Mariúpol, el Stalingrado de Putin

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MARIUPOL, MARIUPOL, ¿EL STALINGRADO DE PUTIN?
 
El paisaje urbano de la ciudad de Mariúpol después de los ataques y bombardeos rusos recuerda al escenario apocalíptico que presentaba Stalingrado tras la rendición de los alemanes, allá por el año 1943. La tenaz y heroica resistencia de los ucranios hace temer un duro y largo combate casa por casa, calle por calle, en Mariúpol. La guerra de Ucrania no le saldrá gratis a Putin.
 
Por Ricardo Angoso
 
Cada día que pasa la resistencia ucrania es mayor y nada parece indicar que lo se presentaba como un paseo militar por parte rusa vaya a ser como preveían los estrategas de Moscú, sino más bien lo contrario. La conquista de la importante ciudad portuaria de Mariúpol, una de las salidas de Ucrania al mar Azov, está costando a los rusos sangre, sudor, lágrimas y recursos humanos y materiales. Los ucranios están exhibiendo un potente musculo militar y un heroísmo sin par en el campo de batalla, causando numerosas bajas al ocupante e impidiéndole, por ahora, completar un gran corredor territorial desde el Donbás hasta Crimea pasando por Mariúpol y, quizá, llegado el caso, completarlo hasta la frontera de Ucrania con Moldavia ocupando también puerto de Odesa.
 
La situación en Mariúpol recuerda, salvando las distancias históricas, a Stalingrado, la ciudad rusa que resistió, entre 1942 y 1943, la invasión alemana de Rusia y que ofreció a los alemanes una resistencia tan tenaz, feroz y enérgica que llevó a una derrota humillante a la Alemania de Hitler. Tras meses de duros combates, calle a calle, casa a casa, los alemanes acabaron aceptando su derrota y se rindieron ante los rusos. El mariscal von Paulus se entregó, junto con 91.000 soldados alemanes, a las fuerzas comandadas por Stalin y no se suicidó como le había sugerido Hitler.
 
Ahora, en esta Mariúpol en ruinas y devastada por los bombardeos rusos, los ucranios luchan, como los rusos de entonces, por defender su ciudad, haciéndoles pagar a los ocupantes un alto coste por cada avance. Sin embargo, la desproporción de fuerzas entre las fuerzas ucranias y rusas en favor de estas últimas hacen presagiar un desenlace fatal para las próximas semanas, pero no cabe duda que el desgaste ruso cada día que pasa es mayor y que la guerra no le va a salir gratis al presidente ruso, Vladimir Putin.
 
BIDEN HABLA ABIERTAMENTE DE GENOCIDIO
El coste de este guerra en imagen, prestigio internacional y liderazgo global para Rusia es inmenso y tardará años en volver a recuperar su credibilidad en la escena internacional. La batalla de Stalingrado hace ochenta años pasó desapercibida en su tiempo porque no existía cobertura de la misma, pero no ocurre igual ahora y el mundo está conociendo, día tras día, la brutalidad, las matanzas y los ataques indiscriminados por parte de las fuerzas rusas contra ucranianos indefensos. El discurso de Putin, justificando las masacres y los crímenes de guerra, ya no resulta creíble para la comunidad internacional y el líder ruso concita un generalizado rechazo en todo el planeta.
 
El presidente norteamericano, Joe Biden, ya habla abiertamente de genocidio y las imágenes que nos presentan los medios, cada día más terribles y sangrientas, deslegitiman y desautorizan las supuestas razones de Moscú para haber puesto en marcha esta guerra salvaje y brutal de ataque y ocupación de Ucrania. Aparte de estas consideraciones, la batalla mediática la están ganando los ucranios y, más concretamente, su joven presidente, Volodímir Zelenski, quien interviene en numerosos parlamentos de todo el mundo explicando la agresión que sufre su país y recibiendo a numerosos dirigentes de todo el mundo que visitan la asediada capital ucrania, Kiev.

Con Rusia ocurre lo contrario. Nadie quiere escuchar las bravatas y fanfarronadas del sátrapa de Moscú, Putin, cada vez más aislado y alejado de la realidad en un Kremlin que recuerda cada vez más al búnker de Hitler. Ya nadie le cree a Putin después de haber engañado a la comunidad internacional al asegurar que nunca atacaría a Ucrania y su credibilidad en el mundo occidental está por los suelos, aunque eso no le detiene en su huida hacia adelante y en su criminal campaña en territorio ucranio. La guerra sigue, la manipulación informativa por parte de Rusia también.
 
