UCRANIA AGUANTA, ¿PERO HASTA CUÁNDO?
Por Ricardo Angoso
Hace noventa años comenzaba nuestra Guerra Civil, precisamente con un ataque contra Madrid, que convirtió en un episodio heroico y casi épico la defensa de la capital de España, y los madrileños pasaron a ser un sinónimo de resistencia y coraje frente a las fuerzas golpistas que lideraba Francisco Franco Bahamonde, “Caudillo por la Gracia de Dios”. Eran los días en que los republicanos cantaban “Madrid qué bien resiste, Madrid qué bien resiste, Madrid qué bien resiste, mamita mía, los bombardeos, los bombardeos”, un improvisado himno para dar ánimo moral y fuerza a los combatientes que defendían la ciudad, pero también a sus aguerridos civiles que aguantaban estoicamente las embestidas aéreas de las fuerzas de Franco que, ayudadas por las potencia fascistas, Italia y Alemania, machacaban Madrid con sus bombardeos indiscriminados.
Hoy, noventa años después, Kiev se ha convertido en el símbolo de la resistencia civil ucraniana a la terrible agresión rusa que dura ya casi cinco años sin que la diplomacia haya conseguido detenerla,-no olvidemos que Donald Trump aseguró en plena campaña electoral que ese conflicto él lo resolvería en “veinticuatro horas”-, y sin que el Ejército ruso, guiado por la fuerza arrolladora de la soberbia que le daba su superioridad militar, haya conseguido derrotar a las fuerzas de Ucrania. Lo que parecía inicialmente un paseo militar hasta Kiev, algo parecido a la entrada de Napoleón en Moscú, se acabó convirtiendo en una larga guerra de desgaste, al estilo de la batalla de Verdún en la Primera Guerra Mundial, en la que ya han muertos miles, quizá millones, de rusos y ucranianos, sin que se atisbe un final en el corto plazo.
Los últimos días entre principios de junio y julio, sin embargo, han sido especialmente duros para Ucrania porque, si bien los frentes de batalla parecen estabilizados y no detectan ya grandes avances rusos ni tampoco ucranianos, se han recrudecido los ataques civiles a gran escala contra la capital ucraniana, Kiev, y también contra otras, como Odesa, siempre en el punto de mira de Putin. Los ataques rusos con drones contra objetivos civiles ucranianos están al orden del día en venganza porque las fuerzas ucranianas cada vez tienen más capacidad para alcanzar objetivos lejanos y ya golpean Moscú, Sebastopol y otros objetivos militares, como las fuentes de avituallamiento y combustible del Ejército ruso.
Como respuesta, o como venganza de Putin a estos ataques, las fuerzas rusas lanzaron su cuarto ataque a gran escala con misiles y drones contra Ucrania desde el 1 de junio en la noche del 5 al 6 de julio. Esta última serie de ataques volvió a tener como objetivo principal la ciudad de Kiev y causó decenas de víctimas civiles. Al menos murieron en los ataques una cuarentena de civiles ucranianos. La Fuerza Aérea Ucraniana informó que las fuerzas rusas lanzaron un total de 419 misiles y drones durante la noche del 5 al 6 de julio, incluidos seis misiles antibuque Zirkon/Onyx desde el óblast de Kursk; 23 misiles balísticos Iskander-M/S-400 desde los óblasts de Bryansk, Oryol y Kursk; 33 misiles de crucero Kh-101 desde el óblast de Vologda; y seis misiles de crucero Kalibr desde Novorossiysk, Krai de Krasnodar. Si la Primera Guerra Mundial fue la guerra de las trincheras, la guerra entre Ucrania y Rusia es la de los drones, que se han convertido para ambos bandos en un arma fundamental.
UCRANIA NECESITA MÁS AYUDA, MIENTRAS TRUMP MIRA PARA OTRO LADO
Pero Ucrania ya no puede resistir ni interferir en los ataques rusos, lo que ha llevado al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a pedir ayuda urgente a la OTAN en la reciente cumbre celebrada en Ankara este mes de julio. “Mientras los misiles Patriot sigan estando en los almacenes de nuestros aliados, se estará animando a Rusia a que continúe destruyendo edificios residenciales. Estados Unidos y Europa tienen lo suficiente para detener este terror”, escribió Zelenski en las redes sociales al condenar los últimos ataques y mostrar su impotencia para detenerlos. Zelenski necesita a los Patriots para repeler los ataques rusos y es una petición urgente que no admite dilación en las actuales y críticas circunstancias.
Mientras que cada vez se detecta un menor interés por parte de los Estados Unidos en seguir ayudando a Ucrania, la Unión Europea (UE) sigue mostrando oficialmente su apoyo a este país y su ayuda económica es crucial para la resistencia de este país frente a la agresión rusa. Después de haber agotado casi todo su potencial, fuerzas terrestres y recursos en la agresión a Ucrania, que le ha permitido ocupar el 20% del territorio ucraniano, Rusia parece ahora empeñada en una estrategia aérea que tiene entre sus fines golpear la estructura energética ucraniana, destruir su industria de defensa y, sobre todo, desmoralizar psicológicamente a los ucranianos tras cinco años (casi) de dura guerra. Rusia no puede argumentar ahora que los últimos ataques tienen fines militares, porque la brutal realidad sobre el terreno, con edificios hechos añicos en la capital ucraniana y otras ciudades, lo desmienten y sus imágenes muestran los daños causados por Rusia.
En lo político, sin embargo, nada ha cambiado y las dos partes muestran escasa voluntad de buscar una salida pacífica y negociada a este largo conflicto. Zelenski sigue empeñado en su estrategia de solicitar en vano la entrada de su país en la UE y la OTAN, una demanda a la que sus socios hacen oídos sordos porque no quieren causar mayores estragos a las ya de por sí maltrechas relaciones con Moscú, y que tendrá que esperar algunos años, si tenemos en cuenta que ni siquiera los europeos se ponen todavía de acuerdo a la hora de admitir a los países de los Balcanes Occidentales -Albania, Bosnia y Herzegovina, Macedonia del Norte y Servbia-, en una larga lista de espera desde hace años.
Pero también Rusia sufre los embistes de Ucrania y parece que su capacidad de refinar petróleo podría haber sido seriamente dañada por una serie de ataques estratégicos ucranianos a sus infraestructuras dedicadas a este menester. Se reportan informes de falta de combustible en muchas zonas de Siberia, la misma capital rusa y Crimea, donde ya está racionado y hay largas colas para obtenerlo, y también de problemas en el reclutamiento de más soldados para las levas obligatorias, ya que miles de jóvenes rusos han huido del país en estos años para evitar un servicio militar interminable y sinónimo de sufrimientos y muerte. Tras tantos años de resistencia ucraniana, sin embargo, la gran cuestión que muchos se preguntan desde hace meses es hasta cuándo aguantará Ucrania esta guerra que ha dejado en el camino sangre, sudor y lágrimas, pero también miles de vidas.