Armenia derrotada

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LA ROTUNDA DERROTA DE ARMENIA EN LA SEGUNDA GUERRA DEL CÁUCASO

Armenia ha perdido aproximadamente el 60% de los territorios que ocupaba a Azerbaiyán desde la primera guerra del Cáucaso (1991-1994), habiendo tenido que devolver la “franja de seguridad” que rodeaba al disputado enclave de Nagorno Karabaj y algunos territorios del mismo  que le fueron arrebatados por los azeríes en el campo de batalla, como la emblemática ciudad de Shushi y numerosos pueblos y aldeas.

Aparte del amargo sabor de la derrota, los armenios pierden numerosos monasterios e iglesias emblemáticas de su patrimonio cultural, histórico y religioso que pasan ahora a manos azeríes. El futuro de Nagorno Karabak es más incierto que nunca.

por Ricardo Angoso

LAS RAZONES DE LA DERROTA 

Las razones de la derrota de Armenia en la reciente guerra del Cáucaso tienen mucho que ver con la superioridad tecnológica y técnica de Azerbaiyán en los campos de batalla junto con el factor sorpresa. Esta victoria azerí, con humillantes concesiones por parte de los armenios, tiene consecuencias geoestratégicas bien claras, como el reforzado papel que obtienen Turquía y Rusia en la región.

Azerbaiyán se había armado hasta los dientes en los últimos años, aprovechando su bonanza económica a merced de su potente industria petrolera y sus buenas relaciones con Rusia, Turquía e Israel, y estaba bien preparada para la guerra. Los azeríes habían comprado para librar esta batalla contra los armenios helicópteros T129 turcos, aviones F-16, 36 sistemas Smerch rusos, varias baterías de Polonez bielorrusas, drones de última generación Bayraktar TB-2 fabricados en Turquía,  21 T-300 Kasirga también turcos y misiles balísticos israelíes LORA, un ingente material listo para una guerra quizá de larga duración y destinada a recuperar unos territorios que siempre ha considerado suyos, aunque le fueran entregados injustamente y sin ningún criterio racional y étnico en los años veinte del siglo pasado. En algo de un mes -44 días exactamente-, los azeríes han traspasado las líneas armenias y les han causado una dura derrota a sus fuerzas, sellada ahora jurídicamente con los acuerdos firmados.

Otro aspecto fundamental en este conflicto, y novedoso también, ha sido la integración del apoyo de fuego terrestre y los drones, que cobran gran importancia en la guerra moderna, algo que ya se había probado con suerte en Siria por casi todos los bandos en liza. Las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán, asesoradas y armadas por Turquía y Rusia, dos naciones que desarrollaron “complejos de artillería y drones” durante sus expediciones a Siria, han surtido de estos sofisticados drones a los azeríes para dar la batalla definitiva a los armenios.

El ejército turco, que ha dado asesoría técnica, asistencia militar y armamento a Azerbaiyán durante esta guerra, había utilizado con éxito sus drones, especialmente durante la Operación Fuente de Paz en Siria,  para ejecutar misiones de inteligencia, vigilancia, adquisición de objetivos y reconocimiento (ISTAR) para el obús Firtina de clase 155 mm y múltiples sistemas de lanzamiento de cohetes. Las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán mostraron  una gran eficacia utilizando estos artilugios de nueva generación: en muchos enfrentamientos, incluidos los nocturnos, los sistemas de artillería y cohetes azerbayanos lucharon en estrecha coordinación con los recursos de guerra terrestre junto a los drones.

Como asegura el analista turco Can Kasapoglu con acierto: “Siguiendo los pasos de la escuela turca de guerra con drones, el Ejército azerbaiyano ha utilizado eficazmente los UAS, especialmente el Bayraktar TB-2, para cazar y atacar las defensas aéreas armenias. Solo en las dos primeras semanas de los enfrentamientos en curso, las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán destruyeron  unas 60 unidades de defensas aéreas, en su mayoría sistemas 9K33 OSA y 9K35 Strela”.

Pero también Israel ha tenido un papel muy destacado en la guerra, dotando de sofisticados drones a las fuerzas de Azerbaiyán, como las municiones israelíes de “holgazanería”, o los llamados “drones kamikazes”, que han  estado en un primer plano en este conflicto. A diferencia de otras líneas de sistemas aéreos no tripulados, los “drones kamikaze” llevan una ojiva inclinada sobre la plataforma. Como explica Kasapoglu, estas armas, “en primer lugar, disfrutan de una gran autonomía. En segundo lugar, tiene capacidades anti-radares, lo que significa que el dron puede detectar y localizar de forma autónoma las emisiones de los radares. Esta última característica se ha manifestado sensacionalmente en los ataques de Azerbaiyán  a los sistemas de lanzamiento de misiles S-300 de fabricación rusa, usados por las fuerzas de defensa aérea armenias”.

