Las elecciones de Costa Rica consolidan el giro a la derecha en América Latina

LAS ELECCIONES EN COSTA RICA CONSOLIDAN EL GIRO A LA DERECHA EN AMÉRICA LATINA

Por Ricardo Angoso

Costa Rica consolida el giro a la derecha en América Latina con la elección de la oficialista Laura Fernández como presidenta, quien obtuvo más del 48 % de los votos, una victoria clara del gobernante Partido Pueblo Soberano en la primera vuelta de las elecciones y una derrota contundente del centroizquierda. Tras los recientes resultados en Chile, Honduras y Bolivia, con las victorias de José Antonio Kast, Nasry Asfura y Rodrigo Paz, respectivamente, el bloque de países situados a la derecha en el plano ideológico se afianza en América Latina, al calor de la ola conservadora generada por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y, en menor medida pero también de forma significativa, por la victoria de Javier Milei en las elecciones presidenciales y parlamentarias de Argentina.

Está por ver lo que sucederá este año en las elecciones legislativas y presidenciales de Colombia, aunque todo apunta —a tenor del constatado desgaste de la izquierda en el poder, cuya máxima expresión de decadencia y mala gestión encarna su presidente, Gustavo Petro, y de su baja proyección electoral en las encuestas, situada en torno al 27 %— a que un cambio político en este país no es descartable. Sin embargo, conviene recordar que el sistema político colombiano es presidencialista y que el candidato de la izquierda, Iván Cepeda, muy cercano ideológicamente a Petro, se sitúa en primer lugar en casi todas las encuestas y tiene grandes posibilidades de pasar a una segunda vuelta frente a algún candidato de la derecha, previsiblemente Abelardo de la Espriella.

Pase lo que pase en Colombia, el continente ha experimentado un giro radical en los últimos años, cerrándose definitivamente la página del auge bolivariano impulsada por la victoria de Hugo Chávez en 1998 y poniendo fin a los años dorados de la izquierda que gobernó en Chile, Bolivia, Venezuela, Argentina, Brasil, Honduras, México, Cuba y Nicaragua. En la actualidad, solo permanecen gobiernos de izquierda en Brasil y México, además de las satrapías cubana y nicaragüense, mientras que en Venezuela parecen atisbarse vientos de cambio tras la salida de la escena política del dictador Nicolás Maduro.

Brasil celebrará elecciones este año, concretamente en octubre, y no se prevén grandes cambios a tenor de lo que proyectan las encuestas, en las que Lula da Silva parte como favorito para la reelección, con un 50% de aprobación de su gestión y una intención de voto cercana al 40 %. El expresidente Jair Bolsonaro, inhabilitado y encarcelado, no podrá competir frente a Lula y lidera desde prisión una derecha —y una extrema derecha— muy fragmentada, lo que, unido a la bonanza económica y a la disminución de la pobreza en Brasil, favorece al actual presidente y le otorga una posición de clara ventaja.

UNA AUTÉNTICA REVOLUCIÓN CULTURAL

Pese a esta excepción que parece confirmar la regla, no cabe la menor duda de que el continente ha experimentado una auténtica revolución cultural, en el sentido de que se ha producido un cambio sociológico profundo que ha desplazado a una parte significativa del electorado desde la izquierda hacia la derecha e incluso hacia la extrema derecha, como ha ocurrido en Chile, Argentina y ahora Costa Rica.

¿Cómo ha sido posible este giro radical del electorado en países tradicionalmente asociados a la izquierda? Existen causas sociales, económicas, políticas e incluso generacionales que explican este fenómeno. En primer lugar, las sociedades no son fotos fijas, sino realidades dinámicas en constante transformación, sacudidas en los últimos años por numerosos escándalos de corrupción —especialmente notorios en Argentina, pero también relevantes en Honduras, Ecuador y Bolivia— y por una evidente crisis de liderazgo, factores que las izquierdas han pagado en las urnas.

En el ámbito económico, los resultados han sido muy dispares según el país, pero no cabe duda de que la gravísima situación de Argentina, con sus secuelas de pobreza creciente y el casi aniquilamiento de la clase media, fue un factor decisivo en el cambio político, con efectos similares, aunque de distinta intensidad, en Honduras, Chile y Bolivia. A ello se suma el cambio generacional, un fenómeno observable también en otras partes del mundo, donde los votantes más jóvenes se inclinan de forma mayoritaria por la derecha y la extrema derecha. Los casos más paradigmáticos son los de Honduras, donde el 60 % de los jóvenes votó por el candidato conservador; Argentina, donde el 70 % de los menores de 25 años apoyó a Milei; y Chile, donde más del 60 % del voto joven se decantó por candidaturas de derecha.

Así las cosas, y con la victoria de Costa Rica que se suma a una larga lista, no cabe duda de que la llamada “época dorada” de la izquierda latinoamericana ha llegado a su fin. Soplan nuevos vientos de cambio en las Américas.

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