismo del siglo XXI”, tiene cuerda para rato y no caerá, como piensan algunos optimistas, en el corto plazo, sino que la dictadura tiene gasolina para rato -y nunca mejor dicho-y no se atisba en el escenario, ni por asomo, la feliz perspectiva de una transición a la democracia ordenada y pactada entre el Gobierno y la oposición. Mas bien lo contrario.

Fortalecido por unas Fuerzas Armadas y unos cuerpos de seguridad sumisos y capaces de reprimir a su pueblo sin contemplaciones, con una PDVSA arruinada pero que todavía aporta algunos dividendos para sostener  a la oligarquía cleptómana que maneja al país y sin una verdadera oposición organizada, unida y creíble, Maduro lo tiene relativamente fácil para mantenerse en el poder y, en caso de que hubiera nuevas protestas, que no parece el caso por ahora, utilizaría la fuerza para doblegar y machacar a su pueblo. La naturaleza criminal y policíaca del régimen, como buena copia del régimen cubano, ya se ha hecho evidente en numerosas ocasiones y el régimen, si algún día cae, morirá matando al estilo de Ceausescu.

VIENTOS FAVORABLES PARA MADURO

Aparte de estas consideraciones en clave interna, en la escena internacional soplan buenos vientos para el régimen, toda vez que si Donald Trump desde la presidencia norteamericana en estos últimos cuatro años no hizo para paliar la ingrata suerte del pueblo venezolano, es muy improbable que las cosas vayan a cambiar en los siguientes años con Joe Biden en la Casa Blanca. El desinterés norteamericano hacia los asuntos de América Latina, que data de finales de los años ochenta cuando se desvaneció el mundo comunista y cayó el Muro de Berlín,  en 1991, es notoria y se ha manifestado con meridiana claridad durante el mandato de Trump, que apenas viajó por el continente, y que, más allá de andanadas retóricas contra Cuba y Venezuela, apenas se materializó en acciones concretas contra las dictaduras narcocomunistas.

En lo que respecta a Europa, la situación es todavía peor, ya que abunda la división y más allá de la presión política y diplomática poco podrá hacer la Unión Europea (UE) para revertir la actual deriva del régimen, al que poco, muy poco o nada le interesan y menos le importan las acciones y decisiones que toman en Bruselas. España, incluso, con un gobierno de coalición que incluye a un partido abiertamente chavista -Podemos- maquina en favor del régimen, pidiendo “escuchar” al ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los más firmes defensores del régimen de Maduro y cuya pertinaz defensa del “diálogo” con la oprobiosa dictadura hace sospechar espurios intereses económicos tras la misma. No olvidemos que un embajador de Zapatero en Venezuela, Raúl Morodo, junto con su hijo y otros colaboradores, está procesado y contribuyó al saqueo de la compañía PDVSA, incluso con jugosas cuentas en Suiza con decenas de millones de dólares. Otras fuentes también apuntan  a que en todo este asunto también podría estar implicado un ex ministro de Zapatero -José Bono, concretamente- y el sainete todavía está sub iúdice. 

En estas circunstancias, ¿hacia dónde puede evolucionar el régimen de Maduro? Sin ánimo de aguar la “fiesta”y siendo realistas, el camino se presenta largo y no se ven señales que induzcan al optimismo, sino más bien lo contrario. El autoproclamado presidente Juan Guaidó, reconocido en su día por sesenta países incluyendo a la mayoría de los miembros de la UE y a los Estados Unidos, está cada vez más desautorizado dentro de su país e incluso en el seno de la oposición democrática, careciendo de la capacidad moral, ética y política para liderar el cambio. Por ahora, no se mueve ni una hoja en Caracas y la aurora que devora a los monstruos del pasado no se presiente cercana. El pueblo venezolano, lamentablemente, tendrá que seguir esperando en la cola de la historia por muchos años, ya vendrán mejores tiempos. Continuará.

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