Tras los pasos de Gaitán en Bogotá

TRAS LOS PASOS DEL ASESINADO JORGE ELIÉCER GAITÁN

Un recorrido histórico por la Candelaria visitando los lugares que aun nos recuerdan al llamado “caudillo del pueblo” y que sobrevivieron -algunos, no todos- al terrible “bogotazo”.

por Ricardo Angoso @ricardoangoso rangoso@iniciativaradical.org/web

Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado un 9 de abril de 1948 cuando salía de su oficina situada en la carrera séptima o también conocida como la calle Real, muy cerca de la Plaza de Bolívar y a unos pasos de la Plaza de San Francisco, en pleno centro de la capital colombiana. Gaitán era un abogado muy popular y unos los líderes liberales más importantes de la época. Caracterizado por su verbo fogoso y una retórica vibrante y flamante, Gaitán era adorado por muchos, temido por la oligarquía capitalina y odiado por aquellos que le consideraban un peligro.

Con apenas 45 años, el caudillo liberal, que había estudiado en Roma con una beca y era un jurista respetado por sus compañeros, había sido de todo en la vida política colombiana. Alcalde de Bogotá con apenas 33 años, Jorge Eliécer había sido representante en la cámara legislativa, excandidato presidencial, magistrado de la Corte Suprema de Justicia y dos veces ministro en distintos gobiernos, ocupando las carteras de Educación y Trabajo.

Gaitán nació en una humilde casa situada en el bogotano barrio de las Cruces, hijo de la profesora Manuela Ayala y del librero Eliécer Gaitán, ambos de una condición social media baja. La casa de Gaitán era la típica vivienda de planta baja, sin grandes lujos ni estancias, de las que abundan tanto en el centro de Bogotá y muy diferente de las grandes mansiones y casas coloniales y republicanas en las que vivían los miembros de la oligarquía a la tanto fustigó el llamado “caudillo del pueblo”.

Donde nació Gaitán era, si nos atenemos a los estándares de la época, una vivienda de clase media baja típica. Todavía existe esa casa y se encuentra ubicada en la calle 1a, entre las carreras 8a y 9a, y tan solo una placa conmemorativa colocada por la directiva del Partido Liberal colombiano recuerda que aquí nació el 23 de enero de 1898 Jorge Eliécer Gaitán, “caudillo liberal”, según reza el texto hoy casi ilegible por la suciedad que le empapa desde hace años.

Esa placa contradice otras informaciones, incluidas las que aparecen en Wikipedia, en el sentido de que Gaitán habría nacido en el año 1903 y no en 1898, aunque creo que es más certera esta última fecha ya que es asumida en varias biografías del personaje. La controversia también llega al lugar de nacimiento, ya que Wikipedia reseña que algunas fuentes aseguran que vino al mundo en la población de Cucunubá, lugar donde la madre de Gaitán ejercía de maestra, y no en Bogotá. Hasta el lugar de nacimiento del político liberal sigue dando para disputas. Sin embargo, los lugareños y mayores del barrio de Las Cruces aseguran que siempre escucharon a sus padres y abuelos decir que Gaitán había nacido en esta casa situada en ese céntrico sector de Bogotá. Por tanto, hay una memoria oral de que esta casa seguramente fue el lugar donde nació Gaitán y con respecto a la fecha siempre nos quedará la duda, pues nunca apareció el acta de nacimiento del personaje.

Hoy este lugar, que quizá hubiera merecido una rehabilitación e incluso ser convertido en museo, es un humilde “almorzadero” o restaurante en una de las zonas más calientes de la ciudad por la noche. La habitación donde nació Gaitán es un pequeño almacén y en una de las camas de la pieza se puede advertir una bolsa de patatas junto con otros alimentos. La estancia es pútrida, hedionda y sucia, reinando el abandono y el desorden en todas sus habitaciones. El estado general es lamentable y es una lástima que nadie prestara atención en estos años a este lugar, sin duda, emblemático y significativo para Colombia. Otros países levantan grandes complejos o museos monográficos con viviendas parecidas, como ocurre con la de Simón Bolívar en Caracas.

