MOLDAVIA, ENTRE CASTILLOS Y VIÑEDOS
Enclavada entre Rumania y Ucrania, Moldavia es una pequeña nación de apenas tres millones y medio de habitantes y 33.000 kilómetros cuadrados, aunque posee un importante patrimonio cultural e histórico
por Ricardo Angoso
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@ricardoangoso
Tierra de disputada y de rivalidades imperiales, las tierras de Moldavia han visto pasar a los rusos, los turcos, los rumanos y un sinfín de conquistadores que siempre codiciaron a esta tierra repleta de viñedos y sorpresas. Pese a todo, su esencia cultural es rumana, ya que el principado de la Moldavia histórica fue repartido entre Rumania y la extinta Unión Soviética, su historia está ligada a Rusia y Turquía y su futuro sigue en el limbo entre los mundos ruso y europeo. Hoy, como país independiente sin más nexos que algunos coqueteos con la Unión Europea (UE) y la OTAN, en un difícil equilibrio en una región en donde el poderío ruso sigue tan presente, Moldavia trata de sobrevivir a duras penas en medio de una corrupción galopante y una democracia en estado de coma.
Una vez en la capital moldava, Chisinau, tenemos muchos puntos de interés que visitar, aunque en apenas unos días habremos conocido bien la ciudad y mejor será viajar hacia otros lugares. Pero no olvidemos visitar el Teatro Mihai Eminescu, en imponente estilo neoclásico, la catedral Nasterea Domnului (Nacimiento del Señor), el Museo Nacional de Etnografía e Historia, el Museo de la Ciudad, la Iglesia de San Panteleimon, el parque Esteban el Grande y el Mercado Central. La ciudad es pequeña, apenas algo menos de medio millón he habitantes, y se puede recorrer fácilmente andando para visitar sus pequeñas iglesias, parques y rincones.
Como recomendaciones especiales, si se tiene tiempo, te dejamos como sugerencias la vieja estación de trenes de la ciudad, convertida en una suerte de museo por su interés arquitectónico, el cementerio judío que muestra los vestigios de la rica comunidad que habitó aquí antes de que los nazis y sus verdugos voluntarios la exterminaran y el Museo Militar, muy cerca del Museo Nacional ya reseñado antes.
LA BODEGA MÁS GRANDE DEL MUNDO: MILESTII MICI
Moldavia es un país agrícola fundamentalmente, aunque en los últimos años de la época soviética fue industrializado y la agricultura perdió peso frente a la industria y el sector servicios. Los vinos moldavos son internacionalmente conocidos, exportados al exterior y en los tiempos de la Unión Soviética, Moldavia era la “bodega” del imperio comunista junto con la también ya independiente Georgia. Los nazis, cuando ocuparon estas tierras en la Segunda Guerra Mundial, se llevaron en trenes miles de botellas de vino moldavo, muy apreciado, al parecer, por el Mariscal Hermann Göering, uno de los principales jerarcas de Hitler y que acabaría sus días detenido por los aliados y suicidándose tras ser condenado a la pena capital. De la misma forma, se asegura que Stalin, en sus interminables juergas nocturnas con sus hombres de confianza, siempre bebía vinos moldavos y georgianos.
Anecdotario al margen, uno de los objetivos turísticos más importantes de Moldavia son las bodegas de Milestii Mici, que se encuentran a apenas 30 kilómetros de la capital moldava y que no se deben dejar de visitar. Una visita a Moldavia sin pasar por Milestii Mici es un viaje amputado. Las bodegas se encuentran en el libro Guinnes de los Récord y tienen una longitud de 200 kilómetros, repartidos en una madeja de túneles, pequeñas cavas, cuevas en la oscuridad, salones para la degustación de vino y almacenes para los utillajes relacionados con la recolección del vid.
Los barriles de roble que se utilizan para los preciados vinos que alberga esta bodega son fabricados en Ucrania, Rusia, Francia y la misma Moldavia, aunque mayoritariamente en los dos primeros países citados. Y las variedades de uva utilizadas por estas famosas bodegas, que fue fundada en 1969, en plena época soviética, son Pinot Noir, Cabernet, Merlot, Sauvignon, Rosé, Chardonnay y una variedad local llamada Margaritar. En el interior de la bodega, según informan en el tour que se puede contratar a la entrada de la misma, hay más de dos millones de botellas valoradas en más un millón y medio de dólares.
Según se explica, el 70 % de sus vinos son tintos, el 20 %, blancos, y el 10 %, dulces. Los vinos de Milestii Mici son mundialmente conocidos y exportados a países como los Estados Unidos, Reino Unido, Chipre, Polonia, Grecia, Dinamarca, Alemania y la República Checa, por citar tan solo a algunos de los importadores de vinos moldavos.
Uno de los grandes atractivos de estas bodegas, situadas en una de las zonas vinícolas más importantes y ricas de Europa, es la colección de botellas de alta calidad denominada como “Colección de Oro”, en la que se destacan vinos de primera que tienen entre 30 años de antigüedad hasta últimas cosechas recién salidas de las bodegas.
