Veinte años después del caso Gerardi: recordando a Byron Lima

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LA VERDADERA HISTORIA DEL CAPITÁN BYRON LIMA

Por Ricardo Angoso

La verdadera historia del capitán Byron Lima Oliva quizá está todavía por escribirse. Por lo pronto, ha aparecido un libro, escrito por su hermano Luis –injustamente perseguido en la actualidad y encarcelado sin piedad-, que trata de darnos algo más de luz acerca del personaje. Héroe para algunos, enemigo declarado para otros, personaje siempre controvertido en la sociedad guatemalteca, su figura y su carisma no dejaban indiferente a nadie.

Tras una brillante carrera militar y una hoja de servicios sin mácula de duda, el capitán Byron Lima Oliva fue condenado el 20 de enero del año 2000 por ser el presunto responsable del asesinato de monseñor Juan José Gerardi, crimen perpetrado en el 1998 en extrañas circunstancias y que quizá nunca se esclarezca del todo. Byron Lima fue un simple chivo expiatorio de un sistema que buscaba a marchas forzadas responsables para salvar la cara ante la comunidad internacional. El proceso fue un auténtico sainete digno de una novela de Kafka.

“La culpabilidad de los tres militares sentenciados (uno de los cuales, el sargento Obdulio Villanueva, ha sido asesinado y decapitado en la cárcel) parece más que dudosa, y muy posiblemente resultado de un montaje siniestro del servicio de inteligencia y militares vinculados al Gobierno que sucedió al de Álvaro Arzú, el de Alfonso Portillo, protegido y aliado del general Efraín Ríos Montt, general golpista y genocida, interesados en implicar al Gobierno de aquél en el horrendo crimen (pues el capitán Byron Lima Oliva formaba parte de la guardia presidencial de Arzú)”, señalaba el nada sospechoso de derechismo diario El País de España en una editorial publicada en aquellas fechas.

El mismo Byron Lima, en una entrevista que tuve el honor de realizarle cuando se encontraba en prisión, señalaba claramente el cúmulo de sospechas que pesaban sobre la institucionalidad judicial en el país y sobre el proceso al que fue somentido seguramente de una forma injusta:”Se presentaban testigos que eran indigentes, militares, un taxista con unas ideas descabelladas…No hubo una investigación de campo e incluso se señalaron pistas falsas. Había la intención clara de señalar como responsable al ejército guatelmateco, eso está claro, abriendo procesos a coroneles, sargentos, comisionados militares y patrulleros civiles”.

Sin la intervención de instancias externas siempre pendientes de acusar militares y, de paso, deningrar al ejército guatemalteco, el juicio contra el capitán Byron Lima nunca hubiera sucedido. Merece la pena destacar que el proceso fue seguido por la prensa internacional con todo lujo de detalles y quedó deslegitimado desde sus orígenes. El mismo diario El País, en el editorial ya citado antes, señalaba como se llegó a “construir”  una sentencia hecha a la media de todo un entramado casi Mafioso con apariencia de institucionalidad:”Para esto, se valieron de unos testigos salidos de una Corte de los Milagros guatemalteca: un grupo de indigentes que dormían en la plaza de San Sebastián, en las puertas de la parroquia, y cuyo testimonio fue decisivo para el fallo judicial. Estos testigos, sobre todo Rubén Chanax, apodado El Colocho,pasaron, gracias al crimen, de vivir de la nada y en la vía pública a ser mantenidos, protegidos y viajados por el Estado, y sus testimonios fueron siendo modelados a lo largo del proceso -alterados, retorcidos, adaptados- de tal modo que sirvieran los objetivos de una acusación que parecía sumisamente sometida a los dictados de la Odha, la organización de derechos humanos del arzobispado, cuya actuación a lo largo de toda esta historia es sumamente sospechosa, por decir lo menos”.

Incluso una figura talla internacional como el escritor y Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa prestó atención al juicio, al desarrollo mediatico del mismo y leyó con atención varias obras publicadas sobre tan controvertido proceso, por decirlo de una forma fina y diplomatica. Escribía el Nobel al referirse a este proceso de esta forma, que reproduzco literalmente:” La historia de los tres antiguos colaboradores de monseñor Gerardi en la defensa de los derechos humanos y dirigentes de la ODHAG -Edgar Gutiérrez, Ronalth Ochaeta y Mynor Melgar-, que luego de su incomprensible actuación a lo largo de un juicio en el que los culpables salen libres y se condena a inocentes y terminan siendo promovidos como embajador, canciller y jefe de los servicios secretos, de uno de los gobiernos más sangrientos y corruptos de la historia de Guatemala, da vértigo y parece una historia salida de las plumas de un Joseph Conrad o un John Le Carré”.

No puedo dejar de citar en esta breve nota la valiente, valiosa y lúcida aportación de los periodistas Maite Rico y Bertrand de la Grange, quienes en su libro ¿Quién mató al obispo? dan algo de luz al caso y dejan meridianamente claro que no parece que fue el capitán Byron Lima quien matara a Gerardi. Y no me resisto a reproducir uno de los textos contenidos en su libro que deja las cartas sobre la mesa en este turbio asunto todavía no resuelto:” En realidad, el clima creado alrededor del juicio ha comprobado que Guatemala no ha pasado la página de la guerra, a pesar de la firma de los acuerdos de paz. Quedan todavía muchas cuentas por cobrar. El sector militar más conservador considera los acuerdos como una imposición internacional y una traición de los políticos de turno —el presidente Arzú, en ese entonces—, a quienes acusa de haber regalado a la guerrilla una victoria política para compensar su derrota militar. En el otro lado del espectro, un sector de la izquierda está decidido a aprovechar todos los espacios y la simpatía internacional para debilitar a su enemigo tradicional, el ejército. Guatemala vive hoy una nueva forma de guerra que busca la derrota política del adversario a través de su descrédito”.

En cualquier caso, al margen del juicio en sí, creo que este libro –En nombre del Padre…La vida del capitán Byron Lima Oliva– nos da muchas pistas, claves, datos, aportaciones gráficas y actuaciones bien documentadas acerca de la vida de un hombre que siempre estuvo al servicio de la patria y de la sociedad a la que se sentía obligado a darle lo mejor que podía. Hablamos de una trayectoria de servicio público sin manchas ni procesos ni zonas oscuras, nada de nada, tan solo un militar que sirvió  a su nación a las duras y a las maduras. Estamos hablando, claro está, del capitán Byron Lima como ser humano y no del condenado por un crimen todavía no esclarecido. Y que al día de hoy sigue gravitando, como una pesada losa irresoluble, sobre la historia de nuestra abatida Guatemala. Esperemos que algún día se conozca la verdad, aunque ya sea demasiado tarde para el capitán Byron Lima, asesinado de una forma brutal en la mazmorra en la que estaba confinado por unos hombres sin piedad.

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