Perdedores y ganadores en la crisis de Ucrania

QUIEN GANA Y QUIEN PIERDE EN LA CRISIS DE UCRANIA?

La OTAN y la UE salen claramente reforzadas al frente de unos Estados Unidos que vuelven a emerger como líderes del mundo libre, mientras que Rusia ha cosechado en muy poco tiempo el descrédito y el desprestigio en la escena internacional por su brutal agresión y por sus crímenes de guerra. La guerra de Ucrania transformará las relaciones internacionales quizá para siempre y China será una de las grandes ganadoras sin disparar un solo tiro en el nuevo orden global que se configura. Habiéndose empapado de esa obra magistral que es El arte de la guerra, de Sun Tzu, Xi Jinping ha seguido al pie de la letra la máxima de que «el arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar».

Por Ricardo Angoso

La crisis de Ucrania, más allá de las terribles consecuencias humanitarias y daños materiales y económicos, provocará grandes cambios en la escena internacional y tendrá profundas consecuencias en las relaciones internacionales a nivel global. En primer lugar, las relaciones entre la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos, en crisis durante el mandato del controvertido Donald Trump, pasan por uno de sus mejores momentos y muestran un consenso desconocido desde hacía muchos años. La UE, como organización que garantiza las libertades en el continente y seguro amortizado de plena democracia, se consolida como un verdadero club de potencias libres, a la que llaman a la puerta al menos una decena de países, y un elemento de estabilidad, seguridad y fortaleza en estos tiempos turbulentos.

Como segundo elemento a destacar, la crisis ha revitalizado a la OTAN, que vuelve a mostrar sus fortalezas y la importancia del Tratado de Washington que rige a esta organización transatlántica. El artículo quinto de dicho documento, firmado en la capital norteamericana en 1949, prevé la mutua defensa entre sus treinta miembros; en caso de un ataque de Rusia a cualquiera de sus miembros sería definitivamente la tercera guerra mundial. Nunca el vínculo transatlántico, desdeñado por Trump y sus cipayos, ha tenido más actualidad y ha sido más reivindicado por numerosos líderes, entre los que destaca el primer ministro británico, Boris Johnson, uno de los más duros críticos de la agresión e invasión rusa de Ucrania. La OTAN cobra una fuerza en esta crisis que no tenía antes de la misma y sale reforzada y legitimada en la escena internacional.

En tercer lugar, la crisis ha provocado alianzas inesperadas y se consolida una suerte de bloque euroasiático entre Rusia, India -que no se ha unido a las sanciones contra Rusia aprobadas por los Estados Unidos y la UE-, Irán y China, claramente posicionada a favor del carnicero de Moscú, Vladimir Putin. Este bloque, con sus ramificaciones en América Latina, donde Putin ha concitado numerosos apoyos, entre los que destacan Brasil, Cuba, Nicaragua y Venezuela, y Africa, donde el silencio es la nota dominante en sus cancillerías con respecto a la invasión de Ucrania y las ulteriores violaciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas rusas. Rusia, pese a las sanciones y su desgaste en prestigio e imagen en la escena internacional, sale reforzada y liderando este bloque formado por varias potencias pero cada vez más dependiente de China, tanto políticamente como económicamente, con lo cual su debilidad de cara al futuro será más notable.

Luego está China, como cuarto elemento a resaltar, que sale claramente fortalecida en esta guerra y seguramente en la posguerra aprovechando el vacío que dejará seguramente Rusia en la escena internacional. Su poderío no es de ahora. Hemos asistido en las últimas tres décadas, una vez constatada la desintegración de la Unión Soviética y la desaparición del bloque comunista, al nacimiento una gran superpotencia que hasta ahora no ejercía como tal. Esta crisis, como todas las crisis, ofrece a China grandes posibilidades y oportunidades. El mercado ruso, condenado al ostracismo por parte de las potencias occidentales, se abrirá a las puertas de China sin disparar un solo tiro.

“China juega sus cartas como protagonista, deja devaluar el rublo treinta por ciento y se niega a convertir a dólares las reservas rusas en yuanes, en momentos en que la mitad de los ahorros del Banco Central Ruso están congelados por las sanciones; no ha querido Pekín reemplazar a Airbus o Boeing en el suministro de repuestos suspendido a Moscú”, señalaba el analista colombiano Luis Carlos Villegas al referirse al gigante asiático en esta crisis. El presidente chino, Xi Jinping, dialoga con rusos y occidentales, hace valer su papel de posible mediador pero sin enseñar sus cartas, mueve su diplomacia sin complejos y su propaganda de divulgación global difunde su papel protagónico. La crisis de Ucrania le ha venido a China como anillo al dedo para exhibir su poderío mundial y su potencial, en un ejercicio de fino equilibrismo y haciendo guiños políticos que, llegado el caso, serían simplemente burdas fintas para engañar a Occidente.

EL INDISCUSTIBLE LIDERAZGO NORTEAMERICANO
Finalmente, Estados Unidos emerge, de nuevo, como verdadero líder del mundo libre y de Occidente, dejando atrás los siniestros tiempos del controvertido Trump y sus mamarrachadas. El liderazgo norteamericano de Occidente, junto con su estratégica alianza con Canadá, Australia y otras naciones libres, será determinante en esta hora en que más nunca la libertad y la democracia se ven amenazadas. El mundo quizá comienza una nueva guerra fría sin saberlo, amenazas nucleares rusas por medio, y es la hora de la unidad de Occidente porque todavía estamos a tiempo para hacer frente a las nuevas amenazas.

Decía el general norteamericano Douglas MacArthur que “la historia de los fracasos en la guerra puede resumirse en dos palabras: demasiado tarde. Demasiado tarde en la comprensión del letal propósito del enemigo; demasiado tarde en tener conciencia del mortal peligro; demasiado tarde en lo tocante a la preparación; demasiado tarde en la unión de todas las fuerzas posibles para resistir; demasiado tarde en ponernos al lado de nuestros amigos”. Todavía no es demasiado tarde para hacer frente a la brutalidad de Rusia y a su injustificada agresión a Ucrania, es hora de parar de Putin y hacerle frente con todos los medios a nuestro alcance. ¿Seremos capaces?

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