EL TRÁGICO DESTINO DE LOS FUNDADORES DEL FASCISMO ESPAÑOL EN LA GUERRA CIVIL
Por Ricardo Angoso
En los años veinte y treinta se asiste en toda Europa a la génesis, desarrollo y eclosión del fascismo, llegando a alcanzar el poder en Italia en 1922 y en 1933 en Alemania mediante unas elecciones democráticas tras el fracaso de la República de Weimar. Estos dos acontecimientos, una vez proclamada la Segunda República en España en 1931, tendrían un gran impacto intelectual y político en nuestro país, comenzando a organizar los primeros grupos de ideología fascista y permeando a una buena parte de la derecha española.
El principal y casi primer ideólogo de estos intelectuales y pensadores fascistas fue Onésimo de Redondo, quien habiendo estudiado en la Alemania previa al advenimiento de los nazis al poder muy pronto se se vio seducido por las ideas nacionalsocialistas y fundaría las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, en 1931, un grupúsculo antisemita, filonazi y más inspirado por el fascismo de Hitler que de Mussolini. Onésimo Redondo escribía en agosto de 1932 que el racismo y ateísmo de Hitler eran disculpables, al encarnar «la Alemania cristiana contra el marxismo; el cristianismo frente al bolchevismo», dos años más tarde insistía en los mismos términos y culpará a las democracias burguesas de todos los males de esa época turbulenta.
En la misma línea y siguiendo los pasos del anterior, nos encontramos con la figura de Ramiro Ledesma, otro estudiante en la Alemania de los años treinta antes de la llegada de Hitler al poder, y fundador, junto con Redondo, de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), otro grupo de inspiración nazifascista en los años treinta. “El antisemitismo de Ramiro Ledesma Ramos, cofundador de las JONS, se caracterizó por la asimilación de ideas nacionalsocialistas europeas, la visión del judaísmo como una fuerza hostil y un enemigo exterior, y la adaptación de estos tópicos al discurso nacional-sindicalista español de los años treinta”, señalaba el profesor Xosé Núñez Xeixas.
Estos primeros movimientos de inspiración fascista acabaron convergiendo en el gran proyecto del fascismo español fundado por José Antonio Primo de Rivera, la Falange, que, nacida en 1933 al albor de un gran acto el 29 de octubre de 1933 en el Teatro de la Comedia de Madrid, se acabó convirtiendo en el movimiento aglutinador de los intelectuales, simpatizantes y militantes de esta ideología en ascenso en una España convulsionada y que no acababa de encontrar la estabilidad política en aquellos años treinta trepidantes. De hecho, la nueva Falange se acabó denominando de las JONS; atrayendo a Redondo y Ledesma al nuevo movimiento.
Los tres movimientos, aunque con matices, asumen el legado racista y etnicita del nazismo, asumiendo su antisemitismo militante, y aceptaban que el liderazgo de Hitler, desde la periferia social y política en sus orígenes hasta el ascenso al vértice del poder, tenía una naturaleza absolutamente antidemocrática, lo cual le daba una legitimidad carismática indiscutible. Para los nazis españoles, junto con otros líderes de la derecha española de entonces, la democracia era un fin en sí mismo para llegar al poder y, una vez conseguido el mismo, subvertirla para destruirla como había hecho el mismísimo Hitler. Sin embargo, conviene matizar que Primo de Rivera fue más admirador del dictador italiano y sus doctrinas que de Hitler porque sus creencias católicas le impedían comulgar con las ideas nazis sobre la raza, aunque ello no fuera óbice para que nunca denunciara el antisemitismo en la Alemania nazi en un momento histórica en que ya se atisbaban señales inequívocas de la tragedia que se avecinaba: el Holocausto.
Así, una vez llegados al “alzamiento nacional” del 18 de julio de 1936, en realidad un fallido golpe de Estado clásico que dio paso a nuestra Guerra Civil, los tres líderes del fascismo español se suman al mismo incondicionalmente y los tres, de distintas formas, morirían asesinados por los republicanos en ese fatídico año.