El paisaje urbano de la ciudad de Mariúpol después de los ataques y bombardeos rusos recuerda al escenario apocalíptico que presentaba Stalingrado tras la rendición de los alemanes, allá por el año 1943. La tenaz y heroica resistencia de los ucranios hace temer un duro y largo combate casa por casa, calle por calle, en Mariúpol. La guerra de Ucrania no le saldrá gratis a Putin.
 
Por Ricardo Angoso
 
Cada día que pasa la resistencia ucrania es mayor y nada parece indicar que lo se presentaba como un paseo militar por parte rusa vaya a ser como preveían los estrategas de Moscú, sino más bien lo contrario. La conquista de la importante ciudad portuaria de Mariúpol, una de las salidas de Ucrania al mar Azov, está costando a los rusos sangre, sudor, lágrimas y recursos humanos y materiales. Los ucranios están exhibiendo un potente musculo militar y un heroísmo sin par en el campo de batalla, causando numerosas bajas al ocupante e impidiéndole, por ahora, completar un gran corredor territorial desde el Donbás hasta Crimea pasando por Mariúpol y, quizá, llegado el caso, completarlo hasta la frontera de Ucrania con Moldavia ocupando también puerto de Odesa.
 
La situación en Mariúpol recuerda, salvando las distancias históricas, a Stalingrado, la ciudad rusa que resistió, entre 1942 y 1943, la invasión alemana de Rusia y que ofreció a los alemanes una resistencia tan tenaz, feroz y enérgica que llevó a una derrota humillante a la Alemania de Hitler. Tras meses de duros combates, calle a calle, casa a casa, los alemanes acabaron aceptando su derrota y se rindieron ante los rusos. El mariscal von Paulus se entregó, junto con 91.000 soldados alemanes, a las fuerzas comandadas por Stalin y no se suicidó como le había sugerido Hitler.
 
Ahora, en esta Mariúpol en ruinas y devastada por los bombardeos rusos, los ucranios luchan, como los rusos de entonces, por defender su ciudad, haciéndoles pagar a los ocupantes un alto coste por cada avance. Sin embargo, la desproporción de fuerzas entre las fuerzas ucranias y rusas en favor de estas últimas hacen presagiar un desenlace fatal para las próximas semanas, pero no cabe duda que el desgaste ruso cada día que pasa es mayor y que la guerra no le va a salir gratis al presidente ruso, Vladimir Putin.
 
BIDEN HABLA ABIERTAMENTE DE GENOCIDIO
El coste de este guerra en imagen, prestigio internacional y liderazgo global para Rusia es inmenso y tardará años en volver a recuperar su credibilidad en la escena internacional. La batalla de Stalingrado hace ochenta años pasó desapercibida en su tiempo porque no existía cobertura de la misma, pero no ocurre igual ahora y el mundo está conociendo, día tras día, la brutalidad, las matanzas y los ataques indiscriminados por parte de las fuerzas rusas contra ucranianos indefensos. El discurso de Putin, justificando las masacres y los crímenes de guerra, ya no resulta creíble para la comunidad internacional y el líder ruso concita un generalizado rechazo en todo el planeta.
 
El presidente norteamericano, Joe Biden, ya habla abiertamente de genocidio y las imágenes que nos presentan los medios, cada día más terribles y sangrientas, deslegitiman y desautorizan las supuestas razones de Moscú para haber puesto en marcha esta guerra salvaje y brutal de ataque y ocupación de Ucrania. Aparte de estas consideraciones, la batalla mediática la están ganando los ucranios y, más concretamente, su joven presidente, Volodímir Zelenski, quien interviene en numerosos parlamentos de todo el mundo explicando la agresión que sufre su país y recibiendo a numerosos dirigentes de todo el mundo que visitan la asediada capital ucrania, Kiev.

Con Rusia ocurre lo contrario. Nadie quiere escuchar las bravatas y fanfarronadas del sátrapa de Moscú, Putin, cada vez más aislado y alejado de la realidad en un Kremlin que recuerda cada vez más al búnker de Hitler. Ya nadie le cree a Putin después de haber engañado a la comunidad internacional al asegurar que nunca atacaría a Ucrania y su credibilidad en el mundo occidental está por los suelos, aunque eso no le detiene en su huida hacia adelante y en su criminal campaña en territorio ucranio. La guerra sigue, la manipulación informativa por parte de Rusia también.
 

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