Chipre, recuerdo de un aniversario infame: la invasión turca

chipreTRISTE ANIVERSARIO EN NICOSIA

CHIPRE, TREINTA Y SEIS AÑOS ESPERANDO UNA SOLUCIÓN

POR RICARDO ANGOSO, 2010

En el verano de 1974, tras una golpe de Estado contra el arzobispo-presidente Makarios, las fuerzas armadas turcas, que siempre actuaron con toda autonomía frente al poder civil, lanzaron un brutal ataque aéreo, terrestre y marítimo contra el pequeño Estado de la República de Chipre. Con unos medios desproporcionados para las fuerzas que se enfrentaban, por lo general ancianos y jóvenes mal entrenados de la Guardia Nacional chipriota y algunas unidades griegas de escasa relevancia, los turcos ocuparon en apenas unos días casi una cuarta parte del país y después, violando las resoluciones de las Naciones Unidas, conquistaron más territorio, en un alarde belicista y guerrero que recordaba a las invasiones otomanas.

Nadie detuvo a las fuerzas turcas, porque Turquía era miembro de la OTAN y el principal aliado de los Estados Unidos en la region. Estábamos en la Guerra Fría y a nadie le interesaba enemistarse con Ankara por la suerte de esta pequeña isla abandonada a su suerte. Tampoco las tropas británicas, acantonadas en dos pequeñas bases –Acrotiri y Dhekelia-, que fueron cedidas tras la independencia de Chipre al Reino Unido, movieron un dedo por los chipriotas y prefieron adoptar la política de mirar hacia otro lado. Incluso, según señalan algunos analistas bien informados, los Estados Unidos conocían con anterioridad que se iba a producir el ataque turco y la consiguiente ocupación de la isla. El mismo Herny Kissinger, según informes de la misma CIA citados por varios autores, como el periodista y analista Christopher Hitchens, estaba al tanto del plan military de Ankara y era conocida su aversion por el arzobispo Makarios, al que llamaba el “cura rojo”.

Las consecuencias de la invasión turca fueron dramáticas para la isla. La parte ocupada por los militares turcos -que hoy es una entidad no reconocida internacionalmente que responde al nombre de “República Turca del Chipre Norte”- fue limpiada étnicamente y más de 200.000 grecochipriotas fueron expulsados de sus casas, tierras y propiedades donde habían vivido sus ancestros desde hacia siglos. También hay que dar cuenta de algo más de 2.000 desaparecidos y otros miles de fallecidos en los combates entre las fuerzas turcas y los combatientes chipriotas. La economía chipriota quedó hundida durante años y la capital del país, Nicosia, quedo dividida por un muro de la vergüenza, que fue destruido hace unos años, para enfado de las autoridades turcochipriotas, que siguen impidiendo el movimiento libre de personas en la isla. El país fue, literalmente, destruido. Y Chipre continua siendo, treinta y seis años después, que son ya una eternidad, un rehén político en manos turcas para forzar la futura adhesion de Turquía a la Unión Europea.

Esta isla, de apenas 900.000 habitantes y algo más de 9.000 kilómetros cuadrados, ha conseguido, sin embargo, sobreponerse a los dolorosos costes de la ocupación turca, habiendo conseguido elevar su nivel de vida hasta unos niveles de renta parecidos a los de España y otros países desarrollados de la Unión Europea (UE). Hoy la principal industria de la isla es el turismo y sus niveles de desarrollo social, político y económico llevaron a la República de Chipre a ingresar en la UE, en el año 2004, pese a estar dividida y subsistir el problema de la ocupación, algo que debería avergonzar a todos los demócratas del continente y que nos revela el carácter autoritario y escasamente democrático de la política exterior turca.

