Los comunistas y el conflicto con las FARC

Domingo, 9 de septiembre de 2012
CARLOS LOZANO, DIRECTOR DEL ÓRGANO OFICIAL DEL PARTIDO COMUNISTA COLOMBIANO (PCC)

“Mientras persista el conflicto armado aquí no habrá democracia”

Ricardo Angoso

Los contrastes sociales son terribles, sin que se esté controlando la pobreza. El dirigente de la izquierda colombiana sostiene que la guerrilla no puede estar toda la vida buscando el poder por la vía de las armas. Son precisos más esfuerzos contra tanta desconfianza.

Abogado, periodista y activista político colombiano, Carlos Lozano es el director de ‘La Voz’, el órgano oficial del Partido Comunista Colombiano (PCC) y miembro del Comité Ejecutivo Central de esta formación política. Autor de varios libros sobre el conflicto armado en Colombia y condecorado por el Gobierno galo con la Legión de Honor de Francia, ahora se le señala como uno de las principales facilitadores para lograr el diálogo entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-EP (FARC-EP) y el Ejecutivo del presidente Santos. En esta entrevista, realizada apenas unos días antes del anuncio oficial de estas negociaciones, Lozano asegura que la búsqueda de la paz es una cuestión fundamental para el país, al tiempo que se refiere a otros destacados aspectos de la política nacional.

¿Cree que las FARC tienen voluntad política por negociar y arreglar pacíficamente el conflicto?
Yo creo que sí, tanto las FARC como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la otra fuerza en armas, tienen voluntad en estos momentos porque una guerrilla no puede estar toda la vida buscando el poder por la vía de las armas. Se han dado pasos importantes, como suspender el secuestro extorsivo, la liberación de los rehenes que estaban en su poder por razones del conflicto, y hay muchos pronunciamientos por parte del Secretariado de las FARC en el sentido de encontrar nuevos caminos distintos a la vía armada. Lo mismo ocurre con el ELN. Yo creo que estamos en otro momento, que los tiempos han cambiado en el país. Por supuesto que hay desconfianzas reciprocas entre ambas partes, ya que muchas cosas han ocurrido en esta nación que marcan esa desconfianza, como el exterminio de miles de militantes de la Unión Patriótica (UP), una organización de izquierdas que buscaba la vía política para llegar a las instituciones. Ocurre lo mismo ahora con ese señalamiento que se hace desde algunos sectores a la Marcha Patriótica que recuerda a la antesala del exterminio de la UP. Y se genera un estado de desconfianza. La guerrilla piensa en qué puede pasar si algún día se lanza a la arena política, pues pesa el recuerdo de esa matanza que significó la persecución y el asesinato de todos los miembros de la UP. Por supuesto, el Gobierno también desconfía de las FARC, y habrá que hacer grandes esfuerzos por superar esa desconfianza mutua. Esas diferencias tendrán que superarse en una mesa de diálogo, generando las condiciones para un proceso de paz que dé resultados sobre el terreno. Hace falta que las dos partes tengan la capacidad de superar esa desconfianza y sentarse en un diálogo para afrontar el conflicto. Ojalá sea cierto que se están abriendo espacios para el diálogo y que ambas partes sean capaces de hablar, de dialogar, de encontrar soluciones al largo conflicto.


