“El asunto de los desaparecidos se convirtió en una gran negocio”, asegura Reynaldo Bignone

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ENTREVISTA A REYNALDO BIGNONE, EXPRESIDENTE ARGENTINO DE FACTO Y ÚLTIMO JEFE MILITAR DE LA JUNTA

por Ricardo Angoso

rangoso@iniciativaradical.org/web

@ricardoangoso

ENTRADILLA:

Ultimo presidente de facto de la Argentina, entre el 1 de julio de 1982 y el 10 de diciembre de 1983, el general de División Reynaldo Bignone es un veterano militar que cumple condena a reclusión perpetua por unos supuestos delitos de lesa humanidad cometidos durante el periodo que se conoce como Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) o para otros, simplemente, como la dictadura militar. Muy mayor, y agotado físicamente, esta entrevista es fruto de varias conversaciones con el militar detenido.

TITULARES:

“Los militares de hoy se han olvidado de sus camaradas presos”;

“No hubo ninguna reacción social contra el golpe del 24 de marzo de 1976”;

“No puedo hablar, ya que perdería mis privilegios de gozar casa por cárcel”;

“Me quitaron la pensión presidencial, negándome ese derecho, durante el mandato de los Kirchner”;

“El asunto de los desaparecidos se acabó convirtiendo en un gran negocio”;

“Las Fuerzas Armadas no se implicaron en la desaparición de bebes”;

“Galtieri no era un borracho ni un irresponsable, como se ha dicho, sino un hombre normal y cabal”;

“Videla era una persona absolutamente intachable en todos los aspectos. Un hombre muy recto, desde luego”.

LA ENTREVISTA:

Ricardo Angoso: Creó que ya tuvo problemas en el pasado por dar entrevistas, ¿es así?

Reynaldo Bignone: Me llamó una periodista francesa para conocerme, a través de un camarada de armas, y la dije que viniera. Y hablamos, pero no me dijo nada de que lo estaba grabando y después lo publicó por todos los medios. Felizmente, el presidente del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, en tiempos de Menem, no tomó medidas en mi contra. Pero no puedo decir nada más…No me dejan hablar y si lo hiciera, eso tendría fatales consecuencias y me trasladarían a la prisión de nuevo.

R.A.:Sé que lo que diga le perjudicará, ¿pero añadiría algo más sobre el periodo del régimen militar?

R.B.:Me remito a lo que ya había dicho en mi libro, en su momento; lo asumo ahora sin cambiar una coma. Por tanto, no voy a añadir más juicios de valor y prefiero atenerme a lo que ya he dicho en el pasado.

Y me atengo, literalmente, a lo que he dicho en mi libro y en los pronunciamientos en los sucesivos procesos judiciales contra mí: La lucha contra el terrorismo en los ’60 y en los ’70 se trató de una guerra contra integrantes de grupos subversivos que no eran ni demasiado jóvenes ni idealistas, sino que su ideal era la toma del poder por la fuerza subversiva. Se nos tilda de genocidas y represores. Lo de genocida no resiste el menor análisis, lo ocurrido en nuestro país no se adapta a lo más mínimo al concepto internacional de genocidio. Acá no hubo más de 8 mil desaparecidos, cifra que no es superior a las cifras de la inseguridad actual y las víctimas que provoca la violencia descontrolada en el país.

Diría algo más sobre los supuestos desaparecidos, como ya he dicho antes en otra exposición: Se machaca con que hay 30 mil desaparecidos. Jamás se mostró la veracidad de esta cifra. No niego que la desaparición de personas sea delito en paz, en tiempos de guerra tiene otra clasificación. Nunca se demostró que en 10 años de guerra fueron más de ocho mil. Se baraja la cifra de bebés desaparecidos; resulta sensible e impactante. Pero de esas desapariciones ninguna figura en el ámbito del poder militar. En todos los casos, son dichos por terceros y sin pruebas que confirmen los hechos.

R.A.:¿Qué pasó el 24 de marzo de 1976, día del golpe de Estado?

