Oleg Sentsov, preso político en las cárceles estalinistas de Putin

Oleg Sentsov: «Putin me soltó porque quería que el mundo dejase de hablar de mí»

El director ucraniano presenta en la Berlinale el filme que dirigió durante su cautiverio en un gulag en SiberiaLos directores y directoras de cine son conocidos por la meticulosidad con la que tratan sus películas. Es una manera sutil de describir el nivel de obsesión que desarrollan por cada detalle de sus proyectos: desde el vestuario hasta la iluminación, pasando por una supervisión estrecha del montaje. Quizá tener esto en cuenta haga todavía más complicado imaginar cómo ha podido dirigir el ucraniano Oleg Sentsov su última película. Se llama «Números», y retrata de una forma onírica una sociedad totalitaria en la que todos los aspectos de la vida diaria están predeterminados por el poder. Sentsov la dirigió por carta desde un gulag de la Siberia de Vladimir Putin.

«Las cárceles son todas iguales. Son lugares muy aburridos, así que no les recomendaría a ustedes que acabaran en ninguna de ellas», decía ayer Sentsov con sorna ante un reducido grupo de medios de comunicación –entre ellos ABC– en un hotel cercano a la sede del Festival de Berlín, donde se presenta la película.

«Las “colonias”, como las conocemos en Rusia, son lugares en los que se tortura y en los que se humilla a los prisioneros. Y, además, la cárcel en la que yo estuve está situada en el Círculo Polar Ártico, donde es invierno durante nueve meses al año. El trabajo de dirigir la película me ayudó a no pensar en todo esto».

Sentsov acabó «deportado» a Siberia tras su detención en el año 2014. Para el régimen de Putin, su trabajo como activista –de denuncia de la «ocupación rusa» en Crimea, según sus palabras– devino en la comisión de «delitos de naturaleza terrorista» –estas últimas, palabras del tribunal condenatorio–, y esto a su vez le supuso una condena a 20 años de prisión.

Advertencia

Líderes internacionales como Merkel y Macron pidieron en reiteradas ocasiones la libertad para él, y en 2018 el Parlamento Europeo le concedió el premio Sajarov a la libertad de conciencia, meses después de una huelga de hambre que casi acaba con su vida. «Mi detención fue una advertencia para todos los habitantes de Crimea que se oponían a la invasión rusa», sentenciaba. «Siempre han querido hacer ver que toda la población estaba a favor de la ocupación por parte de Moscú, y eso no es verdad».

Las crónicas oficiales aseguran que Putin liberó a Sentsov en un intercambio de prisioneros con Ucrania. «No he recuperado la libertad porque Putin se haya convertido en un chico bueno de repente, sino porque luché por mis derechos», matizaba el cineasta, «porque luché por todos los medios posibles, incluida una huelga de hambre, y el mundo me apoyó. Al final, Putin tuvo que soltarme a mí y a otros muchos prisioneros… porque quería que el mundo dejara de hablar de este asunto». Ahora vive en Kiev y asegura no tener miedo a los agentes secretos rusos. «No les merece la pena acabar conmigo, yo ya no soy un peligro».

Rodaje

Pero, ¿cómo pudo dirigir un proyecto como «Números» desde la cárcel? Era un lugar en el que no se le permitía ver vídeos. Tan solo podía recibir cartas, bocetos y fotografías desde el rodaje. «Todos los materiales me llegaron a través de mi abogado como cartas personales, el régimen no hizo ninguna excepción conmigo», relataba, «me atuve a las reglas de la prisión. Escribí la obra de teatro en la que se basa la película en 2011. Durante mi cautiverio la representaron en Kiev, y en 2018 vinieron a verme los productores para que la convirtiéramos en una película. Así que tuve “control remoto” de todo el proceso creativo a través de mi codirector. No fue solo un proyecto cultural, también un proyecto social que me ayudó a sobrellevar el día a día».

Asegura Sentsov que «Números» «es una película que nos advierte de que, si se empieza una revolución, hay que tener en cuenta desde el principio que debe servir para generar algo mejor». El encuentro con el cineasta concluye cuando se desabrocha la camisa. Sobre una camiseta negra lleva impreso el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos».

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