El asesinato, entre el misterio, la confusión y el caos
Conviene que recordemos que es lo que pasó ese 9 de abril, tal como lo relata el escritor Plinio Apuleyo Mendoza, al que cito literalmente: “Recordemos lo sucedido aquel 9 de abril a la 1 y 5 de la tarde. Mi padre salía

con Gaitán del edificio donde este tenía sus oficinas. Se proponía llevarlo a almorzar en un restaurante cercano, junto con otros amigos que se encontraban con él. A Gaitán y mi padre, cercanos amigos desde muy jóvenes, la política los había vuelto a reunir; gracias a este último, Gaitán había sido reconocido como jefe único del partido liberal”.

Y Fernando García, en una publicación de la policía relata también qué es lo que sucedió esa jornada, “en la mañana de ese día, Juan Roa Sierra, un joven esquizofrénico que vivía en le barrio Ricaurte, salió de su casa sin bañarse ni afeitarse. Vestía un raído traje carmelita de paño rayado, zapatos amarillos rotos y un sucio sombrero de fieltro. A las diez de la mañana se dirigió al centro de la ciudad, al famoso café Gato Negro, popular sitio de reunión de intelectuales, periodistas, poetas y bohemios, localizado a pocos metros del edificio Agustín Nieto, donde Gaitán tenia su oficina de abogado”.

“A mí no me matan porque ninguna mano del pueblo se levanta contra mí. Y la oligarquía no me mata porque sabe que el país se vuelca y las aguas se demorarán 50 años en regresar a su nivel normal”, aseguró Gaitán unas semanas antes de su muerte. Después de esas premonitorias palabras Gaitán fue abatido por un asesino, al parecer a sueldo, que se llamaba Juan Roa Sierra pasados unos minutos de las 13 horas de ese 9 de abril. Tres balas le acribillaron dejándolo herido de muerte. Luego el misterio, la confusión, el caos y el terrible “bogotazo”, que asoló durante unos días a varias ciudades colombianas y destruyó una buena parte del patrimonio histórico del centro de la capital. Comenzaban las jornadas más aciagas que quizá Bogotá haya conocido en toda su historia. Entre 1948 y 1953, cumpliéndose la profecía expresada por Gaitán, murieron 145.000 personas a causa de la violencia entre liberales y conservadores en Colombia.

El año en que murió Gaitán de forma trágica fue un año terrible para Colombia, tal como relata Herbert Braun, en su libro Mataron a Gaitán, que cito textualmente: “Más de 43 mil colombianos murieron el año en que murió Gaitán. En el primer año de gobierno de Gómez, la Violencia cobró 5 mil vidas. En 1952, militares del partido conservador quemaron el edificio de El Tiempo y El Espectador y las casas de Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López. El partido liberal dejó de funcionar. Los jefes liberales se dirigieron al exilio o permanecieron en la ciudad, consagrados a sus vidas privadas. Algunos militantes del liberalismo y del gaitanismo se volvieron guerrilleros. Fue una guerra sin comienzo y casi sin fin. No tuvo caudillos, ni batallas, ni ideas, ni gloria”. La muerte de Gaitán, como premonitoriamente había previsto el malogrado líder, tendría fatales consecuencias para el futuro de Colombia.

La destrucción de Bogotá
Se calcula que 150 edificios históricos, entre los que destacaban ricas iglesias, monasterios, casas de importante valor arquitectónico e incluso hoteles emblemáticos, como el Regina, fueron destruidos en la capital y el número de víctimas se evalúa entre los 500 a los 3.000. Muchas de esas víctimas fueron enterradas en fosas comunes y al día de hoy no hay una cifra oficial de las mismas. Un buen número de esas víctimas fue enterrada en fosas comunes en el Cementerio Central de Bogotá.

La ira del pueblo contra los que consideraba que habían matado a Gaitán fue terrible y demoledora. “La muchedumbre que se tomó Bogotá provenía de la relación profundamente personal que miles de partidarios de Gaitán habían establecido con él. El estallido de cólera y de venganza se aguardaba en Bogotá en cuanto se supo la noticia del asesinato del caudillo. La muchedumbre era predecible. Lo que hizo no lo fue tanto”, escribía el ya citado Herbert Braun.

Tampoco sabemos realmente quien estaba detrás del magnicidio, porque Roa Sierra fue linchado por la chusma y arrastrado por la carrera séptima, dejándonos sin la versión de los hechos y sin conocer a los responsables intelectuales de lo que parecía una trama política destinada a convulsionar el país. Comunistas, conservadores, la CIA e incluso un sector del liberalismo han sido señalados por diversas fuentes. Nadie supo quién estaba tras el crimen y el enigma dura hasta el día de hoy. Había tantos odios e inquinas en su contra que las conjeturas pueden ser de toda índole.