R.B.:No pasó absolutamente nada, yo ocupe el Ministerio del Bienestar Social, como era  mi misión, y punto. Lo previsto era que estuviéramos treinta días para acomodar las cosas mientras Videla se hacía con el poder y el país se estabilizaba. Pero no hizo falta, en una semana ya la situación estaba bajo control y no hubo ni una sola reacción social en contra. El domingo siguiente después de la intervención militar ya estaba todo en orden e incluso se desarrollaron sin problemas los eventos deportivos. Creo, sinceramente, que el país respiró tranquilo.

R.A.:¿Qué opinión tiene de uno de sus antecesores: Roberto Viola?

R.B.:Yo tengo una buena opinión sobre Viola. Viola era muy distinto a Videla, era más político que militar; tenía muchos contactos con el mundo político y sindical. Tuve una buena relación con él y era más político, quizá, que militar. Algo parecido ocurría con el almirante Eduardo Massera, que también tenía un proyecto político personal y era menos militar que político. Massera siempre quiso ser presidente de la República y hasta creó un partido para llegar al poder. Pero no tengo nada que objetar en contra de Viola, creo que su papel, en general, fue positivo.

R.A.:¿Volvió a hablar con Massera luego en democracia?

R.B.:Nunca más. No, nunca nos volvimos a hablar ni casi a vernos. Yo a Massera le conocí durante el Proceso (gobierno militar) y cuando acabó todo nunca más nos volvimos a ver. Nos conocíamos bien, pero nunca fuimos amigos. Tampoco Massera era muy amigo de Videla, creo que le detestaba. Videla era un militar nato, mientras que Massera era un hombre destinado a la política que se hizo militar no sé sabe por qué.

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R.A.:¿Qué recuerdos tiene de sus años de estudios militares en España?

Muy buenos. Recuerdo, por ejemplo, que casi todos los oficiales eran franquistas en un 99%, había muy pocas excepciones a esta regla. Al menos así lo eran mis compañeros de estudios. Muy pocos dudaban acerca del régimen.

R.A.:Y de la visita del Rey a Argentina en la época de Videla, ¿qué recuerda?

R.B.:El Rey sí estuvo por aquí e incluso me condecoraron por aquella ocasión. Nos dieron las medallas a los secretarios de los tres ejércitos, que era mi caso concretamente. Yo, personalmente, no estuve con el Rey, pero Videla sí estuvo con los Reyes. Fuimos nada más a la recepción y lógicamente le atendió el Jefe del Estado, que era Videla entonces.

R.A.: Cambiando de tema, lo que si está claro es que la institución militar y sus compañeros de armas se “olvidaron” de sus camaradas presos hoy, ¿no cree?

R.B.:Absolutamente con nadie del ámbito militar tengo relación. Nadie viene a visitarnos, ni nos llaman. Yo soy un general retirado y olvidado. Ni siquiera nos envían una tarjeta para invitarnos a nada o siquiera felicitarnos el cumpleaños. Nunca nos llega nada, ni siquiera noticias de lo que ocurre. Incluso el presidente Néstor Kirchner bajó los cuadros de los altos mandos militares, y entonces yo  pedí que me enviaran el mío, algo que no hicieron. Pero creo que se quedó en el Colegio Militar como patrimonio de esa institución y parece que todavía está ahí. Parece que bajaron todos menos el mío, pero luego fue robado y ocultado en algún lugar.

R.A.:¿Y con los políticos de ahora tiene contacto?

Ninguno, nada de nada. No quiero hablar de ese tema porque felizmente estoy en mi casa y no en la cárcel. Salvo un año y cuatro meses que he pasado en la cárcel, he estado siempre en casa y eso es una suerte que no pueden decir todos los presos militares. También he pasado periodos de libertad gracias a las cámaras de casación, que tuvieron una actuación más o menos decente. He pasado periodos en el Campo de Mayo, en casa detenido, pero también periodos de libertad.

Pero hay una excepción a esto que digo: a mí me visitó el ex presidente Arturo Frondizi, que era un caballero. Me visitó en el Campo de Mayo cuando era preso. Y también me visitó el político y embajador Leopoldo Bravo. Pero eso fue al principio. No se olvide que a mí me encarcelaron al mes de entregar el gobierno a los civiles; fui, se puede decir, el primer preso militar. Me encarcelaron el 10 de enero de 1984, y así comenzaron los juicios contra los militares en la Argentina que al día no han concluido.

