REVOLUCIÓN EN ALBANIA
Por Ricardo Angoso
Los albaneses se han echado a la calle contra su primer ministro, el controvertido Edi Rama, y las protestas, lejos de amainar, se han tornado en violentas y masivas. Rama está implicado en un escándalo de corrupción mayúsculo con la familia Trump, a la que adula, sirve y obedece sin rechistar para ganarse el favor de su patrón, su gran “amigo Donald, el presidente de los Estados Unidos.
El primer ministro de Albania impulsa un controvertido proyecto turístico de lujo vinculado a la familia de Donald Trump, especialmente a su yerno, Jared Kushner , y a su hija, Ivanka Trump. Se trata de dos grandes desarrollos inmobiliarios en la costa adriática de Albania que han provocado fuertes polémica por su posible impacto medioambiental. Estaríamos hablando de la Isla de Sazan, una antigua base militar comunista deshabitada, que se transformaría en un complejo exclusivo con hoteles, villas, apartamentos y un puerto deportivo. La otra zona en disputa por este grupo empresarial propiedad de los Trump es otra de gran valor ecológico, en torno al paraje de Zvërnec y la laguna de Narta.
Rama, en teoría “socialista”, está bajo sospecha en todo este proyecto, ya que existen indicios y circunstancias suficientemente preocupantes para exigir una investigación independiente, transparencia en los contratos y explicaciones públicas del primer ministro. La cuestión fundamental es si se han utilizado las instituciones del Estado para favorecer intereses privados, y si las decisiones se tomaron conforme a la ley y en beneficio de Albania o de determinados inversores.
Albania, pero sobre todo bajo el Ejecutivo de Rama, lleva años manteniendo una política exterior claramente pro norteamericana y de apoyo sin fisuras a casi todas las decisiones de la actual administración Trump. Estados Unidos, desde la época Clinton y después con Bush, ha sido el principal valedor de la independencia de Kosovo en la escena internacional, hecho que se concretó oficialmente el 18 de febrero de 2008. El Kosovo, territorio mayoritariamente poblado por albaneses, es un territorio icónico para la mayoría de los albanesas y representa el alma de este pueblo supuestamente oprimido por los serbios durante décadas, pero sin olvidar que fue a través del terrorismo y la violencia cómo logró independizarse en 1999 bajo la presión política y la acción militar de la OTAN contra Belgrado, a la que se le otorgó la garantía de que un protectorado internacional resolvería su futuro estatuto.
Nada de eso ocurrió, pues mas tarde la comunidad internacional, concretamente los grandes poderes -Alemania, Francia, Estados Unidos y el Reino Unido-, reconocieron como “Estado” a Kosovo y auspiciaron su separación definitiva de Serbia. Albania, desde ese reconocimiento, en el año 20008, se convirtió en el perro faldero de los intereses norteamericanos en los Balcanes, sirviendo como contrapeso en la OTAN a la prorrusa Serbia y siendo admitida como miembro de pleno derecho en esta organización militar el 1 de abril de 2009.
Rama, que en aras de complacer a los negocios de la familia Trump vendería su alma al mismísimo diablo, está jugando con fuego en un contexto realmente complejo y crítico. Tras más de doce años de Rama al frente del Gobierno de Tirana, los jóvenes albaneses afrontan una grave crisis en el sistema educativo, una acusada falta de expectativas laborales y económicas y la percepción de una corrupción sistémica que ha ampliado el descontento social, incluso poniendo en peligro los objetivos del país para su ansiada integración económica en la Unión Europea (UE). Pero también hay otros elementos que explican el descontento creciente y reinante en las calles de Albania, como lo son la pérdida de poder adquisitivo en los últimos años, debido a una inflación galopante, y una economía supeditada, en gran medida, al dinero del narcotráfico, lo que ha valido al país para ser considerado como “la Colombia de los Balcanes”.
La revolución albanesa apenas acaba de comenzar y tiene visos que va para largo. Haría muy mal el Gobierno de Tirana en pasar por alto la gravedad de los problemas estructurales y coyunturales que surcan el país, como pretende Rama, un error que puede ser mortal, políticamente hablando, para él.