Armenia desarrolló una guerra convencional, con menos medios técnicos y tecnológicos, mientras que Azerbaiyán gozaba de una ventaja tecnológica clara  y combinó la guerra con drones con una sólida capacidad de combate; la campaña ofensiva ha tenido que utilizar conceptos y armamento tradicionales para mantener los territorios ocupados. Fue una guerra abrumadora  de desgaste impulsada por aviones no tripulados junto con otros elementos de la guerra convencional, como tener la capacidad para limpiar, mantener y denegar territorios al enemigo como factores cruciales en la batalla. Así las cosas, y ya perdida la contienda, Armenia tuvo que aceptar unas duras condiciones para evitar una derrota mayor y la conquista de todo el territorio del enclave de Nagorno de Karabaj por parte de los azeríes, algo que hubiera supuesto una auténtica catástrofe para Armenia.

UN ACUERDO CONTROVERTIDO PARA LOS ARMENIOS

Bajo los auspicios del Moscú y, más concretamente del presidente ruso, Vladimir Putin, Armenia y Azerbaiyán han firmado un acuerdo histórico  que pone fin a las hostilidades armadas entre ambos países después de que los azeríes atacasen las posiciones armenias en Nagorno Karabaj, una ofensiva militar que se coronó exitosamente tras la toma de la emblemática ciudad de Shushi. Dicha ciudad, a apenas a unos 11 kilómetros de la capital de Nagorno Karabaj, Stepanakert, era un objetivo estratégico para Bakú y deja a tiro de la artillería azerí el último de los grandes bastiones armenios en este enclave.

Ahora, tras la firma de este acuerdo forzado por la clara superioridad militar de los azeríes en el campo de batalla, Armenia hace concesiones impensables hace unos meses a Bakú, como la cesión de la región de Kelbajar a la República de Azerbaiyán, ya efectuada el 15 de noviembre de 2020, el distrito de Agdam, cedido el 20 de noviembre, y las regiones de Gaza y Lachin, esta última de gran importancia  estratégica porque garantizaba la conexión entre Armenia y Nagorno Karabaj, y Khankendi, a menos de 5 km de la ciudad de Shushi, conquistada a sangre y fuego por los azeríes. Para comunicar a Armenia con los escasos territorios que le quedan bajo su control en Nagorno Karabaj, se construirá una nueva ruta de cinco kilómetros de ancho a través del corredor de Lachin y que estará vigilada por Rusia. 

Los acuerdos firmados por los tres países también contemplan la apertura de un centro en el que se supervise el cese de hostilidades, y que estará tutelado por Turquía y Rusia. Turquía, de esta forma, proyectará, ya sin máscara, sus anhelos de ejercer con más eficacia su influencia en el Asia Central turcófona. Como “guinda” de la tarta que se le impone a Armenia, el acuerdo prevé la construcción de un corredor entre Azerbaiyán y la República Autónoma de Najicheván -un enclave oficialmente en manos azeríes pero en territorio de Armenia- y que permitirá a Turquía, a través de su frontera con Najicheván, disponer de un acceso directo al mar Caspio y a sus valiosas reservas de gas. 

Armenia deberá proporcionar enlaces de transporte entre las regiones occidentales de la República de Azerbaiyán y este enclave de Najicheván para organizar el movimiento sin obstáculos de ciudadanos, vehículos y mercancías en ambas direcciones, zonas que estarán controladas por el Servicio de Fronteras de Rusia y que significarán, de facto, la pérdida de soberanía territorial para los armenios en estas zonas. 

Aparte de estas pérdidas y concesiones territoriales, hay que reseñar más de 2.300 bajas militares por parte de Armenia y un número indeterminado de civiles armenios fallecidos   en el enclave en disputa, sobre todo debido a los bombardeos indiscriminados azeríes.

FUERZAS DE PAZ RUSAS PARA EL INCIERTO FUTURO PARA NAGORNO KARABAJ

El acuerdo firmado entre las tres partes, pues Rusia es garante de los mismos, prevé un una unidad de mantenimiento de la paz de supervisión de lo rubricado que consta de 1.960 soldados, 90 vehículos blindados de transporte de personal, 380 vehículos y equipo especial de la Federación de Rusia. De esta forma, Rusia seguirá manteniendo su capacidad de influencia en la región del Cáucaso y vuelve a mostrar a las claras que es el único actor que puede presionar a las dos partes para que cesaran sus combates, aunque ha quedado claro que su apoyo a Armenia tenía ciertos límites y que, a última hora, dejando a los azeríes avanzar casi sin resistencia sobre el territorio controlado por los armenios, Moscú no movió sus fichas por evitar la humillante derrota de Armenia en el campo de batalla.

El primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, al que ahora todos le piden su renuncia y le acusan de haber aceptado esta histórica derrota, ha reconocido que los acuerdos son algo muy “doloroso” para él y el pueblo armenio, pero que han evitado males mayores y el genocidio de los armenios en Nagorno Karabaj. “La decisión de firmar el cese de hostilidades se toma en base a análisis profundos de la situación de combate y en discusión con los mejores expertos en el campo”, ha dicho Pashinyan tras aceptar la amarga manzana del acuerdo con sus sempiternos enemigos.