Fui tratado bastante bien en esa ocasión y me quede entonces en la casa del Jefe de Estado Mayor en el Campo de Mayo. No tengo quejas de lo que fue en aquel caso, ya que fui tratado según la jurisdicción militar y fui liberado seis meses más tarde. Me liberaron por mayoría en el Consejo Supremo. Luego se reabrieron o abrieron otros procesos por causas relacionadas con el régimen militar, ¡pero treinta años después! Imagínese, es una cosa de locos. ¿Quién se acuerda de lo que ocurrió entonces?

R.A.:¿En qué situación están ustedes, fueron expulsados del ejército?

R.B.:No, no, nada de eso, yo soy General de División a todos los efectos. Eso sí, no me quedo nada, ya que desde hace cuatro años no tengo ni recibo pensión del Estado. Más de cuatro años sin cobrar ni un centavo. ¿Por qué? Porque yo cobraba la pensión presidencial y perdí la militar porque tenía que elegir entre una y otra. Tengo un hijo discapacitado y ni siquiera la militar me alcanzaba. Hable con el jefe de personal del ejército y opté por la presidencial. En un mes pude cobrar la pensión presidencial, que he cobrado durante más de veinte años, pero luego sorprendentemente, al llegar los Kirchner al gobierno, me la quitaron. Incluso un periodo pequeño durante los Kirchner la he cobrado, o sea que era un derecho ya adquirido que tenía y ahora me lo han quitado. No hay derecho alguno que me pueda revocar esa pensión. El juez que me juzgaba, incluso, ordenó reponerme la pensión presidencial que ahora me han quitado. Por tres veces los jueces me han dado ese derecho a recibir una pensión, gracias a las medidas cautelares. Se tienen que cumplir las Leyes y hacer valer ese derecho, pero no se hace.

R.A.:¿Y qué dicen para no pagarle su pensión?

R.B.:No dicen nada de nada, y eso es lo malo. El juez manda una medida cautelar para que le apliquen y no se cumple. Hemos ido al banco con un escribano acompañado de mi hija para certificar que no cobro nada y así lo hemos hecho saber, pero nada de nada, seguimos sin cobrar. Renuncie a la pensión militar porque no podía tener dos pensiones y ahora he perdido las dos, no cobro ninguna. A mí, en este momento, no me ayuda más que el bienestar social militar. Ya me ayudó en el pasado.

R.A.:¿Y atención sanitaria tiene?

R.B.:Ahora, al menos, me atienden en el Hospital Militar. Al llevarnos a prisiones comunes nos borraron de los turnos de la sanidad militar, que era  un derecho que teníamos y ahora nos lo quitaron. Sin embargo, en mi caso he vuelto a utilizarla. Ahora me atienden, pero antes no ocurría así. Tengo un cáncer de piel y necesito atención permanente. El Tribunal ha ordenado que me atiendan y me den atención, claro está.

R.A.:¿Su vida, cómo discurre, está en buenas circunstancias?

R.B.:Yo tengo 87 años, ya he pasado por muchas cosas, algunas adversas como las de ahora. Realmente, para lo que tengo encima, me van bien. Preferiría estar en libertad, obviamente, pero me siento bien: estoy aquí, al menos, en mi casa con mi hijo. Económicamente mal, como ya le conté. Me suspendieron mi sueldo, mi pensión y me dejaron sin nada. El juez me ha dado la razón y ordenó reponerme la pensión inmediatamente, pero nada de nada, ni siquiera obedecen la Ley y así me he visto, desprovisto de todo. Me deben cuatro años, casi cinco, de pensión y tengo que mantener a mi hijo. Además, mi pensión presidencial es inembargable y no hay posibilidad de que me la retengan, pero lo hacen, actúan como vulgares delincuentes.Espero que al menos tengan la decencia de que el día que falte se la paguen a mi hijo, que es discapacitado y no puede trabajar.

R.A.:Pero menos mal que tenía sus ahorros, ¿no?

