
En la sesión 147 del Periodo de Sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las organizaciones Red Cubana de Comunicadores Comunitarios, Unión Patriótica de Cuba, Instituto Cubano para la Libertad de Expresión y Prensa, expusieron la grave situación de las condiciones penitenciarias en Cuba, que tiene la tasa de población penal más alta en América Latina y una de las más altas del mundo.
El gobierno cubano asegura que en la Isla hay 57.337 internos, es decir, 494 reclusos por cada 100.000 habitantes. No obstante en el año 2009, The Economist expuso que en la isla existen 531 presos por cada 100.000 personas.
Organizaciones independientes también proveen un número más alto de reclusos: 892 por cada 100.000 en más de 250 centros penitenciarios, todo esto en una población de 11,2 millones de ciudadanos.
Lo que no dice el gobierno de Cuba es que cuando tomó el poder en 1959, en la isla solo existían unos cinco mil presos, es decir: 83 por cada 100.000 habitantes en unos catorce centros penitenciarios, dentro de una población de seis millones de ciudadanos y que si comparamos las cifras oficiales la población penal en Cuba ha crecido desde entonces en un 411%.
Siguen exponiéndonos que sufrieron torturas físicas y psicológicas. En ocasiones los mantuvieron más de cien días en calabozos oscuros, húmedos, tapiados, llenos de roedores e insectos de todo tipo; dormían en una cama de piedra, en ese tiempo violaron sus visitas reglamentarias y el acceso a un teléfono, también violaban la correspondencia.
En las prisiones cubanas hay autoagresiones de los reclusos desesperados por las violaciones a sus derechos como personas; podemos mencionar algunas tales como: Se inyectan excremento con orina o petróleo en cualquier parte del cuerpo. Se derriten plástico en sus miembros inferiores y superiores. Se tragan alambres. Se cercenan los dedos de las manos falange por falange. Se cortan sus venas y tendones. Se realizan heridas con cuchillas de afeitar en el abdomen, en los brazos, en los muslos y piernas. Se castran, ellos mismos.
Al no tener acceso al médico dental, se sacan sus dientes y muelas con alambres. Se inyectan sangre contagiada con el virus del VIH/SIDA y se introducen frías agujas de inyectar por sus ojos.
A los que protestan los ponen en celdas solitarias y los torturan esposándolos parados y de espaldas a la reja de la celda, con los brazos abiertos en forma de cruz; tortura esta conocida en el argot presidiario como la guagüita o crucifixión, y la otra forma de torturar a los reclusos es esposándoles los pies y las manos también esposadas a la espalda; tirado de lado en el frío, húmedo y mugriento piso del calabozo, el recluso es presa fácil de los roedores e insectos que pululan en estos antros de perdición.