Elecciones en Colombia, ¿quién ganó?

¿QUIEN HA GANADO LAS ELECCIONES EN COLOMBIA?
Los ciudadanos han hablado claro y rotundo: no quieren la paz con los asesinos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a cualquier precio y no están dispuestos, pese a lo que sugieren los partidarios de Santos, a aceptar la impunidad de los terroristas a cambio de la “dejación” de las armas
por Ricardo Angoso
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Está claro que con casi un 30% de los votos a su favor, y sin contar con el favor mediático ni del Establecimiento colombiano, el candidato del Centro Democrático, la formación que en apenas unos meses fundara el expresidente Alvaro Uribe, ha obtenido un excelente resultado y queda con grandes posibilidades de ganar la segunda vuelta. Oscar Iván Zuluaga, un casi desconocido empresario y economista colombiano que le debe casi todo en política a su mentor, Uribe, ha conseguido lo que al principio de la campaña era imposible: derrotar al presidente-candidato Juan Manuel Santos, quien contaba con el apoyo de casi todos los medios de comunicación, un potente aparato político engrasado con buenos fondos desde la administración del Estado y la adhesión de las principales fuerzas políticas colombianas.
Frente a esa todopoderosa maquinaría, Zuluaga, que al principio aparecía en las encuestas con unas tenues intenciones de voto, obtuvo, contra todo pronóstico, elevar su voz en los debates -incluso en contra de ese tahúr de la información que es Luis Carlos Vélez, al que amenazó con irse de su bodrio de “debate”- y derrotar a los más agoreros, que le consideraban poco carismático y un “proyecto fracasado”.
Colombia dice no a la paz con impunidad
Luego, los ciudadanos han hablado claro y rotundo: no quieren la paz con los asesinos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a cualquier precio y no están dispuestos, pese a lo que sugieren los partidarios de Santos, a aceptar la impunidad de los terroristas a cambio de la “dejación” de las armas. No es que el pueblo colombiano no quiera la paz, sino que no quiere la ignominiosa “paz” que les ofrece el máximo mandatario que en sus ansias por pasar a la historia se olvidó de Winston Churchill cuando le dijo a Chamberlain, tras haberse rendido a los nazis y entregar los Sudetes, que “os dieron a elegir entre el deshonor o la guerra, elegisteis el deshonor y tendréis la guerra”. Lo mismo le ha pasado a él: cosechó el deshonor y la guerra, ese será su puesto en la historia colombiana. ¡Santos se creía Churchill, ya quisiera!
En lo que se refiere al resto de los candidatos, hay que destacar los excelentes resultados -no vaticinados por ninguna de las encuestas y estudios publicados- de las candidatas conservadora, Marta Lucía Ramírez, y la izquierdista Clara López, del Polo Democrático Alternativo (PDA), que superaron ambas el 15% de los votos y quedaron en tercer y segundo lugar, respectivamente, muy por encima del candidato de los verdes, Enrique Peñalosa, quizá el gran perdedor de la jornada.
Con una campaña desdibujada y haciendo ambiguos guiños a la izquierda, junto con su aspecto de progre dominguero que saca la bicicleta para hacer campaña, los colombianos prefirieron votar por los originales y no por la copia, dando su voto por los candidatos situados en la izquierda y el centro, como la ya citada López y el presidente-candidato Santos. Las payasadas sin interrupción en política acaban teniendo su castigo y Peñalosa ya se ha situado en lo rayano al esperpentismo, es decir, una práctica política grotesca y desatinada que solo podía dar los resultados que ha dado.
Sin embargo, y pese a los buenos resultados de Zuluaga, la gran ganadora de estas elecciones es la abstención, que casi llegó al 60% de los votos. No olvidemos que el candidato ganador lo hace con apenas algo más del 12% de los sufragios emitidos y este dato, en sí mismo, revela la fragilidad del sistema político colombiano y cómo las mayorías de gobierno se fraguan con exiguas cantidades de votos emitidos.
Santos, apenas un 9% de votos sobre el censo total
Pero peor se lo lleva el actual presidente, quien habiendo tenido todos los medios a su favor y habiendo utilizado descaradamente el “aparato” público para reelegirse -la famosa “mermelada”, que consiste en el reparto de prebendas y dinero para comprar el voto-, apenas ha obtenido un 10% del total de votos del censo, un desastre imposible de maquillar que revela la magnitud del fracaso. Santos tan solo ha conseguido superar los 3,3 millones de votos sobre un total de casi 33 millones de sufragantes.
En unas elecciones, la gente juzga, se quiera o no aceptar, a quien gobierna un país y en este caso un 90% de los colombianos ha dado la espalda a Santos, optando por otro candidato, absteniéndose o votando en blanco. Unas elecciones no sirven para medir el rechazo o la aceptación de la oposición, que son la alternativa a quien gobierna, sino, como ocurre en este caso, a quien preside el ejecutivo y monopolizó toda su campaña con la cantinela de la paz, acusando a sus detractores de estar a favor de la guerra. Dessde luego, si Santos pretende pasar las siguientes tres semanas que quedan hasta la segunda vuelta, que se celebrará el 15 de junio, repitiendo el mismo discurso supuestamente pacifista, es más que seguro que obtendrá una segura y contundente derrota. Tiene que cambiar de disco, ese ya no funciona.
La estrategia de Santos, junto con sus tácticas de manchar con escándalos inventados a su  principal contrincante, no ha surtido ningún cambio relevante en la campaña y más bien parece que ha tenido una demoledor efecto bumerán, ya que nadie se tragó las ya consabidas artimañas del máximo líder y porque, en definitiva, la gente no es tan tonta. Santos es un habilidoso jugador de póquer, es decir, un tramposo que utiliza todas sus tretas y triquiñuelas para derrotar a sus adversarios, pero esta vez no pudo ganar y tendrá que pasar por la humillación de una segunda vuelta.
Otro gran derrotado de jornada: Germán Vargas Lleras
Y otro de los grandes derrotados de la jornada del 25 de mayo, aunque todavía no lo ha reconocido ni seguramente lo reconocerá, es el candidato de fórmula vicepresidencial de Santos, el funambulista político Germán Vargas lleras. Conocido chaquetero y oportunista político sin escrúpulos que ha militado en todos los movimientos habidos y por haber, sin que se sepa que ideología tiene pues la tiene todas, Vargas Lleras ha aportado, contra los finos analistas que aseguraban lo contrario, pocos o muy pocos votos a la candidatura de Santos.
Sus rudas formas políticas -llegó a llamar “gamín” a un asistente a un acto suyo que le preguntaba por una cuestión pueril: http://www.youtube.com/watch?v=OO9gE1bNj68-, su oratoria de “chulo” de barrio -siendo fino al juzgarlo- y sus dotes para la traición permanente a sus mentores políticos, junto con su escaso don de gentes, le han hecho merecedor de abucheos, protestas y pitadas. Famoso fue su el abucheo general sufrido en un acto político en Paipa. Mejor fórmula vicepresidencial no podía haber elegido el candidato Santos para desacreditarse todavía más ante la opinión pública, como si ya no tuviera suficiente con tener que aguantarse a sí mismo y sus congénitas torpezas ante los colombianos. Como aseguraba un twitter el día de la debacle electoral del presidente, “desmovilicese presidente y márchese para La Habana”.

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