‘Saudade’ de tiempos mejores
La aguda crisis económica y los consiguientes recortes sociales están generando un profunda sentimiento de malestar en la sociedad portuguesa, que observa como su modelo social y político se está cuestionado y poniendo en entredicho tras varias décadas de incipiente Estado de bienestar.
Esta grave crisis económica y social que atraviesa Portugal, con un crecimiento económico que puede resultar hasta negativo este año y una tasa de desempleo del 15%, fue puesta de manifiesto en la reciente cumbre entre los presidentes de Gobierno de España y Portugal, Mariano Rajoy y Pedro Passos Coelho, respectivamente, quienes analizaron la evolución de la misma y las estrategias a adoptar para aminorar sus consecuencias.
Al igual que otros gobiernos europeos, también condicionados por la ahora cuestionada política alemana dentro de la Unión Europea (UE) de hacer frente a la crisis solo con medidas de austeridad y poco gasto público, el gobierno de Lisboa ha impuesto serios recortes, medidas impopulares como cobrar altos peajes de autopistas, privatizaciones poco explicadas como la prevista de los astilleros y reformas laborales restrictivas.
Estas medidas de choque han generado, al igual que en otras partes de Europa, un profundo malestar social y protestas laborales, como la gran huelga general que vivió el país el pasado mes de marzo y numerosos paros sectoriales destinadas a frenar las políticas gubernamentales.
El gobierno luso, sin embargo, lo tiene realmente difícil ante una crisis muy ligada a la europea, pero también especialmente a la de España, ya que es uno de los principales inversores en este país y a donde se dirige el 25% de las exportaciones portuguesas. Pero, de la misma forma, la crisis lusa puede tener efectos negativos en España; casi dos millones de portugueses viajan cada año al país vecino y la pérdida de poder adquisitivo de los portugueses podría afectar muy negativamente al sector turístico español.
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Crisis de modelo
Tal como han denunciado los partidos de izquierdas y otras organizaciones, lo que está en juego es el modelo de contrato social que se estableció tras la revolución portuguesa del 25 de abril de 1974 y un sistema de democracia incluyente y participativa, cuyos principales valores eran la solidaridad, la libertad, la justicia social y la democracia. A este respecto, un manifiesto firmado por la Asociación 25 de Abril y leído el pasado 23 de abril por el teniente coronel Vasco Lourenço consideraba que “las medidas y los sacrificios impuestos a los ciudadanos portugueses van más allá de los límites de lo soportable. Las inaceptables condiciones de bienestar social afectan ya a la seguridad y la dignidad de la persona humana”.
Bajo el llamativo título de ‘Abril no se desarma’, el manifiesto también señalaba que “sin una justicia capaz, con líderes políticos para quien la ética es una palabra vacía, Portugal es ya el país de la UE con mayores desigualdades (…). El curso político seguido protege los privilegios, agrava la pobreza y la exclusión social, devalúa el trabajo”. Y es que, en efecto, una de las principales consecuencias de la grave y profunda crisis económica que sufre el país es el empobrecimiento generalizado de amplias capas sociales del país.
Pobreza y paro
Según la principal central sindical portuguesa, la CGTP, más de 2,5 millones de ciudadanos lusos –ni más ni menos que el 25% del censo de población– viven en la pobreza, es decir, con menos de 423 euros mensuales, y en lo que va de año se han destruido unos 150.000 empleos, lo que constituyen unas cifras inaceptables y que demandan un cambio en las políticas adoptadas por el Ejecutivo conservador que sucedió a los socialistas en el gobierno. El máximo líder de esta central, de orientación comunista, Armenio Carlos, asegura que “si estas políticas no resultan en Grecia, cómo van a resultar en Portugal”.
Estas medidas adoptadas por el Ejecutivo luso, que seguramente tendrán fatales consecuencias tal como ha ocurrido con otros gobiernos devorados por la crisis –el último el francés liderado por Nicolas Sarkozy–, son fruto del rescate efectuado en mayo del pasado año por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que concedieron a Portugal un paquete de créditos de 78.000 millones de euros a cambio de draconianas reformas para reducir el Estado.
El camino de Portugal es muy parecido al de Grecia y todo parece indicar, a tenor de la evolución de una crisis que va para largo según se señala desde todos los ámbitos, que a los portugueses todavía les queda un camino plagado de “sangre, sudor y lágrimas”.
E inmigración. Según fuentes oficiales, 330.000 portugueses salieron del país en el año 2011 hacia su antigua colonia, Brasil, viviendo ya en esa nación suramericana más de un millón y medio de ciudadanos de esa nacionalidad, una cifra que supera el 15% del censo total de Portugal. Otros destinos donde emigran los portugueses son Alemania, Bélgica, Reino Unido y Luxemburgo, dentro de Europa, y Angola y Mozambique, dos de sus antiguas colonias en África. La cifra de inmigrantes portugueses en el mundo, ya de por sí alta antes de la crisis, podría superar en este momento los cuatro millones, situando a este país entre los que cuentan con una mayor diáspora por razones económicas. No olvidemos que, solo en los Estados Unidos, la cifra de inmigrantes portugueses supera al millón y que otro número similar viviría entre Canadá y Venezuela.
Para concluir, y a modo de resumen, muchos portugueses piensan que el país está sufriendo un cambio radical y drástico a causa de la crisis y que las cosas no volverán a ser las mismas cuando amaine el ‘temporal’; las sociedades europeas de hasta ahora, basadas en un consenso social sobre las prestaciones y derechos de los ciudadanos, se están viendo atacadas por el vendaval neoliberal y por un necesario replanteamiento fruto de las convulsiones provocadas por la globalización creciente.
Como señala el manifiesto ‘Abril no se desarma’, “la línea política seguida por el poder político actual ya no representa el régimen democrático heredero del 25 de Abril configurado en la Constitución de la República Portuguesa. El poder político que actualmente gobierna Portugal establece un nuevo ciclo político que está en contra del 25 de abril, sus ideales y sus valores”. ¿Será así? El tiempo nos dará la respuesta, mientras que la saudade (nostalgia) por los viejos tiempos sigue envolviendo a la realidad. portuguesa.