R.B.:Pero ya los he gastado hace tiempo. Mis ahorros que tenía alcanzaron para dos años, luego se acabaron como es lógico. A mí me ayudan mis hijos y los amigos. Nadie más. Voy tirando. Vivo una situación terrible, porque es terrible tener que vivir de la caridad ajena y creo que en justicia tendría que vivir de lo que fue mi trabajo. Cobré durante veinte años la pensión presidencial y eso me da mis derechos adquiridos, aparte de la sentencia que valida mi derecho a seguir recibiéndola. Me han perseguido con saña y, encima, me quitaron la pensión. Uno de los que más se pronunció en favor de quitarme la pensión fue el político Sergio Massa, ¡qué miserable!

R.A.:¿Parece que se ensañaron con ustedes, los militares, duramente?

R.B.: Yo tuve suerte, ya que al menos he estado en casa y no en la cárcel todo el tiempo. Desde el 99 llevó padeciendo esta situación, cuando me inventaron una causa y me detuvieron. He estado más de un año en la prisión de Marcos Paz y me privaron de todo. Y el resto del tiempo lo he pasado en casa, cuidando de mi hijo y una parte del tiempo que pude disfrutar de mi mujer, que ya murió.

R.A.:Tuvo mucha suerte a diferencia del general Jorge Rafael Videla, ¿no cree?

R.B.:Claro que sí. Luego están las cosas que tuvo que escuchar Videla, que eran terribles. Le llamaron genocida, dictador y monstruo. Y era un hombre recto, firme, cargado de valores, nunca cometió ningún delito. Yo he trabajado con Videla y le conocí muy bien. Era, sobre todo, un buen soldado. Siempre vivió en la misma casa y vivió con humildad, no tengo nada que decir en su contra. Quizá hasta lo asesinaron.  Pero ya le digo, la vida privada de Videla era intachable en todos los sentidos. Era un hombre muy recto, como ya le he dicho. Videla tuvo siete hijos, era de comunión diaria, no se enriqueció en el poder. No se le puede objetar nada de nada.

Luego era una persona muy dialogante, pese a lo que se ha dicho, y siempre cuando iba a tomar una decisión consultaba a los demás, hablaba con su entorno. Nunca tomaba decisiones al azar. Hasta el obispo Laguna le iba a pedir consejo, a hablar con él, para que luego, al paso de los años, dijera que Videla era un gorila. ¡Válgame Dios! Los políticos de entonces buscaban a Videla para que diera el golpe de Estado. Una cosa tenga clara: si los peronistas ganan las elecciones de 1983, en vez de Raúl Alfonsín, nunca hubiera habido juicios a los militares. Todos los peronistas conocían muy bien a Videla y sabían de su integridad. Las cosas se complicaron cuando llegaron los Kirchner e hicieron un montón de barbaridades.

Pese a todo, he oído decir que cuando murió Videla se celebraron dos funerales y las iglesias estaban abarrotadas de gente. Y lo sé de buena fuente: me lo contó un cura que ofició su última misa. Le dieron un final terrible, padecimos juntos muchos de los juicios y causas que nos inventaron. Le ponían las esposas para humillarlo y degradarlo.

R.A.:Tampoco el trato al general Leopoldo Gatieri fue muy correcto, ¿qué opinión tiene de él?

R.B.:Galtieri tenía sus cosas pero no era un borracho como se ha dicho y mantienen algunos. Tomaba alguna copa de vez en cuando. Yo le conocí muy bien, trabajé como Secretario General de Gatieri durante un año y nunca le vi beber, tan solo en una ocasión una copa. Le veía a diario y puedo sostener esa opinión. Solo una vez le vi alegre, ¡una vez!, pero nada de grandes borracheras, eso son mentiras. Se crearon mitos y mentiras sobre su persona que no tienen nada que ver con la realidad.

R.A.:¿En el juicio contra usted habló con los acusadores, como la presidenta de la Abuelas de Mayo, Estela de Carloto, o no habló?

R.B.: No hable con ella. Mire vamos a ser claros y le voy a contar la relación que tuve con esta señora. Estela Carloto era compañera de mi hermana en el trabajo y eran amigas. Un día, siendo yo Secretario General del Ejército, me llama mi hermana y me pide que reciba a Estela Carloto. La recibí un domingo en mi casa porque supuestamente había desaparecido su marido. Vino con mi hermana y me expuso claramente sus problemas, como que tenía dos hijas enroladas en la subversión, pero yo no vengo por ese asunto, sino que estoy aquí porque mi marido no aparece. Entonces, a la noche me llamó mi hermana y me anunció que el marido de su amiga Carloto había aparecido. Yo no había hecho nada, ya que era domingo y no pude hacer nada, pero parecía que yo había intervenido a su favor. El marido parece que fue detenido por el apellido, ya que había un operativo buscando a las dos hijas, pero después fue liberado. Este tipo de casos ocurrieron muchas veces, gente que era detenida y después eran liberados.