Los lugares por donde discurrió la vida de Gaitán
En primer lugar, una buena parte de la vida de este emblemático y controvertido líder de los liberales, aunque mantuvo fuertes disputas con algunos de sus compañeros de partido, aconteció en su despacho, situado como se ha dicho antes en la famosa Calle Real. Hoy, el edificio ha desaparecido, su antigua puerta de acceso principal se encuentra en la Casa Museo Jorge Eliécer Gaitán y el lugar donde cayó abatido, cuando salía del edificio Agustín Nieto, está repleto de afiches, placas conmemorativas e incluso poemas que recuerdan al “caudillo del pueblo”. Muy cerca, a apenas unos metros, está el famoso MacDonald de la avenida Jiménez enfrente de Citytv.

Muy cerca de allí, debajo del edificio que el diario El Tiempo ocupa en el centro de Bogotá, se encuentra la Bolera San Francisco, en donde al parecer iba Gaitán a echar unos bolos con sus amigos de entonces o tomar simplemente un trago. Situada entre las carreras sexta y séptima, hoy es un lugar de rumba con música electrónica y tiene un público fundamentalmente joven. El negocio fue remodelado recientemente y tiene un aspecto muy diferente al que debió de tener en los años del político asesinado. La Bolera San Francisco fue fundada en 1941 y es uno de esos establecimientos míticos del centro de la ciudad.

Un cafe muy antiguo del centro es el San Moritz, todavía abierto aunque con riesgo de extinción tras haber sido comprado por un grupo inmobiliario, donde Gaitán tomaba sus famosos tintos y mantenía encendidas tertulias con sus incondicionales. El lugar fue abierto en 1942 y todavía guarda la estructura y un mobiliario muy propio de esa época. En sus paredes, que han visto pasar a numerosos artistas, escritores, periodistas y abogados, podemos ver algunos retratos del líder liberal, fotos de como era la Bogotá de antes y después del “bogotazo” y hasta algunos poemas dedicados al negocio y a Gaitán. El San Moritz se encuentra situado en la calle 16, número 7-91, y abre todos los días sus puertas excepto los domingos y festivos.

La plaza de Bolívar
Sin olvidarnos en este itinerario de la Plaza de Bolívar, epicentro del poder político, judicial y religioso de Colombia y sede de las principales instituciones del país. En este recinto, proyectado a imagen y semejanza de las plazas españolas desde donde se trazaban las principales calles y arterias de las ciudades y pueblos, se han realizado casi todas las grandes protestas que merezcan ese nombre en la capital de la nación. Allí fue donde un 7 de febrero de 1948 se celebró la multitudinaria y masiva “marcha del silencio”, en la que Gaitán pretendía liderar una gran protesta contra el gobierno de Mariano Ospina Pérez por la represión que ejercía contra los liberales y el ambiente de obsesiva violencia política que se vivía en el territorio nacional. Más de 100.000 personas venidas de todo el país y todos los departamentos, en absoluto silencio, se manifestaron por las calles de Bogotá hasta llegar a la Plaza de Bolívar, destino final de la gran marcha y donde eran esperados por Gaitán.

El gran líder liberal, de encendida y emotiva oratoria, dio uno de sus más conocidos discursos, conocido como la “Oración por la paz”, y encendió el ánimo, ya de por sí caldeado, de los presentes. Apelando al respeto a la vida y de una forma directa, el caudillo liberal se dirigió así al presidente Ospina: “Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad”.

Lo que no intuía en esos momentos, quizá ni siquiera lo presagiaba todavía, es que él mismo acabaría siendo víctima de esa violencia desatada casi tras la independencia del país y que acabaría causando miles de víctimas inocentes. Clamando en vano contra la guerra y la muerte, Gaitán emplazaría a Ospina a defender el sagrado derecho a la vida y la paz frente a la violencia. “Impedid, Señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia”, llegaría a clamar de una forma inútil el más tarde asesinado por esas balas a las que pedía el silencio el malogrado Gaitán.