Panorama desolador en la parte ocupada

Por el contrario, en la parte ocupada por los militares turcos, el nivel de vida es cuatro veces más bajo que en la parte libre y el turismo es escaso, aunque recientemente ha comenzado a llegar turismo británico y de los países nórdicos, que rompiendo el embargo internacional que pesa contra la entidad turca viajan hasta allí para dejar divisas a los ocupantes. La tristemente conocida ciudad de Famagusta, antaño bello puerto repleto de turistas y rico polo económico de la isla, hoy es una población fantasma, abandonada y convertida en un triste cuartel para los militares turcos. Si uno pasea por sus calles, oscuras y carcomidas por el paso del tiempo, bellas estampas bizantinas y griegas devoradas por la suciedad y la destrucción, siente la nostalgia de un tiempo que nunca más volverá y la rabia por lo que fue destruido por un ocupante que no perdonó ni siquiera el patrimonio histórico legado generación tras generación.

En lo que se denomina como “República Turca del Chipre Norte”, que tan sólo reconoce Turquía, de acuerdo con la información proporcionada por las autoridades competentes del Gobierno de Chipre, “se han saqueado, destrozado deliberadamente y, en algunos casos, demolido más de 500 iglesias y capillas greco ortodoxas y 17 monasterios ubicados en ciudades y pueblos de la zona ocupada. Hasta hoy, se desconoce el paradero de los artículos eclesiásticos de estas iglesias, incluyendo más de 15.000 iconos portátiles. Es más, la policía de Chipre calcula que desde 1974 se han trasladado ilegalmente más de 60.000 artefactos antiguos a diferentes países en todo el mundo. Los iconos más significativos y de incalculable valor cayeron en posesión de casas de subastas y se vendieron ilegalmente por marchantes de arte en el extranjero”. También en los anticuarios de la parte ocupada resulta fácil encontrar antigüedades y otros objetos abandonados por los grecochipriotas en sus antaño casas y propiedades ahora saqueadas y abandonadas.

Aparte de la destrucción del patrimonio histórico, en la parte ocupada, en vista de que las escasas perspectivas económicas empujaban a su gente a la emigración, los turcos instalaron a algo más de 115.000 colonos traídos desde las zonas más atrasadas de Turquía para alterar la composición étnica del país y “turquizar” el territorio chipriota. La estrategia, seguida de la expulsión de los últimos grecochipriotas que vivían en la zona militarizada turca, casi 40.000 soldados en un territorio de apenas 3.000 kilómetros cuadrados, ha dado los resultados esperados y hoy podemos decir que Chipre constituye el primer territorio étnicamente limpiado desde la Segunda Guerra Mundial. Apenas quedarían, como mucho, unos cuatro centenares de grecochipriotas viviendo en la parte ocupada, concretamente en la Península de Karpasía.

Chipre, una situación anacrónica para un miembro de la Unión Europea

Hoy, cuando la UE negocia con Turquía y el Gobierno español incluye a este país en la Alianza de las Civilizaciones, es hora de poner fin a este verdadero disparate y anacronismo que representa la ocupación de la isla. El 37% de Chipre está ocupado por el ejército turco, en un hecho insólito y que exige una solución rápida. Es hora de poner coto a este verdadero dislate. También es el momento de recordar a las autoridades de Ankara que la isla está a la espera de una solución justa, democrática y reparadora para las miles de víctimas chipriotas.

Ahora, cuando el clima entre grecochipriotas y turcochipriotas es mucho más positivo y constructivo, todos esperan que Ankara mueva ficha. Pero, en definitiva, todos nos seguimos preguntando si los respectivos ejecutivos turcos han controlado alguna vez a sus fuerzas armadas, cuestión capital que casi siempre merece una respuesta negativa. ¿Serán capaces los dirigentes turcos de democratizar su país, subordinar al poder militar al civil y superar sus seculares conflictos y contenciosos que, como el de Chipre y el Kurdistán, penden como una espada de Damocles sobre su tímido proceso de modernización política y transformación democrática? Demasiadas cuestiones y pocas respuestas, esa es la cruda realidad.

El reciente acercamiento de Ankara a los regímenes más reaccionarios de la región, como Irán y Siria, y la victoria de los ultranacionalistas turcos en las elecciones celebradas en la parte ocupada, junto con la creciente islamización del país de la mano del escasamente moderado Reccep Tayyip Erdogan, presentan un cuadro claramente adverso para la resolución de este largo contencioso que cumple ya casi cuatro décadas de ominoso recuerdo este 20 de julio.

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