De las guerras a la integración
Ha pasado el tiempo suficiente para mirar la historia con perspectiva, pero las heridas aún siguen sin cicatrizar en una de las regiones más convulsas del viejo continente. Pese a todo, los países surgidos de la desmembración de Yugoslavia miran con optimismo el futuro y ponen a la Unión Europea en su horizonte más inmediato.
ALBANIA
La situación política en este país, de apenas 30.000 kilómetros y tres millones de habitantes, sigue siendo muy complicada. Las formas autoritarias y violentas del primer ministro, el mítico Sali Berisha, han llevado al bloqueo del diálogo político en el país. La oposición, que lidera el socialista y exalcalde de Tirana Edi Rama, boicotea el juego parlamentario y critica abiertamente al gobernante Partido Democrático (PD), que supuestamente cometió fraude en las últimas elecciones municipales y llegó al gobierno a merced de un sistema electoral ventajista pese a la victoria en votos de los socialistas.
La violencia se ha apoderado en numerosas ocasiones de las calles de Tirana y conviene recordar que en enero del año pasado una manifestación de protesta socialista fue brutalmente reprimida por el gobierno con el resultado de cuatro manifestantes muertos y varios heridos. En lo económico, Albania sigue siendo uno de los países más pobres de Europa e incluso del mundo, dada la pésima herencia recibida del régimen estalinista que gobernó esta nación durante varias décadas y su atraso industrial y agrícola. Sus datos macroeconómicos, sin embargo, no reflejan la realidad del país, ya que es la economía informal podría superar el 50% de su Producto Interior Bruto oficial por la fuerte entrada de remesas del exterior —no cuantificables—, dada la importante diáspora albanesa dispersa por todo el mundo, pero principalmente en Alemania, Austria, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Italia y Suiza.
Respecto a los cambios sociales, hay que reseñar que por primera vez en la historia los gays decidieron hacer pública su condición y un colectivo representativo de los mismos anunció recientemente que este año celebrarían la fiesta del orgullo gay en las calles de Tirana, lo que provocó la violenta reacción del viceministro albanés de defensa, Ekrem Spahiu, quien afirmó sin ningún rubor que lo único que se podía hacer con los gays es golpearlos con las porras de la policía. La Unión Europea (UE) condenó estas declaraciones e incluso Berisha defendió el derecho de los gays a manifestarse y reprendió a su homófobo viceministro. Estas declaraciones tan inapropiadas contrastan con la paradoja de que el país ya fue aceptado como miembro respetable del mundo democrático tras su inclusión en la Alianza del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), por presión sobre todo de Washington, todo hay que decirlo, en el año 2004, y que seguramente en un futuro será incluida en un “paquete” junto varios estados balcánicos para negociar su futura inclusión en la UE.
BOSNIA Y HERZEGOVINA
Cuando han pasado veinte años desde que comenzara la guerra en Bosnia y Herzegovina, que duró tres largos y sangrientos años, la situación que presenta el país es realmente compleja, debido sobre todo a la complejidad política y territorial que se impuso a las poblaciones convivientes —serbios, croatas y musulmanes— en los Acuerdos de Dayton que pusieron final al conflicto y sentaron las bases para el nuevo Estado bosnio. Los serbios, organizados en la República Srpska que ocupa el 49% del territorio bosnio, nunca han ocultado sus deseos secesionistas y han causado numerosos quebraderos de cabeza a la comunidad internacional al bloquear numerosos proyectos de vida en común.
Pero tampoco los croatas, que son el 15% de los cuatro millones de habitantes, han puesto las cosas mejor y también muestran a las claras sus deseos por ser anexionados algún día por la madre patria, es decir, Croacia.
El problema radica en que la complejidad política impuesta por la comunidad internacional, que pasa por dos entidades —la serbia y la maltrecha Federación de croatas y musulmanes— y diez cantones, es insostenible y que la base política acordada inicialmente, los ya citados Acuerdos de Dayton, sirvió para terminar con la guerra pero no para hacer posible la convivencia multiéntica y la consolidación de un verdadero Estado funcional y viable. Este contexto inconsistente explica el decrecimiento de la población —perdió el 10% de su población en los últimos años—, la parálisis de su exhausta economía, que siempre tuvo junto con Macedonia los indicadores macroeconómicos más bajos de la antigua Yugoslavia, y su escasa proyección y protagonismo internacional.