Siguiendo el circuito por donde pasó el malogrado dirigente liberal, hay que reseñar el famosísimo Hotel Continental, antaño importante centro social, político y cultural de la vida de la capital y hoy rehabilitado y recién abierto. Fue inaugurado en 1948 y, al parecer, el trágico día en que Gaitán fue asesinado se dirigía hacia allá para almorzar en compañía de sus acompañantes. El edificio, cuya proyección corrió a cargo del arquitecto italiano Vicente Nasi, es considerado uno de los emblemas más significativos del modernismo en Colombia. Como es obvio, nunca se llegó a celebrar ese almuerzo y el Hotel Continental, quizá por un golpe de suerte, no fue arrasado por el “bogotazo” y hoy sigue ofreciendo sus servicios tras haber estado cerrado durante unos años. Fue mudo testigo de una las grandes tragedias de la historia de Colombia.

Por cierto, una curiosidad: según se anota en la agenda de Gaitán esa tarde en la que fue asesinado tenía una reunión con el líder cubano Fidel Castro, por aquel entonces dirigente universitario y señalado por algunos de ser el instigador de los sucesos que acontecieron a la muerte de Gaitán. La agenda, para los interesados en el asunto, se encuentra en la Casa Museo Jorge Eliécer Gaitán.

El testimonio de Gabriel García Marquez
En este recorrido no puede faltar el lugar donde se refugió el asesino de Gaitán, Roa Sierra, que una vez perpetrado el crimen huyó de la escena y entró en la ya desaparecida Droguería Granada, espacio comercial muy cerca de la antigua oficina de la víctima y que hoy es ocupado por una librería de la cadena Panamericana. Allí, según cuentan las crónicas, el dueño acabó echando de su negocio al asesino, por temor a que fuera arrasada su tienda por la multitud que ya se agolpaba en los alrededores y la policía, que ya había llegado hasta allá, fue incapaz de protegerlo para que fuera encausado. La turba presente le linchó hasta su muerte sin compasión. Luego fue “paseado” sin misericordia por aquellos que le dieron muerte y una muchedumbre ya incontrolable, cargada con machetes y botellas de aguardiente, se unió a tan particular procesión, casi un aquelarre, por toda la carrera séptima. El lugar se encuentra en la carrera séptima número 12C-09.

El premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García relata así aquella dramática jornada tras la muerte de Gaitán, ya que se encontraba a apenas unas cuadras del epicentro de la tragedia: “Las cuadrillas de limpiabotas armados con sus cajas de madera trataban de derribar a golpes las cortinas metálicas de la farmacia Nueva Granada, donde los escasos policías de guardia habían encerrado al agresor para protegerlo

de las turbas enardecidas. Un hombre alto y muy dueño sí, con un traje gris impecable como para una boda, las incitaba con gritos bien calculados. Y tan efectivos, además, que el propietario de la farmacia subió las cortinas de acero por el temor de que la incendiaran. El agresor, aferrado a un agente de la policía, sucumbió al pánico ante los grupos enardecidos que se precipitaron contra él”. Y el asesino imploraba, siguiendo el relato de García Marquez, “agente -suplicó casi sin voz-, no deje que me maten”.

Pero lo mataron sin pestañear, a ese gran desconocido que será para siempre Roa Sierra.”Nunca podré olvidarlo. Tenía el cabello revuelto, una barba de dos días y una lividez de muerto con los ojos sobresaltados por el terror. Llevaba un vestido de paño marrón muy usado con rayas verticales y las solapas rotas por los primeros tirones de las turbas. Fue una aparición instantánea y eterna, porque los limpiabotas se lo arrebataron a los guardias a golpes de cajón y lo remataron a patadas. En el primer revolcón había perdido un zapato”, describía muy gráficamente aquella escena nuestro fallecido Nobel de Literatura.

La famosa Clínica Central
Cuando fue herido por su asesino, Gaitán fue llevado a la famosa y prestigiosa Clínica Central, que quedaba en la calle 12, entre las carreras cuarta y quinta, y ya desaparecida. Allí, Gaitán aguantó apenas unos quince minutos, en que el doctor Hernando Guerrero Villota trató infructuosamente de salvarle la vida ante la mirada atónita del personal de la clínica y algunos de sus partidarios que se habían colado hasta el mismo quirófano.