Como curiosidad, hay que reseñar que al entrar al recinto nos encontramos con dos grandes fuentes -me atrevería a decir que únicas en el mundo- en las que podemos ver unas botellas convertidas en chorros de vino blanco y tinto, aunque las apariencias engañan: no sale vino y se trata de un vulgar colorante que lo imita. No se arriesgue a probarlos. Pero a la gente le da igual, ya que esas fuentes se han convertido en una de las grandes atracciones de las bodegas y no hay visitante que se precie que nos las fotografíe.
TRANSNISTRIA, UNA REPÚBLICA FANTASMA EN EL INTERIOR DE MOLDAVIA
Para los aficionados al exotismo político, desde Chisinau podemos viajar por carretera, bien en autobús de línea o en coche, hasta Transnistria, una “república” no reconocida internacionalmente y que fue creada por el XIV Ejército ruso. En esa entidad política, fundada a sangre y fuego tras una corta y cruenta guerra civil en el año 1992, no hay mucho que ver, aparte de la imponente fortaleza medieval de Bender, y su capital, Tiraspol, que es una urbe fea, impersonal y repleta de símbolos de la antigua época comunista, como una impresionante estatua de Lenin y numerosos escudos con la hoz y el martillo.
El tiempo se ha detenido en Tiraspol, va en la dirección contraria a la historia. La mayor parte de los habitantes de la fantasmagórica Transnistria, según un censo oficial, son ucranianos, rusos y también hay algunos moldavos y búlgaros. Merece la pena hacer una parada y recrearnos en el pasado, en lo que debió ser la época soviética y el tedio comunista. En ese sentido, Tiraspol no decepciona. Por cierto, hay algunos restaurantes y hoteles y los precios son bastante asequibles.
La fortaleza de Bender sí merece la pena visitarse detenidamente. Fue construida en el siglo XVI y cambió de manos varias veces a lo largo de sus historia, habiendo pasado por la misma rumanos, turcos y rusos. Pero fueron los rusos quienes la tomaron a fines del siglo XVIII y la retuvieron hasta hoy, manteniendo siempre sus fines militares. Actualmente alberga un museo explicativo que da cuenta como estas tierras fueron una zona de luchas y batallas entre los turcos y los rusos, ambos por expandir sus fronteras más allá de sus límites imperiales conocidos. La fortaleza es imponente y se conserva en perfecto estado; viajar hasta allá es fácil cogiendo un taxi desde la misma estación de autobuses de Bender, una ciudad bastante fea de estilo soviético que no tiene mucho que ver y menos que ofrecer si exceptuamos su fortaleza. También tiene un cementerio judío interesante pero de difícil acceso y cerrado algunos días.
Por cierto entre Chisinau y Tiraspol, no lejos de la carretera que comunica estas ciudades (consultar en mapa), nos encontramos con la ciudad de Puhoi, en cuyos alrededores podremos visitar las famosas bodegas de Asconi. Te las recomendamos si quieres probar buenos caldos moldavos y comida tradicional del país a muy buenos precios. El lugar es encantador, económico, acogedor y merece la pena parar para hacer un descanso y conocer las bodegas.
EL FUERTE DE SOROCA
No podemos dejar de lado los castillos de Moldavia, más bien las fortalezas militares, entre las que destaca con luz propia Soroca. El fuerte se construyó en 1499 por el príncipe de Moldavia Esteban el Grande y se ha renovando sucesivamente hasta el 2015, dando lugar al actual museo-exposición que alberga. El actual castillo es una de los más importantes del país y se encuentra en el pueblo del mismo nombre, muy cerca de la frontera con Ucrania y de relativo fácil acceso desde la capital moldava. La ciudad de Soroca está bien conservada, cuenta con unas murallas medievales y se encuentra en esas zonas del mundo que fueron tierra de disputa entre los grandes imperios, pero sobre todo entre rusos y turcos.
Para concluir este viaje por Moldavia, queremos tan solo hacerte algunas propuestas más, como el monasterio de Curchi, que alberga a una treintena de mojes de fe ortodoxa y que fue fundado en el siglo XIII, aunque después hubo obras de renovación y remozado que han llegado hasta su definitiva rehabilitación, en el año 2006. Este lugar de reposo, oración y tranquilidad se encuentra cerca de Chisinau y se puede ir y volver en el día. También es un buen sitio para comprar iconos y objetos religiosos, como souvenirs, a buen precio y calidad inigualable. Y, finalmente, te aconsejamos visitar el monasterio de Orheiul Vechi (El Viejo Orhei), fundado en el siglo XIII y con un gran historia a sus espaldas. Fue destruido y atacado muchas veces y tanto rusos, como tártaros, modalvos y turcos dejaron sus (destructivas) huellas. Deshabitado durante años, tras la independencia de Moldavia recuperó sus funciones religiosas y ahora se puede visitar.