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¿Qué harían ustedes desde la izquierda para superar y darle una solución a la gravísima inequidad social que se abate sobre Colombia y que ustedes señalan como la raíz del conflicto?
Hay que abrir la posibilidad de crear un nuevo orden social, político, económico e incluso cultural, en donde el debate sobre la democracia es fundamental, pues en Colombia teóricamente tenemos una democracia participativa pero que no funciona y tiene muchas limitaciones. El papel de los medios de comunicación, por ejemplo, es nefasto, asfixian a la democracia y castigan a los que cuestionan el sistema; se acaban convirtiendo en jueces y fiscales, definiendo lo que es bueno y malo para el país. Es un manejo arbitrario de la realidad del país por parte de estos medios. En la Constitución de 1991 quedo definido que tendría que haber un estatuto de la oposición para garantizar el derecho de la misma a expresarse y no ha sido posible desarrollar este aspecto fundamental; apenas se ha presentado hace poco en el Congreso y esperemos que salga adelante.
En definitiva, hay que desligar la política tradicional del paramilitarismo y el narcotráfico; aquí quieren reducir el problema de la guerrilla a su ligazón con el narcotráfico y ese un mal camino. Por ejemplo, otra lacra es la parapolítica, que sigue y que tiene conexiones con el poder económico. Tenemos que llegar a un pacto de paz con las guerrillas que implique también que las conexiones del establecimiento con la parapolítica concluyan. El paramilitarismo no hizo nada contra la guerrilla, sino que en lo que estuvo implicado fue en el genocidio de la UP, en el asesinado de sindicalistas y líderes de opinión de izquierda. Las conexiones entre el paramilitarismo y los poderes económicos son claras. Luego hay que resolver el problema agrario, el asunto de la tierra, pues no olvidemos que el origen del conflicto en Colombia tiene mucho que ver con la estructura agraria, con la ausencia de una auténtica reforma agraria como la que ha habido en muchos países. Hace 50 eramos un país rural y ahora somos un país urbano; incluso las Naciones Unidas señalan que uno de los grandes problemas de este país es la desigualad en la distribución de la tierra. El conflicto, incluso, agravó las cosas y hoy en día la concentración de tierras es mayor que al de hace años. La reforma agraria es absolutamente necesaria para el país; no hace falta una revolución total, sino cambiar algunos elementos relativos a la distribución de la riqueza y a la alarmante situación social que padecemos los ciudadanos, que es fruto del inequitativo reparto de la riqueza. ¡Ni siquiera se pagan impuestos, excepto, claro, los relativos a los costes de la guerra!

¿Cómo evalúa la ruptura de los comunistas con el Polo Democrático Alternativo (PDA), qué estrategia van a seguir a partir de ahora?
Este asunto de la ruptura con el Polo no nos sorprendió, fue una decisión del grupo mayoritario que controla el Comité Ejecutivo de esta organización. Era parte de un debate que venía teniendo internamente y que ahora lo pretenden disfrazar con el argumento de la doble militancia del Partido Comunista, que está en el Polo y que también está en la Marcha Patriótica, lo cual no se corresponde con la realidad porque este movimiento no es un partido, sino una corriente social y política que está apelando a la unidad de todas las fuerzas de la izquierda. Y es algo que está en el camino, en el horizonte, no solo ya de los comunistas sino de lo que originalmente fue el Polo, que tenía un ideario basado en la unidad de las fuerzas de izquierda y las organizaciones democráticas. Entonces, el Polo esgrime ese supuesto argumento para romper con los comunistas, pero creo que realmente están en juego otras cosas, como la búsqueda de la paz. Paz o guerra en Colombia, ese es el debate fundamental en el país y no otro.
Nosotros, los comunistas, venimos sosteniendo siempre que la única vía para resolver el conflicto colombiano es la vía de la paz, de una negociación entre el Gobierno colombiano y las fuerzas insurgentes. Y con participación de la sociedad civil, ya que el conflicto que hay en nuestro país responde a unas causas sociales, políticas y culturales. Para resolver el conflicto hay que erradicar esos condicionantes y, por ello, planteamos la búsqueda de una solución pacífica, en el entendimiento de que el Gobierno ha fracasado en el intento de derrotar militarmente a la guerrilla. Pero tampoco la guerrilla está en condiciones de llegar al poder e imponer su discurso a través de las armas; por tanto, creo, hay que buscar esa vía de la negociación pacífica para resolver este largo conflicto. Por supuesto, además defendemos una paz basada en la justicia y la democracia. Lo que ocurre es que hay sectores en el Polo, como el Moir del senador Robledo, que no coinciden con ese proyecto, ya que ven al asunto de la paz como algo secundario e incluso consideran que esa cuestión es algo que solo compete al Gobierno o a la guerrilla, que es algo que está al margen de los problemas del país, mientras que para nosotros es un asunto transversal en la política colombiana. Aquí no hay democracia ni mejores condiciones sociales mientras persista el conflicto armado. Esta guerra se lleva una buena parte del presupuesto del Estado, del dinero que tendría que ir destinado a desarrollar políticas sociales, este es el tema de fondo, pero para estos señores del Moir era incómoda la presencia del Partido Comunista y han logrado convencer a la presidenta del Polo y a otros grupos que controlan la dirección para que nos expulsen del movimiento. Nos han expulsado, además, por la vía ilegal. E ilegítima.