Eran momentos de confusión y gran tensión que hacían presagiar lo peor, como luego ocurrió, tal como cuenta la periodista Mariela Guerrero Serrando: “Mientras, la noticia del atentado a Gaitán ya se había difundido por la radio, llegando a la Clínica una cantidad de gente a averiguar por su estado de salud, de repente, entre tantos curiosos y allegados, irrumpió abruptamente en la sala de cirugía un individuo desconocido y empuñando una hoz en la mano sentenció a los médicos que lo atendían, que si lo dejan morir, los mataba. El desconcierto para todos fue mayúsculo pues ya sabían que el caudillo del pueblo estaba clínicamente muerto. Así que mientras su amigo personal, el también médico Pedro Eliseo Cruz quien lo acompañaba a la hora del atentado, se asomaba a una ventana del segundo piso a anunciar el lamentable suceso, en medio de la confusión, el personal de la Clínica escondió a los galenos en una pieza contigua al quirófano, por temor a la reacción de los seguidores de Gaitán”.

Otro testigo directo de aquellos hechos, Mario Gärtner Tobón , cuenta también en una carta su experiencia en la Clínica Central y lo que vio a su salida de ese recinto: “Cerca de las cuatro de la tarde, la Clínica Central quedó sin energía eléctrica y fue preciso adelantar todas las labores utilizando espermas y linternas. A las 11 p.m. abandoné los muros del lugar y aparecí como resucitado entre la noble familia con quien vivo. Vine vestido con una pequeña blusa de practicante mojada con la sangre del jefe liberal. Encontré en mi camino más de 30 heridos y unos 10 muertos tendidos en las aceras. El resto de la noche y las primeras horas del sábado 10 transcurrieron en medio de la más grande intranquilidad; las manifestaciones más abominables y odiosas del desenfreno popular se sucedieron sin la menor interrupción”.

Hasta hace unos años en lo que fue esa clínica funcionaba allí la Universidad Autónoma de Colombia y se ha conservado una parte de la antigua edificación como sede administrativa que todavía sigue abierta. Lamentablemente, ninguna placa ni señal recuerda que hay murió Gaitán, privando a las futuras generaciones de conocer la historia de su ciudad y también de su país. Lástima que todos estos lugares, hoy en un notable estado de abandono, hayan sido condenados al olvido por los responsables del gobierno local.

El palacio de la Policía Nacional
Tampoco hay ninguna placa que recuerde la heroica resistencia de un puñado de policías nacionales que, al frente del coronel Virgilio Barco, se atrincheraron en el Palacio de la Policía Nacional (Museo de la Policía Nacional hoy) y resistieron el acoso y asalto de las turbas descontroladas que tras el asesinato se lanzaron a las calles a clamar venganza pero también al saqueo y a la destrucción inútil de las propiedades y bienes que encontraban a su paso. Se encuentra en la carrera 9, número 7-11, y es un edificio de corte neoclásico construido entre 1926 y 1929.

En esos momentos tan confusos ocurrieron también algunos episodios heroicos, como fue el que salvó al Palacio de Policía Nacional de su destrucción, tal como relata Fernando García al contar aquellos aciagos hechos “:Mientras tanto en las afueras los amotinados arremetían contra el edificio de la Policía, regaban gasolina por la acera, empapaban de gasolina las paredes de la fachada con el combustible para prenderle fuego y con hachas y otras herramientas empezaron a derribar las puertas. El valor de aquellos pocos servidores que permanecían en el interior del palacio de la Policía, animados y dirigidos por el Coronel y el Mayor Ahumada lograron parar y hacer retroceder por algunos instantes la insensata agresión de los insurrectos, quienes después del repliegue volvían a atacar con mayor brutalidad, lo mas insensato, es que dentro de los insurgentes habían Policías”.

En las páginas de la Policía de Colombia podemos leer un relato de lo que ocurría dentro de esas instalaciones, “es apenas justo y dignó la conducta valerosa, hasta la temeridad, del telefonista de servicio Joaquín Antonio Aranguren Cediel quien transmitió fielmente las orden impartas por el Coronel Barco por el conmutador, dando la espalda a la puerta que tenia acceso a la calle y que los amotinados estaban a punto de

derribarla. El disparaba con una mano, para rechazar la turba y con la otra sostenía el auricular y manejaba el tablero de las comunicaciones”. Y concluye ese relato: “Tres días permaneció en su puesto este aguerrido telefonista, nunca hizo ostentación de sus méritos y murió años más tarde en el olvido, pero bien merece que en la historia recoja las ejecutorias de un hombre humilde y modesto, que supo cumplir con lealtad los deberes de su cargo exponiendo su propia vida”. Una placa colocada en el lugar donde murió Gaitán por un oficial de la policía nacional recuerda también esta gesta y da los nombres de los policías que defendieron el edificio.

