LA INCREÍBLE HISTORIA DEL X DUQUE DE BÉJAR
Por Ricardo Angoso
El X Duque de Béjar, Manuel Diego López de Zúñiga, nació en la Navidad de 1656 en la localidad salmantina de Béjar, aunque fuera bautizado el 4 de enero de 1657. Hijo de una familia noble de rancio abolengo, heredó el título de Duque a la muerte de su padre, con apenas tres años, y su madre, la duquesa Teresa, fue su tutora y curadora durante su minoría de edad. Fue Elegido caballero de la Orden del Toisón de Oro cuando Manuel Diego contaba solo once años de edad por el rey Carlos III, en diciembre de 1688, e investido personalmente por mismo el rey en dicho año en el palacio real de Madrid.
Recibió formación militar desde muy joven e incluso luchó en las guerras de España en Flandes, entre 1681 y 1684, y participó con éxito en algunas de las grandes batallas, como en el sitio de Oudenaarde, donde con sus propias manos apartó algunas bombas encendidas que habían caído en un polvorín, demostrando así su gran coraje. Como no podía ser de otra forma, el alférez de su tercio de infantería llevaba la bandera con el escudo de armas del duque de Béjar, que le acompañaría hasta el final de sus días.
Años después de su participación en esta campaña, el X Duque regresaría a España para atender sus asuntos domésticos, su hacienda y negocios y retornar a la vida cotidiana, siendo recibido en Béjar con grandes celebraciones y fiestas, pero no sería por mucho tiempo porque la guerra nuevamente llamaría a su puerta. Eran los años de las luchas de los cristianos contra los turcos en los Balcanes y también en Europa central. Los turcos habían llegado a las puertas de Viena y conquistado la capital húngara, Budapest, amenazando a todo Occidente.
En este contexto, en que la cristiandad estaba en peligro, en 1686 el duque de Lorena, con un gran ejército imperial y ayudado por las tropas del príncipe elector de Baviera y de los voluntarios escoceses, franceses, ingleses y flamencos se puso en marcha para reconquistar la plaza de Buda, fortaleza amurallada y defendida por un gran ejército turco. El X Duque de Béjar no lo dudó y se puso en marcha para unirse a las fuerzas cristianas.
Partió de España en abril de 1686 al mando de un cuerpo de unos doce mil voluntarios entusiastas españoles para acudir a reforzar los ejércitos del emperador del Sacro Imperio Leopoldo I de Austria, que combatían al turco en Hungría, para defender Budapest de los turcos y reconquistar la fortaleza de Buda, en manos turcas. Una vez llegado a la capital húngara, se puso a las órdenes de las tropas cristianas y mostró una gran valor en los combates entre cristianos y turcos, Participó en los enfrentamientos para recuperar posiciones estratégicas ocupadas por los otomanos y el 29 de junio de 1686 intervino en una acción en el castillo de San Gerardo, donde avanzó para recuperar posiciones pese a las órdenes de retirada. En el asalto al castillo de Buda, durante un asalto con las defensas de este bastión, el X Duque de Béjar recibió un disparo de mosquete en el pecho, que le dejó herido de muerte. Murió a consecuencia de sus heridas pocos días después, en julio de 1686, y la ciudad fue tomada definitivamente por los cristianos a principios de septiembre del mismo año.
Su muerte tuvo una gran repercusión en España. Se publicaron elogios fúnebres y relatos que exaltaban su arrojo, y su figura quedó rodeada de una leyenda heroica. El emperador Leopoldo I de Austria y el papa Inocencio XI también expresaron sus condolencias. Su cuerpo fue llevado hasta España y enterrado en el antiguo convento de Nuestra Señora de la Piedad de Béjar, aunque con el paso de los años este convento quedó en desuso y abandonado, motivo por el cual sus restos hoy descansan en el cementerio bejarano de San Miguel. Su corazón fue enterrado en el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, un lugar de un gran simbolismo para el X Duque y cuya relación con el ducado de Béjar es de vieja data.