Estuve charlando mucho tiempo en aquella ocasión con la señora Carloto y cuando se despide, yo le dije: mire señora, yo le voy a decir una cosa que como general no debería decírselo pero se lo tengo que decir como padre. Si usted quiere salvar a sus hijas, que estaban enroladas en grupos subversivos, debe sacarlas del país ahora mismo. Porque si ellas insisten en seguir en la subversión, van a morir en los combates con el ejército, pero si abandonan las filas de los terroristas, las van a matar ellos. Eso va a ser así y debe hacer algo. Así termino esa conversión. Más tarde, ella vino a pedirme el cadáver de la hija y salió diciendo que yo tenía un revolver en el escritorio y esas cosas. Así se escribe la historia. Luego a esta señora Carloto la pagaron por la hija muerta y por un supuesto nieto que nunca nació, pero es evidente que no había suficientes pruebas. El cadáver de la hija, que era miembro activo de los Montoneros, le fue devuelto y no hay más que decir sobre este asunto. Creo que esta señora Carloto es una impostora.

Pero esta señora Carloto sigue siendo presidenta de este colectivo de supuestas Abuelas de Mayo. Y yo digo: si la asociación de las Abuelas de Mayo no consigue en treinta años largos encontrar al nieto de su presidenta, una de dos: o ese nieto de la presidenta no existe o esa asociación no sirve para nada. Es todo un mito. En treinta años solo han encontrado seis supuestos nietos, imagínese, y todos bien criados. No existe el nieto de la señora Carloto. Ha habido un gran negocio con este asunto, incluso la tal Carloto tiene dos hijos diputados y se instaló bien en el régimen kirchnerista. Yo la atendí y le di mi ayuda, pero no creo que ella ahora me ayudara a mí.

Incluso cuando el mundial de fútbol querían proponerla para el premio Nobel de la Paz, algo que ya han intentado muchas veces con esta asociación. Llevan años detrás de este premio. Carloto es mucha peor que Hebe de Bonafini, que es muy torpe e incluso llegó a apoyar a ETA y la acción terrorista contra las Torres Gemelas. Apoya a todas las causas terroristas del mundo. Carloto se presenta como una santa y es un personaje rastrero.

R.A.:¿Piensa que con el nuevo jefe del ejército, César Milani -ya fuera del cargo-, pueden mejorar las cosas para ustedes?

R.B.:Para mí, Milani es un misterio, un enigma, no se puede saber todavía que va a hacer. Eso sí, diría que se ha enriquecido de una forma ilícita, porque se no puede tener la casa, casi palacio, que él tiene con el sueldo de general. Esa mansión no se hace con un sueldo público. Milani siempre ha trabajado en inteligencia y puede tener mucha información sobre los Kirchner. Quizá de ahí provenga todo su poder.

Milano es otro militar que ascendió como el general Martín Balza, al que le dimos todo y luego nos traicionó. Balza ha sido uno de los grandes traidores a los militares argentinos, pese a que fue su jefe durante un tiempo. Le dieron dos embajadas y le hicieron millonario los Kirchner.

El asunto de los militares presos en Argentina es una tragedia, un drama. Hay militares de más de ochenta años en la cárcel. En ese sentido, yo he tenido suerte y estoy preso en casa. ¿Cómo se puede tener presos a ancianos sin ningún criterio humanitario? Espero que algún día termine este calvario, pero el tiempo corre en contra nuestra y muchos militares aún morirán en la cárcel. ¿Ya han muertos más de 300! Pero sé que también cualquier día se inventarán otros delitos y quizá me vea ante los tribunales de nuevo. Por ejemplo, un día conocí en Marcos Paz a un suboficial que era chófer en los tiempos del gobierno militar, ¡pero que podía haber hecho un chófer! Este es nuestro castigo por haber servido al país en tiempos turbulentos.

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