Gracias a esa hazaña heroica y a otras no relatadas en esta breve reseña, se salvaron otros edificios en estas trágicas jornadas. Por ejemplo, los empleados y el director de la Fábrica de la Moneda de entonces, hoy el museo de la Casa de la Moneda del Banco de la República, salvaron de un seguro incendio a manos de unos desalmados a este recinto histórico y emblemático donde trabajaban. Tuvieron que arrojar ácido y otros elementos para la fabricación de monedas y billetes desde las ventanas y balcones de la institución a los asaltantes que, finalmente, no pudieron cumplir sus sueños de destrucción, muerte y caos.

En las páginas del Banco de la República podemos leer un relato pormenorizado de estos hechos: “La Casa de moneda de Bogotá, como otras edificaciones, también fue objeto de la violencia desatada el 9 de abril de 1948 por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Antonio María Barriga Villalba, director de la Casa, utilizó contra los vándalos el cloro concentrado que se usaba para afinar el oro, logrando que la multitud que pretendía entrar por la puerta principal abandonara el lugar al sentir asfixia y ardor en los ojos. Los empleados y el director resistieron los efectos del gas al protegerse con las máscaras que se usaban en la sección de afinación. Luego repelieron un nuevo asalto por los techos y sofocaron las llamas que se propagaron desde el Palacio Arzobispal. Al final, la ingeniosa defensa de la Casa de moneda evitó su saqueo y destrucción”. La institución, que se puede visitar hoy en día, está en pleno barrio de la Candelaria, en la carrera cuarta con la calle 11.

“¿Qué es lo que se recuerda (del “bogotazo”)? Los colombianos evocan pasados diferentes. Las memorias son tan vívidas que cuesta trabajo creer que estos sucesos ocurrieron ya hace más de sesenta años. Es como si Gaitán y el “bogotazo”, designado más histórica y sencillamente en Colombia como “el 9 de abril”, hubiera acaecido ayer, como si la larga Violencia de la que pocos quieren hablar no se hubiera interpuesto entre ellos y el pasado que se evoca en estas páginas”, señalaba muy oportunamente el profesor Herbert Braun.

Reseñar también que la ciudad sufrió el día que mataron a Gaitán una gran perdida de la que nunca más se volvió a recuperar, se trata del tranvía. Los vagones fueron destruidos, muchas vías fueron arrancadas, las señalizaciones desaparecieron sin dejar señal alguna, y valga la redundancia, y el servicio quedó totalmente inutilizado para siempre. Muy cerca de la Plaza de Bolívar, en una pieza recientemente colocada por la Alcaldía, se puede ver el trazado que tenía el tranvía de la ciudad y cuán importante debía ser para el transporte de la época; otra desgracia más, aparte de la política y la humana, que dejó para siempre este aciago día que conocemos como el Bogotazo.

Finalmente, en este tour por los lugares que tuvieron alguna relevancia para Gaitán no podía faltar la que era su casa, donde vivía con su mujer, Amparo, y su hija única, Gloria, hoy convertida en la Casa Museo Jorge Eliécer Gaitán. Por allí pasaron sus amigos, correligionarios y familiares, con los que mantendría interminables discusiones y animadas veladas. Gaitán era un conversador incansable y controvertido. La casa es una mansión bella, espaciosa, funcional y muy amplia para apenas una familia de tres miembros.

La antigua residencia de Gaitán está situada en la calle 42, número 15-52, y allí fue conducido el cadáver del difunto en aquellos fatídicos días de confusión y muerte, destrucción y terror. Luego, en medio de aquellos episodios sangrientos, la mujer de Gaitán se negó a darle un enterramiento público mientras los conservadores, a los que culpó de su muerte, siguieran en el poder y fue enterrado en el salón de la casa. Hasta el 9 de abril de 1987 no se le dio sepultura en la ubicación actual, dentro del complejo del museo, y son muchos los que van hasta allá a rendir homenaje póstumo a aquel hombre al que algunos llamaban el “tribuno del pueblo”. Descanse en paz Jorge Eliécer Gaitán.

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