Casi todos los analistas políticos de la región consideran que una de las grandes reformas que tendrá que llevar a cabo Bosnia y Herzegovina es la refundación política y territorial en una nueva entidad más funcional y práctica y menos compleja, aunque el principal problema sigue siendo que en las tres comunidades siguen latiendo las tendencias centrífugas y que la vecindad territorial con Croacia y Serbia alimenta en los sectores ultranacionalistas de serbios y croatas los proyectos nunca olvidados de crear una ‘gran Croacia’ y una ‘gran Serbia’, respectivamente,
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BULGARIA
Pese al avance que significó su rápida transición hacia la democracia y su posterior inclusión en la Unión Europea más tarde, en el 2005, el país sigue siendo el más pobre del ‘club europeo’. Tiene serios problemas de desempleo, una corrupción galopante, una criminalidad en alza y presente en las calles búlgaras y una caída en su natalidad cada vez más constatada. Los jóvenes búlgaros más formados ya han emigrado y el país ha envejecido súbitamente en los últimos años; casi dos millones de búlgaros han salido del territorio desde el año 2008, pasando Bulgaria de 9 millones de habitantes a apenas 7,6. Su tasa de desempleo se acerca ya peligrosamente al 10% y la de pobreza, según datos oficiales, supera el 21%. La crisis económica europea también ha golpeado con fuerza a este país balcánico y el Ejecutivo espera un crecimiento bajo para este año, en medio de una caída generalizada en la producción industrial y minera.
Uno de los grandes éxitos de Bulgaria en la escena internacional fue la plena integración en la OTAN, en el año 2004, lo que ha contribuido notablemente a aliviar las tensiones regionales y a generar un espacio para la seguridad y la estabilidad en una zona tan necesitada de ambos elementos. Bulgaria ya participa en algunas misiones internacionales, y su presencia en la OTAN fue vista por alivio por una clase política y económica de una nación que padeció duramente las secuelas económicas provocadas por la guerra en la antigua Yugoslavia y un embargo de obligado cumplimiento para todos los vecinos del extinto país.
La gran asignatura de Bulgaria, como ha sido señalada desde altas instancias de la UE, sigue siendo la lucha contra la corrupción, ya que es el país más corrupto sin mácula de duda dentro de las instituciones europeas y el que menos hace por combatir esta lacra. Desgraciadamente, y siguiendo las más rancias tradiciones balcánicas, la corrupción pervive en las elites políticas y económicas búlgaras y esta inercia del pasado condiciona, en gran medida, su crecimiento, su proyección en el exterior y daña seriamente la imagen y confianza del país en el mundo de los negocios y entre los inversores. Es su talón de Aquiles.
CROACIA
Aunque los croatas no se consideran balcánicos, lo cual es una característica que distingue especialmente a todos los pueblos de los Balcanes sin excepción, Croacia es uno de los nuevos países de Europa del Este que más ligado ha estado a la historia de esta controvertida y también olvidada región entre el Occidente y el Oriente, entre Europa y Asia. Tras la cruenta guerra yugoslava, que comenzó en Eslovenia en 1992 y concluyó en Kosovo a finales del siglo pasado, Croacia consolidó su frágil democracia, diseñó su modelo de integración a la UE —que concluye el próximo año con su plena adhesión— y participó activamente en la sociedad internacional, tanto en los foros internacionales como en el escenario regional.
La reciente victoria de los socialdemócratas croatas, herederos del antiguo partido comunista local, demostró a las claras que la alternancia es posible en el país y que la democracia está ya plenamente consolidada y asentada. Lejos quedan ya los años de las guerras yugoslavas en que Croacia tuvo un protagonismo no buscado a merced de la ocupación de una parte de su territorio por milicias serbias armadas y financiadas por la Serbia del difunto Slobodan Milosevic. A pesar de que la mayor parte de los serbios que se fueron tras el final de la guerra, en 1995, no han regresado, Croacia vive una situación inmejorablemente mejor que la de hace años, sobre todo desde el punto de vista de la estabilidad política.
El desempleo, sin embargo, sigue siendo muy alto y supera el 17%, las previsiones para este año también indican que el crecimiento económico pueden ser negativas y los planes preadhesión a la UE que tenía el gobierno de Zagreb están siendo seriamente cuestionados; nadie cree que se puedan cumplir. No obstante, a pesar de estas previsiones no muy optimistas en un contexto interno muy condicionado por la crisis de sus vecinos europeos, Croacia ingresará en la UE el próximo 13 de junio de 2013, acontecimiento que constituirá un hito en la historia de este pequeño país de apenas 56.000 kilómetros cuadrados y algo más de cuatro millones habitantes. Además, ya es miembro de la OTAN de pleno derecho y tiene unas relaciones cordiales con casi todos sus vecinos, incluyendo aquí a Serbia y Bosnia y Herzegovina. ¿Alguien da más?
KOSOVO
La inestabilidad sigue siendo la tónica dominante en esta región antaño parte indiscutible y secularmente ligada a Serbia. Tras la intervención de la OTAN, que llevó a esta región del protectorado internacional a la independencia en apenas unos años, Kosovo ha sido reconocido por casi un centenar de países y tan sólo España, Eslovaquia, Grecia, Chipre y Rumania se resisten a hacerlo en las filas de la UE. Pero el consenso internacional acerca de sus aspiraciones como Estado es ya una cuestión cerrada, disputas al margen.