¿Lo que no cabe la menor duda es que este estado de cosas y esta ruptura del Polo con los comunistas debilita claramente a la izquierda?
Claramente, eso debilita a la izquierda, a diferencia de lo que dicen los dirigentes del Polo asegurando que la salida de los comunistas fortalece al proyecto. Nada de eso. Expulsarnos del Polo es un mal que se le hace a la izquierda en su conjunto. La izquierda unida está en condiciones de ganar más espacios en la vida política nacional y, en concreto, de cara a las próximas elecciones, construyendo una alternativa real al continuismo del presidente Santos. El establecimiento y el sistema nos quieren crear un falso dilema entre Santos y Uribe, mientras que nosotros pensamos que ese no es el verdadero dilema, ni mucho menos. El verdadero dilema es el existente entre Santos y Uribe juntos y la izquierda, por otro lado. Pero así, con rupturas y divisiones, cada quien por su lado, no creo que estemos en condiciones de ganar espacios y se genera una imagen en la opinión pública de que la izquierda está en vías de desaparición. Esta atomización, esta dispersión, no beneficia a la izquierda, sino que resta posibilidades.

¿Qué evaluación hace de estos dos años de gobierno del presidente Santos?
La evaluación es negativa, por supuesto que es negativa, porque realmente de todas las promesas que hizo prácticamente no se ha cumplido ninguna; las famosas ‘locomotoras’ para el desarrollo de las que hablaba en la campaña electoral no están funcionando. Quizá la minería es la única que se salva y que ha cumplido algunas expectativas, pero si se examina es algo que solamente ha beneficiado a las grandes trasnacionales, y luego se están generando conflictos en muchas partes del país. Luego la llave de la paz, que decía que tenía el presidente Santos e iba a dar con el final del conflicto, todavía no ha dado resultados. Las promesas han quedado en nada, por ahora, y el presidente no ha cumplido, el país le ha quedado grande. Ahora se anuncian conversaciones y veremos qué resultados dan, que aportes hace el presidente Santos a la paz del país. Santos, desde luego, no es igual a Uribe, hay cambios en la forma, claro, pero no en el fondo, ya que hay una continuidad en las mismas políticas económicas y sociales. Los rigores de la economía de mercado, del omnímodo poder de las trasnacionales, de lo que se llamaba durante Uribe la confianza inversionista, han continuado. Santos incluso dice que no está interesado en discutir con Uribe y dice que está cuidando sus “huevitos”, sobre todo en lo relativo a la seguridad democrática y al manejo económico. Santos, sin embargo, trata los conflictos de otra forma muy distinta a la de Uribe y muestra una capacidad de diálogo que no tenía su antecesor, incluso ha negociado con los indígenas del Cauca.
Hay diferencias de forma, pero en lo esencial, en lo que tiene que ver con el conflicto, no hay cambios significativos; sigue apostando por la vía militar para resolverlo y trata de forzar a la guerrilla a llegar a un proceso de negociación una vez que sea derrotada. Esa táctica, precisamente, es la que ha mantenido y ha hecho perdurar el conflicto en Colombia; esperemos que sepa cambiar y rectifique, dando un giro al conflicto y a la forma en que debe resolverse. Santos debe esforzarse por la resolución pacífica del conflicto implicando a todos los actores sociales y políticos para encontrar una salida al mismo. Estamos hablando no solamente de la guerrilla, sino de toda la sociedad civil, que tiene derecho a poner fin a este largo conflicto.

Entrevista íntegra en la edición impresa de Cambio16 Nº 2118

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