¿Qué futuro le espera a este enclave? Tal como ha quedado el mapa de este enclave tras la firma de los acuerdos de paz, podemos observar que las pérdidas de Armenia, si contamos los territorios entregados que conformaban lo ocupado a Azerbaiyán en la primera guerra del Cáucaso y los ocupados por los azeríes durante los 44 días de duros combates, se acercan casi al 60% de la base territorial de la franja de seguridad de Nagorno Karabaj y del enclave mismo, que queda ahora como una suerte isla en el interior de Azerbaiyán y solamente conectado por un estrecho corredor a través de Lachín con Armenia, su única vía de salida terrestre de esta pequeña “república” no reconocida internacionalmente. 

Además, el acuerdo consagra las victorias de los azeríes, como la ocupación de la estratégica y emblemática ciudad de Shushi, donde hubo terribles matanzas de armenios a manos de Azerbaiyán en el pasado, y todos los territorios arrebatados en la guerra, entre los que destacan un centenar de aldeas y pueblos con un alto valor patrimonial y humano para el pueblo armenio.

Aparte de estas consideraciones, hay que reseñar que el acuerdo tiene una vigencia de cinco años, en que se retirarían las fuerzas de pacificación rusas si una de las partes lo solicita, lo que implicaría, previsiblemente, que Azerbaiyán pudiera iniciar una nueva guerra por recuperar los “restos” del enclave todavía en poder de Armenia si Moscú retira ese contingente militar, y la vulnerabilidad de Nagorno Karabaj quedaría al descubierto. Como ya hemos dicho antes, con la ocupación de Shushi, junto con otros territorios, la capital del esta pequeña “república”, Stepanakert, queda a apenas 11 kilómetros y a tiro de la artillería azerí. Quizá, siendo realistas, Armenia debería reconsiderar la autonomía ofrecida por Azerbaiyán hacen unos años para el enclave y buscar una salida política a un contencioso en que ahora, con los nuevos acuerdos y la derrota sobre el terreno, no podría ganar, tal como aconteció en la primera guerra del Cáucaso.

CONSECUENCIAS GEOESTRATEGICAS DE LA DERROTA ARMENIA

En términos geoestratégicos, hay que reseñar que los acuerdos fortalecen el papel de Rusia en el Cáucaso, que tendrá la llave para evitar la guerra en la región, y que seguirá contando con una gran capacidad de influencia en ambos países, a los que, paradójicamente, ha vendido armas en los últimos años. La tradicional solidaridad de Rusia hacia Armenia, fortalecida porque ambas naciones son cristianas, se ha visto resquebrajada por el nulo apoyo de Rusia a la causa de este país en Nagorno Karabaj.

Mientras que Rusia sale reforzada de la crisis, Turquía se apunta un tanto a su favor y un gran triunfo de su principal aliado y socio en el Cáucaso, Azerbaiyán, claramente victorioso en esta guerra.  Incluso ya se está hablando de una supuesta base militar turca en Azerbaiyán, constituyendo un desafío para Rusia, toda vez que significaría el interés de Ankara por disputar el liderazgo de Moscú en el espacio postsoviético. Ambos países, Turquía y Rusia, pese a colisionar en algunas áreas de influencia y conflictos (Siria y Libia), comparten la desconfianza y frustración con respecto a Occidente, así como un interés común en un mundo multipolar, que, se supone, les permitiría afianzar su poder.

Además,”para Turquía, la guerra en Karabaj fue una vitrina en la que se exhibió el creciente papel de Ankara en el estratégicamente importante Cáucaso meridional. El ejército turco abasteció, entrenó y apoyó al victorioso ejército de Azerbaiyán. Algunos informes sugieren que oficiales turcos desempeñaron un papel clave dirigiendo ataques con drones que desempeñaron un papel decisivo en este conflicto, aunque Ankara lo ha negado”, apuntaba una nota de la cadena británica BBC al referirse a este asunto. 

Ankara puede exhibir su éxito en esta guerra del Cáucaso. Gracias a su rotundo apoyo político a Bakú y a su inestimable y moderna ayuda militar, el ejército azerí ha recuperado desde el sur una parte de los territorios que servían de tapón a la autoproclamada República de Artsaj y también la emblemática ciudad de Shushi, cargada de un enorme significado para todos los armenios.

Finalmente, la gran derrotada en esta corta guerra, Armenia, pierde la “franja de seguridad” que protegía a Nagorno Karabaj y la comunicaba con el territorio armenio, numerosos territorios en este enclave, incluyendo una buena parte del patrimonio histórico de los armenios, como iglesias y monasterios con un gran significado espiritual para este pueblo, y su capacidad defensiva frente a los azeríes, que ahora tienen los cinco años que duran los acuerdos para rearmarse y prepararse, quizá, para la ofensiva final que les permita recuperar todos los territorios de este emblemático enclave, aspiración final de esta guerra no concluida. Armenia debe aprender que el tiempo de las guerras convencionales ha pasado y que sin sensores adecuados, cobertura de guerra electrónica y armamento contra drones, las unidades terrestres tradicionales están en problemas y pueden ser derrotadas fácilmente, tal como aconteció en este breve pero contundente conflicto.

 

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