La independencia, aprobada por unanimidad por la asamblea de la región no reconocida por Serbia en el año 2008, fue un paso importante, pero no ha resuelto los problemas relativos a la criminalidad creciente, a las acusaciones de crímenes contra la humanidad que pesan contra algunos dirigentes locales y, sobre todo, a los concernientes a la caótica situación económica, cuya principal secuela sería un desempleo que podría superar al 50% de la población activa. Pero el más importante problema que tiene Kosovo es el relativo a su integridad territorial, pues la importante minoría serbia (100.000 personas sobre un censo de casi dos millones) no se siente representada por las autoridades albanokosovares que la comunidad internacional impuso como tales y tiene apetencias secesionistas, algo que es lógico si pensamos que siempre pertenecieron a Serbia y que por razones culturales y religiosas (son ortodoxos) no se identifican con la comunidad mayoritaria y dominante: los albaneses. Agrupados en las cercanías de la antaño importante ciudad minera de Mitrovica y en los alrededores del importante patriarcado de Pec, los serbios reivindican una fusión imposible con Serbia o una suerte de autonomía que nadie les quiere conceder. Olvidados por todos, incluso por Serbia, su causa es una más a añadir.
RUMANIA
Hasta ahora, los rumanos, a diferencia de sus vecinos problemáticos, han tenido bastante suerte: han conseguido en un periodo relativamente corto de tiempo, como Bulgaria también, ingresar en los selectos clubs de la OTAN y la UE. Tan solo la llegada de la crisis económica al continente ha frustrado, en cierta medida, sus planes de crecimiento económico y liderazgo regional. Las remesas de sus inmigrantes extranjeros, en buena medida residiendo en Alemania, Austria, España, Francia e Italia, se han detenido, el desempleo creció algo pero no alarmantemente y la construcción, junto con el sector inmobiliario, se derrumbó. Aparte de las constantes crisis de gobierno, nada más que reseñar, salvo la pobreza creciente —más del 16%, sobre todo entre la importante minoría gitana— y un clima político y social muy favorable al crecimiento de la extrema derecha. Es decir, que los Balcanes también se apuntan a la moda política imperante en Europa.
SERBIA
Es uno de los países de los Balcanes que tiene tras de sí una peor herencia política e histórica, sobre todo tras años de embargo político y económico impuesto por la comunidad internacional y también por la pésima situación regional. Tiene la tasa de desempleo más alta de la región (el 23%) y una situación de empobrecimiento preocupante, incluso por encima de las de Bulgaria, Macedonia y Rumania. También su deuda externa es muy alta y las inversiones extranjeras, quizá debido a la coyuntura económica internacional, no llegan.
En lo político, sin embargo, las cosas han mejorado mucho y hoy casi todos los partidos políticos, incluso la extrema derecha del Partido Radical, apuestan hoy por la inclusión del país en la UE, no así por la OTAN que sigue siendo un tema tabú desde los ataques de esta organización contra Serbia en la guerra de Kosovo, allá por el año 1999. En las relaciones con sus vecinos, también la situación ha mejorado mucho y el país es un actor regional que mantiene unas excelentes lazos con casi todos los países de su entorno si exceptuamos a Kosovo, que se niega a reconocer y a aceptar como un miembro de pleno derecho de la comunidad internacional.
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MACEDONIA
El principal problema de Macedonia sigue siendo el mismo que cuando proclamó su independencia en el año 1991: el permanente bloqueo de Grecia en las instituciones internacionales le ha imposibilitado su plena integración en la OTAN y el comienzo de las negociaciones para su futura adhesión a la UE. Cobijada en la excusa de la utilización del nombre y los símbolos patrios macedonios, Atenas argumenta que Skopje usurpa ilegítimamente la denominación de Macedonia, por que tiene en su interior una región de su mismo nombre, y exige llamar a este país como FYROM (ex República Yugoslava de Macedonia). Ambas partes todavía no han llegado a un acuerdo –y han pasado veinte años– y el contencioso sigue presente y dañado a la proyección exterior de Macedonia.
Paradójicamente, Macedonia es una de las ex repúblicas yugoslavas que mejores indicadores económicos muestra en estos momentos, su moneda presenta una estabilidad inexplicable y las inversiones para un país de apenas dos millones de habitantes y 25.000 kilómetros cuadrados se caracterizan por una tendencia creciente. En lo económico, su único aspecto realmente negativo es su alto desempleo: más del 30%.
MONTENEGRO
Siendo el más pequeño de los países de los Balcanes, en los últimos tiempos llegan muy pocas noticias de lo que acontece en este Estado de apenas 600.000 habitantes y 13.000 kilómetros cuadrados -una extensión como la de la provincia de Salamanca-. Es una de las entidades políticas más estables de la región y que no ha mantenido conflictos ni contenciosos con ninguno de sus vecinos. Ni siquiera con Albania, pese a que existe una importante minoría albanesa (casi el 17% del censo) en el interior de sus fronteras.
Al igual que el resto de sus vecinos, Montenegro ha solicitado su ingreso en la UE y sufre actualmente las consecuencias de la grave crisis económica que padece el continente. Como aspecto negativo que afecta gravemente al país, hay que reseñar que el presidente montenegrino, Milo Djukanovic, ha sido recientemente acusado por la justicia italiana de tener conexiones con el contrabando de tabaco y de estar relacionado con determinadas mafias ligadas a ese lucrativo negocio. Las acusaciones vienen de lejos, nada nuevo bajo el sol.