¿Quién desarmará a Hamás?

Desarmar a Hamás o enfrentar una Gaza dividida

 12 de noviembre de 2025  
Efectivos del ala militar de Hamás Foto: Hadi Mohammad / Fars Media Corporation CC BY 4.0 vía Wikimedia Commons
Profesor Hillel Frisch

Israel debe condicionar la rehabilitación y la gobernanza local al desmantelamiento militar de Hamás, o reservarse el derecho a continuar las operaciones hasta que se cumpla dicha tarea.

Los acontecimientos posteriores a la publicación del plan de 20 puntos del presidente estadounidense Donald Trump el 29 de septiembre de 2025 apuntan a un proceso que corre el riesgo de convertirse en la partición de Gaza. Israel debe evitar este sangriento desenlace a toda costa e insistir en que Hamás sea desarmado —tal como estipula el acuerdo— como condición previa para establecer la gobernanza local y rehabilitar Gaza.

El proceso de Oslo, hace tres décadas, intentó resolver el conflicto dividiendo la Tierra de Israel entre israelíes y palestinos. Algunos israelíes esperaban que dicha división produjera dos Estados; otros creían que la entidad palestina debía ser «menos que un Estado». En retrospectiva, en lugar de una división entre dos pueblos —israelí y palestino—, el proceso y sus consecuencias produjeron una división interna palestina entre dos “gobiernos” hostiles entre sí: Hamás en Gaza y la Autoridad Palestina en Judea y Samaria [Cisjordania].

El presidente Trump, cuyo plan es mucho más ambicioso que el proceso de Oslo, enfatiza repetidamente que Gaza y el problema de Hamás son componentes menores que obstaculizan una visión mucho más amplia de la paz en Oriente Medio. Sin embargo, esa visión bien podría generar un resultado volátil y explosivo, y no la calma que pretende lograr. Ese resultado sería la partición de Gaza entre Israel y Hamás: un desenlace sangriento que dista mucho de una visión de paz.

Israel debe hacer todo lo posible para evitar tal desenlace.

Tres factores que podrían conducir a la partición de facto de la Franja:

El más importante es que ningún país está dispuesto a asumir la tarea de desarmar a Hamás en ningún contexto internacional, y esa es la condición básica para estabilizar y dar forma a la región. En una entrevista con la BBC, el rey Abdalá II de Jordania rechazó categóricamente la posibilidad de que fuerzas jordanas u otras impusieran la paz entre las partes. ¿Qué estarían dispuestos a hacer, entonces? Probablemente se conformarán con el mantenimiento de la paz, no con la imposición de la misma. En palabras del rey, se trata de ayudar a la policía palestina local, a la que Jordania y Egipto están dispuestos a entrenar en gran número. Incluso lograr esa tarea, añadió, llevará tiempo.

Es importante señalar que la imposición de la paz entre las dos partes, rechazada por el rey, quien habló en nombre de todos los países que posiblemente se vean involucrados, dista mucho de las operaciones militares activas para desarmar a Hamás; es decir, la eliminación de cualquier posibilidad de que Hamás sea un actor político o militar en Gaza en el futuro. Las reiteradas declaraciones de Egipto y Arabia Saudita refuerzan la evaluación del rey de que ningún país estaría dispuesto a involucrarse en patrullas armadas por Gaza, y mucho menos en el desmantelamiento del arsenal de Hamás. En esta situación, resulta evidente que solo las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) podrán, con el tiempo, desarmar a Hamás y neutralizarlo como factor político.

La segunda razón por la que podríamos presenciar una partición de facto de Gaza se relaciona con las decisiones de Trump: ¿se conformará el presidente con un sangriento alto el fuego o buscará recrear Gaza como una zona estable y próspera? En la medida en que mantenga el alto el fuego, a pesar de las flagrantes violaciones de Hamás, consolidará la realidad del dominio de Hamás y la sangrienta partición de Gaza entre las FDI, que controlan aproximadamente la mitad del territorio, y Hamás, que controla la parte occidental de Gaza, a excepción de los límites sur y norte, y gobierna a la gran mayoría de la población. Mientras no se elimine el poder militar de Hamás, las estructuras previstas en el plan de Trump —el comité administrativo palestino tecnocrático, la fuerza internacional de estabilización destinada a supervisar el desmantelamiento de sus armas, e incluso el cuartel general de supervisión internacional que dirigiría el propio Trump— no harán sino afianzar la partición. Es evidente que esos mecanismos se centrarán en la zona controlada por Hamás, no en el territorio bajo control de las FDI.

La profunda enemistad entre Hamás y la Autoridad Palestina (AP) también aumenta la probabilidad de que la partición se consolide. La AP se opone vehementemente incluso a cualquier indicio de partición. En consecuencia, en las reuniones entre las facciones en El Cairo para la conformación del comité administrativo tecnocrático, el representante de Fatah —un funcionario de la AP— condicionó su participación en el comité a que este fuera presidido por el primer ministro de la Autoridad Palestina u otro alto funcionario de la misma. Hamás no se conformó con un rechazo rotundo de la propuesta; aprobó, junto con la mayoría de las demás facciones, una lista de candidatos, la mayor parte de los cuales había propuesto. Portavoces de la AP acusaron a Hamás de tomar la decisión después de que las conversaciones de El Cairo hubieran concluido y después de que el representante de Fatah hubiera abandonado la ciudad.

Una vez más, Hamás demuestra —como lo ha hecho hasta ahora— su firme intención de actuar.

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Una vez más, Hamás demuestra —como lo ha hecho durante dieciocho años de intentos de reconciliación con la Autoridad Palestina— que busca el control exclusivo de Gaza por la fuerza militar, no solo para continuar la “resistencia” contra Israel, sino también para impedir cualquier posibilidad de que la Autoridad Palestina controle la Franja, por temor a represalias contra Hamás por lo que este grupo hizo a sus efectivos cuando le quitó el control de Gaza a la Autoridad Palestina en 2007. En otras palabras, una dinámica interna palestina se combina con factores externos —como las decisiones del presidente Trump— para consolidar la partición.

Israel teme que, dadas las limitaciones descritas, tendrá que gestionar la población de la Franja si se ve obligado a actuar militarmente para derrocar a Hamás y desarmarlo. Algunos israelíes —deseosos de evitar tener que cambiar la nueva realidad por la fuerza— verían con buenos ojos la partición como fin de la guerra, prefiriendo centrarse en la ampliación de los Acuerdos de Abraham y en la rehabilitación social, militar y económica. Sin embargo, Israel debe oponerse a la partición de facto de la Franja a lo largo de la “línea amarilla”. La partición implicaría una guerra sangrienta de baja intensidad, acompañada del rearme de Hamás y el fortalecimiento de otras facciones, lo que a la larga desembocaría en una confrontación aún mayor y más cruenta, en la que Israel se vería obligado a conquistar Gaza a un costo mucho mayor en bajas israelíes y enormes gastos económicos.

Para evitar esto, Israel debe condicionar el paso a la fase de creación de estructuras de gobierno y supervisión —y, sobre todo, la rehabilitación de Gaza— al desarme de Hamás; de no darse tal paso, Israel debe reservarse el derecho a continuar la guerra hasta que se complete la tarea.

Fuente: JISS – The Jerusalem Institute for Strategy and Security

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