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Mauricio Mulder Bedoya, entrevistado por Ricardo Angoso
Publicado el 12.10.2010 10:01 |
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- Mauricio Mulder Bedoya es, a sus 54 años, un político, periodista y abogado peruano de una larga trayectoria y sólido prestigio. A su larga militancia en el APRA, hay que añadir su sólida formación intelectual y universitaria. Hombre curtido en las lides políticas, sobre todo en la lucha contra el fujimorismo en los años noventa del siglo pasado, ahora se desempeña como presidente de la Célula Parlamentaria aprista, lo que equivaldría a un jefe de grupo parlamentario español.
- –“Nunca hasta ahora el continente había estado tan dividido, sobre todo debido a la acción de los bolivarianos y al propio Chávez”
- -“El proyecto revolucionario de Chávez es el envoltorio o la excusa para perpetuarse en el poder”
- -“El Gobierno de Alan García es el mejor de la historia de Perú”
- -“Los golpes militares tuvieron alto nivel de aceptación en el pasado a merced de una cultura política autoritaria en el Perú”
- -“Tenemos un alto crecimiento económico, pero no bien distribuida la riqueza”
Ricardo Angoso: ¿Qué balance hace de estos años de gobierno de Alan García al frente de la presidencia de Perú?- Mauricio Mulder: Este gobierno de Alan García es el mejor de la historia de Perú. Nunca en la historia de Perú había tenido un ejecutivo que haya conseguido reducir la pobreza como el actual, pues los anteriores hicieron bien poco en este sentido. Hubo subidas o estancamientos, pero una reducción tan significativa como la que hemos tenido, de unos quince puntos porcentuales; eso significa en cifras totales unos cinco millones peruanos. Son gente que ya no está en la situación de abandono, indigencia o sin trabajo. Y, en segundo lugar, este el primer gobierno en la historia de Perú que ha descentralizado recursos económicos y políticos. Se ha cumplido con un objetivo que teníamos, y ha dotado de regalías e importantes recursos a los gobiernos regionales y locales, algo que no hizo el anterior presidente, Alejandro Toledo, y que nosotros sí hemos hecho al margen del color político de quien estuviera en dichos gobiernos. En total, hemos entregado dos tercios de los recursos del Estado a los poderes locales y regionales, un gran paso en la historia del país. Luego, en tercer lugar, es la primera vez en la historia de Perú que hemos tenido un notable éxito en la lucha contra el analfabetismo, habiéndola reducido en términos globales. También hay problemas claro, pero no es mi misión decirlos, sino que le dejo a la oposición esa tarea.
R.A.:Sin embargo, pese a esos éxitos, ¿cuál es el motivo por el que la popularidad del presidente es tan baja?- M.M.:Porque siempre se conjugan muchos factores. En Perú hay muchos elementos, algunos históricos, como el ser el último país de la Corona española que se independiza y siempre ha habido una suerte de concepción monárquica del poder, lo que explica la supervivencia del autoritarismo en la historia reciente del país. Y la verdad es que en 180 años de vida republicana no hemos conseguido desterrar esa idea que tiende a relacionar a un gobierno autoritario con el orden y a uno democrático, por desgracia, con el desorden. Y aunque ambos sean corruptos, se tiende a pensar que es mejor un corrupto con orden que un corrupto desordenado; esa es parte de nuestra historia. Cada vez que ha habido un golpe de Estado, por ejemplo, la sociedad peruana recibió con una alta aprobación cada uno de estos movimientos o cambios políticos. No olvidemos que hemos sido el último país del continente en donde recuperamos nuestras plenas libertades democráticas. Hasta Bolivia resolvió en los noventa sus problemas políticos, mientras nosotros vivíamos en la dictadura de Fujimori. Tenemos una experiencia democrática muy corta y la mayor del tiempo el país vivió bajo la bota de dictaduras militares o regímenes de corte autoritario. Por tanto, los presidentes elegidos democráticamente han gozado siempre de una popularidad muy baja, por esta peculiar cultura política que tenemos, y es muy difícil encontrar casos de presidentes que hayan estado por encima del treinta o el cuarenta por ciento. Los gobiernos más populares de la historia han sido por lo general muy populares, lo cual es lógico pues manejan todos los fondos y manipulan a las encuestadoras. Pero con los gobiernos democráticos siempre ha sido así hasta que terminan su mandato, en que la gente se vuelve más reflexiva y hace una valoración más objetiva del mandato concluida. Pese a todo, la valoración de García, con un porcentaje a su favor que se sitúa entre el 38 y el 40 por ciento, no está nada mal; es bien alta para el Perú. Toledo, por ejemplo, cuando se fue apenas llegaba al 8 por ciento. No es un tema que deba preocuparnos.
