El aquelarre progresista de Barcelona
El presidente de Gobierno de España, Pedro Sánchez, ha celebrado y organizado el pasado fin de semana una cumbre “progresista” para dar la batalla y derrotar, lanza en mano, a la “internacional ultraderechista”, como si todos aquellos que no comulgamos con sus ideas y principios fuéramos unos fascistas recalcitrantes, unos indeseables sin cura y gentes sin arreglo que no tenemos cabida en su mundo ideal y progre. Este discurso, que lleva enarbolando Podemos en España, el PSOE mismo y otras fuerzas en otros países, ha concitado el rechazo, cuando no el desprecio, en numerosas latitudes y va camino de convertirse, en términos políticos, en una suerte de reclamo residual, terminal y carente de réditos electorales, es decir, votos.
El aquelarre pogre, además, ha sido un encuentro de políticos fracasados. Asistieron el ex presidente chileno Gabriel Boric, cuya impopularidad a su salida de la Casa de la Moneda era de las más altas del continente. También estaban los presidentes de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y Colombia, Gustavo Petro, dos de los países más violentos del mundo, con más de 30.000 homicidios y 15.000 al año, respectivamente, y donde los carteles de la droga y el narcotráfico campan a sus anchas. En ambos casos, los secuestros indiscriminados, las desapariciones, la violencia indiscriminada, la extorsión a los empresarios y la delincuencia organizada están al orden del día. Peores ejemplos no podían haber convocado los organizadores.
Políticos imputados en su momento, como el ex presidente colombiano Ernesto Samper, aliados del terrorismo en sus países, como el ex primer ministro palestino Mohammad Stayyeh, líderes implicados en tramas de corrupción, como el ex presidente de Gobierno español José Luiz Rodríguez Zapatero y muchos más caras conocidas de la progresía mundial, entre los que destaca con luz propia el inefable Luiz Inácio Lula da Silva, cuya popularidad ya ha descendido a los infiernos hace tiempo y cuya figura sufre una erosión irreparable en su paìs. También se acercó al aquelarre el presidente de Sudáfrica, Matamela Cyril Ramaphosa, cuyo Gobierno ha abierto la veda al blanco, tal como denunció personalmente ante él mismo en la Casa Blanca el presidente norteamericano, Donald Trump, y que ya tiene en su haber el asesinato de más de trescientos granjeros y agricultores blancos tan solo en los últimos tres años a manos los muy progresistas radicales negros.
Con todas estas mimbres, y alguna más de partidos socialistas y socialdemócratas fracasados en Europa y otras latitudes, pretende Sánchez construir una alternativa global para hacer frente al “fascismo”, recodando, aunque salvando las distancias, a aquellos manidos eslóganes de nuestra Guerra Civil de “Madrid será la tumba del fascismo” o “No pasarán”, que tan poco efectivos fueron y dieron nulos resultados. Al final, Pedro, pasaron y todo aquello terminó en un escueto parte de guerra: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”.
Carentes de ideas nuevas, proyectos a futuro, propuestas innovadoras, respuestas más allá del agotado reclamo populista y discursos integradores que superen las viejas rivalidades, los nuevos progresistas siguen anclados en la naftalina del pasado, en repetir tópicos que no surten ningún efecto entre los jóvenes y en tratar de dividir al mundo entre ellos, que supuestamente son los “mejores”, y el resto de la humanidad, que somos una fascistas desalmados y unos machistas sin arreglo.
Sin embargo, nada de esto les funcionará, como estamos viendo en casi todos los continentes, por mucho que les pese a los Boric, Lula, Petro y compañía, porque su tiempo ha pasado y esa demagogia tardoguerrillera revestida de romanticismo castrista y odios ancestrales hacia la empresa y el capital, no son ya de este mundo. Luego resulta paradójico que en una cumbre para supuestamente pretende defender la democracia, se cierren filas en torno a la nauseabunda y mayor ergástula del Caribe, Cuba, y no se exija a este régimen criminal, abyecto y torturador la libertad de todos los presos políticos en la isla. Incluso ese revival del “No a la guerra”, que tantos éxitos cosechó en el pasado, suena demasiado a artificioso, a rancio, a buscar podridas esencias en el bote de la eterna juventud que ya no volverán a funcionar nunca más. Utilizar viejas fórmulas caducadas en política, como esa movilización contra la guerra; no va funcionar; a la gente joven le sueña a chino y a los demás a viejas melodías de un pasado ya definitivamente superado.
