
Las fuerzas del régimen de Asad bombardearon este miércoles varios barrios de la ciudad septentrional de Alepo y localidades de los alrededores de Damasco, al tiempo que practicaron detenciones en otras zonas, indicaron grupos opositores.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos denunció que las fuerzas gubernamentales bombardearon en Alepo los barrios de Seif al Daula, Al Sokari, Al Sajur, Tariq al Bab y Salahedín, donde se libraron también enfrentamientos contra los rebeldes.
En los alrededores de Damasco, las fuerzas leales a Bachar al Asad, bombardearon con intensidad la localidad de Al Tal en un intento de controlarla después de varios días de ofensiva. Residente en la provincia de Rif Damasco, el activista Omar Hamza destacó a Efe por internet que Al Tal es objetivo de bombardeos por séptimo día consecutivo, mientras continúan cortadas las comunicaciones, el agua y la electricidad.
También hay escasez de alimentos y ayuda médica en la zona, apuntó Hamza, que también se refirió al amplio despliegue de efectivos de seguridad en la capital después de la explosión ocurrida cerca del hotel donde se alojan los observadores de Naciones Unidas.
La bomba había sido colocada en un camión cisterna detrás del hotel “Dama Rose”, que a su vez se encuentra cerca de la sede del jefe del Estado Mayor en una zona exclusiva de la capital.
El rebelde Ejército Libre Sirio (ELS) reivindicó hoy el ataque y precisó que iba dirigido contra un grupo de oficiales leales al régimen y no contra los observadores. También en la capital siria, se escucharon explosiones y disparos en el barrio de Al Qabun mientras que el Ejército sirio irrumpió en la zona y practicó una serie de detenciones, según el Observatorio.
Este grupo de derechos humanos agregó que otra redada tuvo lugar en el barrio de Al Qanis, en la ciudad costera de Latakia, donde al menos treinta personas fueron detenidas.
Por su parte, los activistas Comités de Coordinación Local indicaron que al menos 28 personas murieron hoy, entre ellas tres mujeres y dos niños, en distintos actos de violencia en las provincias de Idleb (norte), Damasco y Homs (centro).
BOMBA EN EL HOTEL
Asimismo, una bomba explotó en el centro de Damasco, cerca de varios edificios militares y del hotel ocupado por los observadores de Naciones Unidas, causando tres heridos y provocando una gran columna de humo negro en el cielo de la capital siria.
El viceministro de Relaciones Exteriores, Faisal Mekdad, dijo que ninguno de los observadores había resultado herido en la explosión, que ocurre exactamente cuatro semanas después de que una bomba matara a cuatro de los responsables de seguridad del presidente Bashar al Asad.
“Esta es otra operación criminal que muestra el ataque al que ha estado expuesto Siria y la naturaleza criminal e inhumana de aquellos que llevan a cabo estos ataques, y de quienes los apoyan en Siria y en el extranjero”, dijo Mekdad a periodistas en el lugar de la explosión, donde los bomberos sofocaron un tanque de combustible que ardía.
La bomba, que estaba ubicada en un vehículo aparcado al lado del edificio, hizo estallar el tanque de un camión de combustible a las 8.30 horas de la mañana hora local. Una fila de vehículos blancos de ONU estacionados cerca estaban cubiertos de ceniza y polvo.
Aunque la explosión tuvo lugar cerca del hotel, no está claro cuál fue su objetivo. En la zona hay un club de militares del Ejército sirio y un edificio que pertenece al partido gobernante Baath y que no está lejos de la sede de las fuerzas armadas. Las tropas de Asad lanzaron el pasado mes una contraofensiva contra los rebeldes que controlaban varios barrios de Damasco y rodeaban la principal ciudad del país, Alepo.
La violencia en Siria, que según fuentes de la oposición ha cobrado 18.000 vidas desde el inicio de la revuelta popular contra Assad en marzo del año pasado, ha dividido a las potencias regionales y mundiales, y ha bloqueado los esfuerzos diplomáticos para poner fin a la crisis.
Se espera que los líderes de los países musulmanes suspendan a Siria de la Organización de Cooperación Islámica en una cumbre que se celebrará el miércoles en La Meca, a pesar de las objeciones verbales de Irán, un régimen chií y principal aliado de Assad en la región.
La decisión simbólica que tomará el organismo compuesto por 57 miembros, que requiere una mayoría de dos tercios, pondrá al descubierto las divisiones en el mundo islámico sobre la respuesta a la guerra civil en un país con importantes diferencias sectarias. La mayoría suní siria está en el centro de la revuelta, mientras que el Gobierno está dominado por la secta alauí de Asad, una rama del islam chií.
GESTO CONCILIADOR
En un gesto aparentemente conciliador, el rey saudí Abdullah recibió a los líderes asistentes a la cumbre, con el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, a su lado. Abdullah y Ahmadinejad fueron mostrados por la televisión estatal de Arabia Saudí charlando y sonriendo juntos. “Fue un mensaje para la nación iraní y, por supuesto, para el pueblo saudí, de que somos musulmanes y tenemos que trabajar juntos y olvidar nuestras diferencias”, dijo Abdullah al-Shammari, un analista político saudí.
Los rebeldes sirios están respaldados por países suníes como Arabia Saudí y Qatar, además de Turquía, mientras que Irán apoya a Assad. El ex primer ministro de Assad Riyad Hijab, un suní que desertó este mes, hizo el martes su primera aparición pública asegurando en rueda de prensa en Jordania que el presidente controla menos de un tercio del país y que su poder se está desmoronando. “El régimen se está derrumbando, espiritual y financieramente, en esta escalada militar”, dijo. “No controla más del 30 por ciento del territorio sirio”, agregó.
La deserción de Hijab, que no formaba parte del círculo íntimo de Assad, llevó a Washington a anunciar el martes que retiraba su nombre de la lista de altos cargos del país sobre los que pesan sanciones financieras. Las fuerzas de Assad llevan semanas intentando recuperar el control de Aleppo, el mayor centro comercial de Siria, donde los rebeldes han estado resistiendo a los bombardeos y ataques aéreos del Gobierno.
Periodistas de Reuters en Aleppo escucharon el martes explosiones en el distrito de Saif al-Dawla, cerca del barrio de Salaheddine, donde se han registrado los combates más fuertes de las últimas dos semanas. “Recibimos algunas cantidades de munición pero no es suficiente”, dijo el rebelde Hossam Abu Mohammad, un ex capitán del Ejército. “Necesitamos tipos específicos (antitanque) de armas”, agregó.
“Somos cerca de 600 miembros del Ejército de Siria Libre combatiendo en Salaheddine y no es suficiente”, dijo a Reuters.
La violencia ha dejado 1,5 millones de personas desplazadas dentro del país y obligó a muchos a huir al extranjero, con 150.000 refugiados registrados en Turquía, Jordania, Líbano e Irak, según los datos de la ONU.
La coordinadora de ayuda de emergencia de Naciones Unidas, Valerie Amos, visitó el país el martes para discutir la asistencia a los civiles que se ven atrapados por los combates y que a menudo carecen de comida y suministros médicos. El miércoles, la funcionaria se encontraba reunida con responsables de la Unión Europea en Damasco cuando explotó la bomba.
“Todo esto es extremadamente preocupante, no tengo detalles, pero creo que hubo una cantidad de explosiones en Damasco esta mañana. Escuché una cuando estaba en una reunión”, dijo un portavoz de la ONU citando a Amos.
“Todo mi equipo está ileso. Entiendo que todos en la misión de la ONU están también bien pero estoy comprobándolo”, añadió.