R.A.:¿A qué se debe eso que algunos llaman el milagro económico peruano y el alto crecimiento que tienen?- M.M.:Se goza de buena prensa en el aspecto económico, pero no me atrevería a decir que en los aspectos social y político sea igual. Ha habido algunas cuestiones que nos han desgastado internacionalmente, como el incidente en que murieron 24 policías. En Perú lo que ha ocurrido es que ha habido un diseño de políticas de continuidad de tal forma que se asumió que el anterior gobierno no había sido tan desastre como se podía pensar y que el que está por venir tan poco va a ser el que te va a masacrar. Hemos tratado de normalizar la vida política asumiendo la continuidad de los gobiernos. Luego hemos generado una confianza inversionista en el Perú, siguiendo la estela del presidente anterior, que ha permitido la llegada de esos capitales del exterior que tan necesarios eran. Las inversiones han llegado y han constituido un éxito, pero también tenemos que añadir que la redistribución de la riqueza no ha sido todo lo justa que esperábamos. La pobreza con Toledo era del 50% cuando llega y es el mismo porcentaje cuando se va, esa es la cruda realidad. No es la economía misma la que redistribuye la riqueza, sino que hay que impulsar políticas de Estado para que se produzca la redistribución de la riqueza en la sociedad, para que avance el bienestar y sea percibido por todos estratos sociales. En lo que respecta al futuro, no sé si seremos capaces de continuar con este proceso de avance y crecimiento o si, por el contrario, se detendrá ante ciertos nubarrones que se avistan y que podrían hacer quebrar el modelo actual de crecimiento.
- R.A.: ¿No se ha sentido Perú, ante el ímpetu de los “bolivarianos” de Chávez, aislado internacionalmente?
- M.M.: Más que aislados, creo, nos sentimos preocupados porque creemos que estamos en el peor momento de la unidad latinoamericana; nunca el continente ha estado más desunido y no por la acción del gobierno peruano, sino por los que han marcado la cancha dividiéndolo en buenos y malos. Se ha dividido por el dogmatismo y la ideologización de algunos. Y así ha sido posible que todo el proceso de integración haya quedado reducido a meras declaraciones y al uso gratuito de la retórica, mientras no se ha avanzado prácticamente en nada. Ha sido un periodo baldío. En otras décadas, incluso bajo regímenes autoritarios en el continente, se avanzó infinitamente más que ahora y se tomaron medidas prácticas que ahora no se visualizan. El dogmatismo de Chávez ha impedido avanzar en ese proceso, hay que decirlo ya con claridad y sin dar rodeos. Por ejemplo, históricamente, siempre habíamos tenido unas excelentes relaciones con Bolivia hasta que ha llegado al poder Evo Morales, en un viraje lamentable en su política exterior tradicional. Nos hemos acercado a Colombia, por ejemplo, porque manteníamos puntos de vista muy parecidos, incluso en la percepción de que debíamos recuperar e impulsar la zona que compartimos de la Amazonia.
- R.A.: Es decir, ¿qué hay un excesivo peso de la ideología frente al pragmatismo en América Latina?
M.M.: Así es. Es un dogmatismo que ha resurgido y que en el Perú no ha calado porque ya vivimos esos procesos en el pasado; el discurso de Chávez es muy viejo y es una copia de lo que aquí decía Velasco Alvarado hace lustros. Esos experimentos, como el de Chávez, ya los hemos conocido en Perú y fueron un fracaso total, no conducen a nada. Lo único que vemos es apetito de poder sin grandes ideas; el dogmatismo es el envoltorio que oculta el verdadero objetivo que no es más que perpetuarse en el poder al coste que sea, aunque el proyecto sea fracasado. Su único objetivo es estar en el poder sin importarles el coste que puede tener para sus países. Es lo que practica Hugo Chávez, quien se sirve de ese discurso revolucionario para legitimarse y seguir en el poder, tal como estamos viendo. Lo mismo se podría decir de Evo Morales. Luego crean redes clientelares en la sociedad que se acaban convirtiendo en la base del movimiento político que los sustenta. Nosotros en Perú no lo hemos hecho; las bases sociales que han recibido apoyo económico no se han convertido automáticamente en nuestra base política, sino que tienen plena autonomía y libertad para apostar por otros proyectos diferentes al nuestro.
R.A.: ¿Y Ecuador participa de esta corriente populista de corte autoritario?- M.M.: Creo que Correa no ha podido desarrollar ese proyecto que sí han generado Chávez y Morales. Correa venía sin un movimiento político detrás, siendo su base social de apoyo una estructura de organizaciones y partidos fragmentados. Fujimori intentó organizar un movimiento similar en Perú, pero fracasó en el intento por otros motivos.
- R.A.: Parece que tanto el APRA como el presidente García se han movido hacia la derecha en estos años, abandonando los viejos ideales, ¿no es así?
M.M.: El APRA sigue siendo un partido muy importante dentro de la Internacional Socialista, aunque esta organización no nos quiera mucho, por motivos que no vienen al caso, y somos el único partido peruano dentro de este foro. También fuimos miembro fundador de la sección de la Internacional Socialista para América Latina. El APRA sigue siendo un referente en el Perú para la Internacional Socialista. Nuestras ideas provienen de Haya de la Torre, donde se boceta nuestro proyecto que es compatible con el mercado y el capitalismo. Siempre se ha dicho de nosotros que nos hemos derechizado, pero no es cierto, porque siguen prevaleciendo nuestras ideas originarias. Nuestra política, simplemente, se ha adecuado a los procesos que están operando en el mundo. No hay dos APRAS, es que hay dos mundos distintos. El primer periodo de García, en los años ochenta, operó en un mundo completamente distinto al actual, donde el capitalismo ha cambiado, evolucionado y ya opera en ese concepto de lo que conocemos como globalización. El APRA no se ha derechizado, ha evolucionado en un mundo muy distinto al que conocíamos hasta ahora. Nos hemos adaptado a las nuevas circunstancias.
- Ricardo Angoso
- rangoso@lecturasparaeldebate.com
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